Opinión

República Dominicana después de la pandemia

Por Sergio Sarita Valdez

El reto sanitario que afronta la humanidad ante la presencia global del coronavirus obliga a las autoridades de salud a enfrentar la catástrofe con sabia decisión, coraje, determinación y eficacia. Hoy, mucho más que ayer, se requiere de una labor de Estado a la altura de las circunstancias. El agente viral nos habla de su alto poder contagioso y de lo irregular de su morbilidad y capacidad para matar dependiendo de la condición inmunológica de las personas afectadas. Tratándose de una variante nueva de cepa patógena nos ha sorprendido sin el arma favorita que es la vacuna. Tardarán cerca de dos años antes de que podamos contar con una efectiva inmunoterapia.

La estrategia fundamental desde el punto de vista epidemiológico consiste en reducir la velocidad de afectación poblacional y de proteger a los sectores más vulnerables, entiéndase a los envejecientes e individuos con otras comorbilidades. El distanciamiento físico y el aislamiento voluntario de los portadores del virus, conjuntamente con el internamiento de los enfermos graves de covi-19 son acciones claves en esta guerra si queremos ganar la batalla con el mínimo de bajas mortales.

Un análisis ponderado y realista del sistema de salud dominicano nos indica que al igual que ocurre con otras naciones con perfiles de desarrollo equivalentes al nuestro, estamos en desventajas frente al enemigo microbiano. La infección nos tiene a la defensiva y de hecho le seguimos los pasos a la enfermedad, mientras tanto, ella se mueve a la vanguardia y nos arrastra.

Estamos contabilizando las crecientes cifras de gente infectada, así como reportando el número de víctimas mortales. No contamos con una terapia efectiva y los tratamientos de prueba no tienen la efectividad deseada.

La población empieza a dar muestras de cansancio por la prolongada cuarentena y los sectores productivos ejercen presión para que se reactive la vida productiva cuando todavía los indicadores estadísticos no dan muestra de un control de la expansión de la afección. Es importante que la curva de crecimiento de la pandemia haga meseta e inicie su descenso antes de que puedan relajarse las medidas de contención de propagación del virus. Es bueno saber que parece haber un consenso acerca de la necesidad de actuar con madurez, prudencia y tacto en lo que tiene que ver con la reapertura paulatina de la vida económica del país.

Si los responsables de la política sanitaria han elaborado la estrategia que la pandemia demanda y si se cuenta con la capacidad para aplicar las variantes tácticas que los distintos territorios exigen podremos salir airosos de la prueba a la que estamos siendo sometidos a nivel global. Nada es eterno, todo es transitorio, incluida la existencia a nivel personal; cuando pase el vendaval y se analicen los resultados la sociedad juzgará a los actores del evento. Habrá premios y castigos, condenas y reconocimientos para cada uno de los participantes. Los enfermos y los fallecidos serán el símbolo del costo humano de la contienda sanitaria. Luego de lo del covid-19 nada será igual y todo será distinto.

En momentos de aprensiones, incertidumbre y de temores debemos encender y avivar la llama de la esperanza, la confianza, y la seguridad de que a pesar de los pesares otro mundo mejor es posible. La nación y el mundo celebrarán el triunfo de la ciencia y de la fe al igual que lo hicimos un siglo atrás.

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