Opinión

Una campaña donde solidaridad mató a discurso

Para muchos estrategas de marketing político, estructurar una campaña electoral en medio de una pandemia histórica, antesala de una profunda crisis económica que en algunos aspectos es comparable a la Gran Depresión de 1929, se hace cuesta arriba; y es que, al parecer, las acciones solidarias han venido a sustituir los discursos, mítines y caravanas, así como las grandes manifestaciones para medición de fuerzas y adeptos.

El panorama político nacional iba “viento en popa a toda vela”, pero de repente, llega el Coronavirus y baja el telón; luego, al subir nuevamente el telón nadie sabe cómo se llama la obra. Lo que sí sabemos es que en medio de esta pandemia mundial las acciones solidarias a favor de los más necesitados vinieron a sustituir la retórica discursiva tradicional, la gente necesita ayuda concreta, no palabras esperanzadoras.

En América Latina y el resto del mundo existen cientos de consultores expertos en imagen personal, perfiles políticos y campañas mediáticas propositivas; pero también los hay que son gurúes de las campañas sucias o negativas amparadas en las descalificaciones y ataques feroces. Pero como la solidaridad es una verdad que tiene sus valores y sus propias recompensas, entonces, aquí se da el fenómeno de que, “critica quien puede, no quien quiere”.

Las campañas políticas son instrumentos emocionales que generalmente buscan seducir a los electores para que estos se inclinen por muchas de las promesas hechas por los candidatos, quienes tienen como meta llegar al poder; lo que no es bueno ni malo per se, pero si es importante señalar que la propuesta de campaña debe ir de la mano con la ideología y los valores con los que en realidad se identifique el candidato, aspectos que deben ser cónsonos con las políticas públicas que este vaya a implementar en su posible gobierno.

Cuando los asesores de la campaña tienen como medio para perseguir la adhesión de los distintos targets sociales a favor de su producto electoral, estos se concentran en detectar las insatisfacciones de estos grupos y motivan sus impulsos dominantes hacia sus objetivos para alcanzar su meta. En este sentido, se define una campaña proactiva donde se asumen realidades sociales, económicas y políticas, siendo la responsabilidad un valor vinculante con estas propuestas publicitarias.

En la quietud del diseño de una campana electoral, en tiempos normales, surgen casi siempre los personajes maquiavélicos, que entendiendo que “el fin justifica los medios”, estudian sus víctimas y preparan su plan de campaña sucia o negativa. Esta estrategia malsana generalmente se emplea para tratar de disminuir a los candidatos que llevan la delantera, los que tienen un historial poco cuestionable o que sencillamente gozan de la aceptación de segmentos importantes de electores.

Es aquí el caso del candidato presidencial del PLD, Gonzalo Castillo, al que muchos definieron como el “Delfín” o “El Elegido” del presidente Danilo Medina; este, antes, durante y después de ser escogido como alfil de un complicado ajedrez político, recibió toda suerte de ataques feroces y críticas despiadadas, donde los memes no se hicieron esperar, en esos momentos en las palabras “penco”, “gonzalada” y “títere” estaban a la orden del día.

Pero resulta , que como casualidad histórica se desata en el país la crisis del Covid-19, momento donde se impone que todas las agendas de campañas electorales diseñadas tienen que ser modificadas. Es entonces cuando Gonzalo Castillo resurge de su propia ceniza, de allí donde sus detractores lo entendían pulverizado, pasando a convertirse en un ave de fuego tan gigante como el Águila, tal describe la mitología.

La solidaridad social ha sido la magia que ha producido este cambio inesperado en la intensión de los votantes y a favor de este exitoso empresario hijo de un peluquero provinciano y una humilde ama de casa. No vamos a enumerar las distintas acciones solidarias de los principales aspirantes a la presidencia de la República, tampoco el impacto que estas han tenido en cada familia o sector donde han sido llevadas, esa parte es mejor dejarla a criterio de cada lector.

Lo cierto es que las circunstancias creadas por la crisis sanitaria que vive el país por causa del Coronavirus han cambiado de manera radical. Vivimos momentos en que los discursos pomposos, las conceptualizaciones y las retóricas mediáticas dejan de ser el paradigma de un candidato político; entonces sale a relucir que la solidaridad social es la mejor propuesta de la actual campaña electoral.

En la vida hemos aprendido que son las acciones practicas del individuo lo que evidencia su verdadero ser social; y jamás los marcos teóricos, los que muchas veces son elaborados con palabras rebuscadas y que luego se convierten en manifiestos muertos de ningún valor.

La solidaridad social se define como hija de la visión filantrópica, lo que tiene que ver con la empatía, compasión y el carisma de utilidad social. Por esta razón, muchos expertos de la sociología la catalogan como una acción de alta dimensión política, por la esencia de comprometer a los individuos en la estructuración de una sociedad amparada en la justicia, la dignidad y la igualdad social.

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