Hablan los hechos

George Floyd, la penúltima víctima

Por Deisy Francis Mexidor

Casi seis décadas después del sueño de igualdad civil de Martin Luther King, el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco recuerda cuán lejos se encuentra Estados Unidos de ese objetivo.

El de Floyd, quien era residente en la ciudad de Minneapolis, estado de Minnesota, es el penúltimo caso de violencia policial racista en ese país.

Murió asfixiado. Un policía blanco colocó una de sus rodillas sobre su cuello para inmovilizarlo ante los ojos de otros agentes que nada hicieron por evitarlo.

No sirvieron los pedidos de auxilio, ni el grito agonizante de «por favor, por favor, por favor, no puedo respirar. Por favor». El policía continuó su maniobra, aunque -según el video que se hizo viral- Floyd estaba casi inconsciente.

Floyd fue declarado muerto en un hospital poco después. Un equipo de médicos que respondió al incidente trabajó en un «hombre sin respuesta y sin pulso», según una narrativa del Departamento de Bomberos de Minneapolis publicada por la Policía, señaló la CNN.

El presidente Donald Trump apenas dedicó un breve mensaje en su cuenta en la red social Twitter para referirse al doloroso suceso. «Triste y trágica», dijo acerca de este nuevo hecho que sacó a miles de personas a las calles de Minneapolis en tiempos de pandemia.

Al menos una persona perdió la vida la noche del 27 de mayo en una segunda jornada de manifestaciones en la cual la policía repartió gases lacrimógenos y pelotas de goma.

La congresista demócrata Ilhan Omar calificó de vergonzosa la represión policial contra las protestas que se desataron allí. Omar, miembro de la Cámara de Representantes por Minnesota (Medio Oeste), instó a la policía a «actuar con moderación» y dar «espacio para sanar» a la comunidad.

La brutalidad policial debe terminar, dijo en su cuenta en red social Twitter al insistir que disparar pelotas de goma y gases lacrimógenos a «manifestantes desarmados cuando hay niños presentes no debería ser tolerado. Nunca».

«Ser negro en Estados Unidos no debería ser una sentencia de muerte», afirmó el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, durante una conferencia de prensa al referirse al penoso incidente.

«Durante cinco minutos, vimos como un oficial blanco presionó su rodilla contra el cuello de un hombre negro. Durante cinco minutos. Cuando escuchas a alguien pidiendo ayuda, se supone que debes ayudar. Este oficial falló en el sentido humano más básico», subrayó.

Entretanto, la senadora Amy Klobuchar solicitó una investigación exhaustiva del hecho. «Escuchamos sus repetidas llamadas de ayuda (las de Floyd)», expresó en una declaración.

Le oímos decir una y otra vez que no podía respirar -apuntó la excandidata a la nominación presidencial por el Partido Demócrata-. Y ahora hemos visto otro horrible y desgarrador caso de un hombre afroamericano muriendo.

La «falta de humanidad en este inquietante vídeo es repugnante», señaló por su parte el gobernador de Minnesota, Tim Walz, quien aseguró que «obtendremos respuestas y buscaremos justicia».

Durante una entrevista concedida a la NBC, Bridgett Floyd, hermana de la víctima, exigió que los policías involucrados (identificados como Derek Chauvin, Thomas Lane, Tou Thao y J Alexander Kueng), fueran encausados por asesinato.

Mientras el concejal de Minneapolis, Jeremiah Ellison, tildó la actuación policial en las protestas de «repugnante».

«Hasta ahora, no he podido evitar que la policía dispare de manera indiscriminada contra la multitud», declaró Ellison.

Otras voces que se alzaron en condena a este nuevo caso de violencia policial fueron las de la estrella de la NBA LeBron James, quien utilizó la imagen de Colin Kaepernick en las redes sociales para expresar su indignación por el asesinato de Floyd.

Kaepernick, símbolo de la lucha racial que antepuso sus principios a su carrera, se arrodilló en 2016 mientras sonaba el himno de Estados Unidos como protesta ante la violencia policial contra los negros en su país.

Aquel gesto en ese partido de pretemporada entre los 49ers y los Chargers desafió el sistema establecido en la lucha por la igualdad, recuerdan medios locales.

La alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, mostró su consternación por «tener que añadir el nombre de George Floyd al de Breonna Taylor, Eric Garner, Michael Brown y muchos otros afroamericanos desarmados que han muerto a manos de la policía durante los últimos años».

Una lista de excesos que es extensa en ese país. Precisamente, un caso emblemático fue el de Michael Brown, que reabrió el debate racial en Estados Unidos. Ocurrió en 2014 cuando un agente de la Policía de Ferguson (Misuri) le disparó fatalmente.

Al momento de su asesinato en San Luis otras 39 personas habían perdido la vida por ataques de agentes policiales entre 2002 y 2012.

Darren Wilson, el policía que ejecutó a Brown, salió absuelto pese a que las investigaciones federales aportaron pruebas acerca de su culpabilidad.

El propio 2014 Eric Garner fue asfixiado por la maniobra prohibida de ahogo que le aplicó un agente de policía blanco en Staten Island, Nueva York.

En 2018 James Leatherwood, de 23 años resultó muerto por la policía; también Harith Augustus, quien fue detenido y ultimado en un barrio al sur de Chicago por «exhibir las características de una persona armada».

Seis balazos le propinaron a Terence Crutcher en 2016 policías de Tulsa, en Oklahoma. Falleció. Tampoco estaba desarmado. Lo mismo Keith Lamont Scott, de en Charlotte (Carolina del Norte).

En 2015 se desencadenó una serie de protestas antirracismo en Baltimore, tras el asesinato en custodia policial del joven Freddie Gray. El oficial Caesar Goodson fue declarado inocente, luego de ser acusado de asesinato en segundo grado y varios cargos menores. El denominador común de todos: eran negros.

Para no pocos analistas, la brutalidad policial en Estados Unidos genera otro problema endémico: la impunidad policial.

Según estadísticas de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) apenas un porcentaje mínimo de los implicados en casos de tal naturaleza llega a juicio.

Por ejemplo, en la última década, solo 54 policías enfrentaron cargos de asesinato, y de ese grupo, la mayoría quedó absuelto. Con lo cual -advierten estudiosos- la violencia pasa a un plano relativo, pues hay ausencia de consecuencias.

Lamentablemente el sueño de Luther King sigue distante porque «del racismo no estamos curados», fue el comentario con el cual, en 2015, luego de la masacre en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur, el entonces presidente Barack Obama asumió la desigualdad que impera en Estados Unidos. Todavía.

*De Prensa Latina.

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