Opinión

EL COVID-19 Y LOS PROGRAMAS DE GOBIERNOS

“…La seriedad, profundidad y valoración positiva de una determinada candidatura se identificaría por la calidad y viabilidad del conjunto de ideas, políticas, proyectos y acciones que contenga el programa de un candidato para conquistar el voto racional de sus potenciales electores.

“…La gente no vota por programas” es un baladí pretexto para justificar campañas electorales hueras, demagógicas, aprovechar la ignorancia, el voto emocional y el clientelismo al margen de una seria propuesta programática.” (De nuestra reflexión “Programa de gestión vacuna contra la improvisación” publicada el 12 de enero del 2020.

En las elecciones anteriores de nuestro país, las propuestas programáticas eran de libre opción por parte de los candidatos. A partir de estos comicios es obligatorio, porque la Ley No. 33-18, en su Art. 24, ordena: “Depositar en la JCE y juntas electorales el Plan de Gobierno Nacional y Local, a más tardar treinta días después de inscritas las candidaturas de los candidatos presidenciales y municipales.”,

Con ese objetivo, la JCE estableció, en el cronograma para las elecciones del próximo 5 de julio, que los candidatos tenían de plazo hasta el 21 de mayo para depositar sus propuestas programáticas de gestión gubernamental.

Las elecciones presidenciales y congresuales se realizarían este 17 de mayo que, por fuerza mayor (estado de emergencia nacional por la pandemia del COVID-19), la JCE la pospuso para el 5 de julio y el 26 de julio, para un posible balotaje; gracias a lo cual la juramentación de las nuevas autoridades se podría realizar el próximo 16 de agosto, tal cual lo dispone la Constitución, en su Art. 126.

Para febrero de este año, los principales bloques de partidos que están compitiendo (Gonzalo-PLD y aliados, Abinader-PRM y aliados, Leonel-FP y aliados) habían informado que tenían preparados sus respectivos programas de gobierno para el período 2020-2024, y que los estarían depositando en la JCE en el mes de marzo.

Ahora bien, a partir del 19 de marzo, fecha en que se inició el estado de emergencia nacional, ¡todo empezó a cambiar! ¡Nuestra realidad se dividirá en antes y después del COVID-19!

La semiparalización del mundo y el fuerte impacto del COVID-19 en las actividades económicas, políticas y sociales de las naciones trastornarán la cotidianidad de la humanidad.

En ese contexto, vislumbramos el nuevo panorama para la R. dominicana (RD). La estabilidad macroeconómica que se disfrutaba hasta marzo empezó a experimentar un cambio radical:

a) De un crecimiento sostenido del PIB durante décadas por más del 4.5 %, para este primer trimestre del año se redujo a 0 %. b) La tasa del dólar empezó a deslizarse y ya supera los 57 pesos por uno. c) Cientos de pequeñas y medianas empresas se irán a la quiebra. d) Más de un millón de empleados fueron suspendidos, muchos de los cuales se quedarán sin empleos. e) Estrepitosa caída del turismo y reducción de las remesas mermarán, significativamente, el ingreso de divisas. f) La economía informal se encuentra paralizada y diezmada en un alto porcentaje. g) Se incrementará la pobreza y se reducirá la franja de la clase media. g) Habría un aumento de la delincuencia social, ratería e inseguridad ciudadana. h) Todo lo anterior impactará la gobernabilidad democrática convirtiéndola en frágil e inestable.

Por vía de consecuencia, todos los programas de gobierno para el período 2020-2024 que se elaboraron antes de la llegada del COVID-19 quedaron, automáticamente, desfasados e inhabilitados para enfrentar la nueva realidad económica, social y política de la RD.

Esta inesperada panorámica de la RD y las expectativas creadas a su alrededor, por sentido común y serio enfoque, obligan a los bloques de partidos (PLD-aliados, PRM-aliados y FP-aliados) a realizar una inmediata reestructuración y adaptación de sus programas de gestión gubernamental para este nuevo período. ¡Así lo exige la nueva realidad económica, política y social que está generando el COVID-19 en nuestro país!

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