Opinión

A MARIA. En Recuerdo del Mes y Día de las Madres

El 10 de abril, feliz porque coincidía con el día del cumpleaños de mi madre, fue la fecha asignada por la Pontificia Academia Mariana Internacional, en el 2019, a la Embajada de la República Dominicana ante Santa Sede para presentar a Nuestra Señora de la Altagracia en el “Primer ciclo de Conferencias Devoción Mariana en América Latina: Fe, Tradición, Cultura” en el auditorio de la Pontificia Universidad Antonianum -su sede en Roma-, con la presencia del cuerpo diplomático latinoamericano ante la Santa Sede.

El embajador aceptó mi entusiasta solicitud de asumir la presentación pues conoce del amor a María que ha sembrado en mi el Camino Neocatecumenal y por mi condición maternal, al ser mujer.

Comparto solo algunos datos para recordar aquella intervención, ahora cuando celebramos el mes dedicado a María y el día de las madres.

Este evento nos permitió rememorar justo en la Pontificia Academia Mariana el IV Congreso Mariológico y el XI Congreso Mariano Internacional: María in Sacra Scriptura.

Los dos primeros congresos de esta categoría celebrados en América Latina tuvieron lugar en la República Dominicana, tanto en Santo Domingo, la ciudad capital, como en el Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia, en la ciudad de Higüey por iniciativa del Papa hoy San Pablo VI, durante los días del 17 al 25 de marzo de 1965 en el clima del Concilio Ecuménico Vaticano II de esos días.

Una nueva primacía que se regalaba a nuestro país. Hasta esa fecha solo se habían celebrado 3 anteriores congresos mariológicos: dos en Roma y uno en Lourdes.

Citamos la página 10 del volumen I de la Memoria de los Congresos de 1965 en Santo Domingo, Maria in Sacra Scriptura: “…Santo Domingo contaba con buenos títulos para la distinción de que se le habían hecho objeto; pues era natural que los primeros Congresos Internacionales se iban a celebrar en el Nuevo Mundo, tuvieran lugar precisamente en aquella tierra donde se celebró la primera misa y donde se veneró la primera imagen de la Madre de Dios en tierra americana, en el país que posee la Catedral Primada de las Américas y desde donde se difundió la fe cristiana y la devoción mariana al Nuevo Continente por Cristóbal Colón”.

Dato importante porque en nuestra tierra desde el descubrimiento, y sucesivamente, la historia y la fe van de la mano desde aquellos primeros tiempos. Entre nosotros los dominicanos es conocido que para 1503 al lado del primer hospital del Nuevo Mundo existía ya una capilla sencilla en honor a la Virgen de la Altagracia, donde hoy está el Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia en la ciudad capital. La devoción a María estaba sembrada en nuestras tierras para aquella fecha.

En la Conferencia nuestro sentir fue entregar el amor pleno a María del pueblo dominicano en la advocación de Nuestra Señora de la Altagracia al público presente. Recordamos que el 5 de diciembre de 1492 llegó Cristóbal Colón en su primer viaje a las costas de la isla que bautizó como La Española.

En su segundo viaje el 5 de enero de 1494 en La Isabela, al norte de la isla, ciudad que pertenece a la provincia dominicana de Puerto Plata fue celebrada la primera misa en el Nuevo Mundo y presentamos imágenes del 5 de enero de 2019 cuando S.E. Gregorio Cardenal Rosa Chávez, de El Salvador, concelebró como enviado de Su Santidad Papa Francisco, una eucaristía para recordar tan significativa fecha, 525 años, en los alrededores del templo de las Américas, en República Dominicana.

Reforzamos justamente con las palabras de Papa Juan Pablo II -del cual tuvimos la dicha de participar de su Beatificación y luego su Canonización- que el 25 de enero de 1979 entra por Santo Domingo, en su Primera Visita Pastoral a América Latina: “Y puesto que la visita del Papa quiere ser una empresa de evangelización, he deseado llegar aquí siguiendo la ruta que, al momento del descubrimiento del continente, trazaron los primeros evangelizadores…”.

Sigue: “es este testimonio de reconocimiento que quiero tributar a los artífices de aquella admirable gesta evangelizadora, en esta misma tierra del Nuevo Mundo donde se plantó la primera cruz, se celebró la primera misa, se recitó la primera Avemaría y de donde, entre diversas vicisitudes, partió la irradiación de la fe a las otras islas cercanas y de allí al a tierra firme. Desde este evocador lugar del continente, tierra del férvido amor a la Virgen María…” discurso que se puede leer completo en las páginas de la Santa Sede. Después de dos días intensos de actividades sigue el 26 de enero hacia la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México. Destacamos, además, la sencilla cruz que se encuentra colocada en la Basílica Vaticana, frente a frente a la estatua de San Pedro en el pasillo central, réplicas también fueron entregadas a las Conferencias Episcopales de América Latina y de los Estados Unidos, Canadá, islas Filipinas, España, Portugal y al Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano al iniciar los eventos que culminarían en el Quinto Centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo y del comienzo de su evangelización. La cruz original reposa en la Basílica Catedral Metropolitana Nuestra Señora de la Encarnación, en Santo Domingo.

Entre muchas otras informaciones mencionamos, por supuesto, la historia con los hermanos Trejo y el origen e historia de nuestra Protectora en Higüey, la primera iglesia y después la que se reconoce como el antiguo santuario, también al abuelo del Libertador de Venezuela Simón Bolívar. Datos que conocemos muchos dominicanos, pero que fueron novedad para quienes nos acompañaban. Presentamos testimonios y detallamos, además, la leyenda bellísima de la niña que pidió a su padre una imagen de la virgen, el naranjo y las tradiciones. Datos históricos que se suceden, el por qué de la fecha de su celebración el 21 de enero por los votos de los hombres que lucharon y su triunfo en la batalla de La Limonade que sanos y salvos vieron las bondades de Nuestra Señora. Destacamos el detente con la imagen de la Altagracia en el pecho de Juan Pablo Duarte. En fin, entregamos muchos detalles que hoy es imposible plasmarlos aquí. La descripción de la bellísima imagen casi inmediatamente al comenzar nuestra intervención. La poesía de Trina De Moya de Vásquez en su libro Patria y Hogar donde quedó registrada la presencia de representantes del Papa en Santo Domingo para la primera coronación canónica a Nuestra Señora de la Altagracia en 1922. Las promesas, las novenas, la hermandad y los toros. Mencionamos a Mons. Adolfo A. Nouel, a Mons. Eliseo Pérez Sánchez. La Basílica de Higüey con su bellísima estructura, hicimos entre imágenes y palabras un breve recorrido por la misma. Citamos el Concordato de 1954. La proclamación de Nuestra Señora como protectora de los dominicanos. Como otras tantas advocaciones latinoamericanas, la Altagracia fue condecorada en 1955 por el Poder Ejecutivo con la Gran Cruz, placa de oro, de la orden de Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, con el honor debido a los Jefes de Estado. Citamos los datos referentes al Papa San Juan XXIII y San Pablo VI, de los cuales participamos también en sus canonizaciones, junto a mi esposo, como representantes en servicio de la República Dominicana.

En el 2016 la Embajada de la República Dominicana ante la Santa Sede de la mano del Governatorato de la Ciudad del Vaticano y con la aprobación de la Conferencia Episcopal Dominicana coloca una imagen de Nuestra Señora de la Altagracia, realizada en mosaico, que reposa en los Jardines Vaticanos. Espléndida en su sencillez, a sus pies se puede leer: El pueblo dominicano a su protectora Nuestra Señora de la Altagracia, mayo 2016.

No podía dejar pasar la oportunidad de tan apropiado escenario para mostrar con orgullo los detalles nuestra amada Bandera Nacional, la cual nos acompañó en el Podio y nuestro escudo con la Biblia abierta en el evangelio de San Juan 8, 32; la cruz y su bellísimo Dios, Patria y Libertad.

Vale mencionar que en el curso de formación Mariológica, en el 2018, por igual en presencia de un número representativo de embajadores latinoamericanos, depositamos en manos del Rev. P. Stefano Cecchin, Presidente de la Pontificia Academia Mariana Internacional una medalla conmemorativa de aquellos Congresos, la cual conservaba como tesoro en el seno de la familia nuestra abuela materna y nos desborda la felicidad saber que reposará para la eternidad en dicha Academia como una donación de la familia Grimaldi-De Moya Santana. Dios guía los pasos.

Para terminar, citamos el último párrafo del volumen I, Memoria del Congreso Mariológico-Mariano Internacional de Santo Domingo, Maria in Sacra Scriptura: alumbrados, pues, por las luces de este Congreso, vigorizada nuestra fe y acrecentada nuestra esperanza, podemos proclamar nuestra renovada confianza, aquella misma que hacía exclamar pleno de entusiasmo al apóstol Pablo: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos”; nosotros también y con igual firmeza podemos decir desde aquí (Santo Domingo) ante el mundo entero que la Virgen María fue ayer, es hoy y será siempre Madre espiritual de América”. Palabras del Excmo. Mons. Miguel Darío Miranda y Gómez en su homilía predicada el 24 de marzo de 1965, en la misa de medianoche para los hombres, en el XI Congreso Mariano Internacional de Santo Domingo.

Y yo, al final de la conferencia, ante el regalo de aquel día para nuestra vida en servicio y paz, y ante aquel auditorio …cerré los ojos, miré mi interior y dije en mi corazón” ¿Tú a mí, Señor? Sólo decir: ¡Gracias y amén!

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