Opinión

Ha cambiado la perspectiva electoral dominicana

En la competencia electoral democrática es práctica normal que durante la guerra de encuestas que siempre se produce, cada quien se agarre, escude y crea en el sondeo que más le convenga a su particular interés, aunque, a fin de cuentas, el mismo resulte un autoengaño en razón de que la realidad objetiva de los hechos es otra, y termina revelándose el día de las elecciones con su desenlace final.

Por eso las encuestas serias, independientes y determinantes, en las que se puede creer ciegamente por lo general son realizadas en los últimos días previos a las votaciones, en las cuales las empresas encuestadoras deciden jugarse su prestigio y credibilidad tratando de acertar lo más cerca posible al cómputo resultante y el ganador pronosticado por sus mediciones de simpatía electoral.

No obstante, hoy, cuando faltan cerca de 4 semanas para las elecciones del 5 de julio, no hay que ser un experto político para advertir, en un simple monitoreo de lo que ha sucedido en el día a día de la presente campaña electoral, desarrollada en plena crisis pandémica, por demás ejemplarmente gestionada por el gobierno del Presidente Danilo Medina, al punto de merecer un 69% de aprobación positiva de la ciudadanía (encuesta Mark Penn mayo 2020), e igual internacionalmente elogiada, que algo innegable acontece desde entonces en el orden electoral: “La pava ya no pone donde ponía”.

La candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana, encabezada por Gonzalo Castillo, popularmente conocido como “El Penco”, experimentó un repunte en sus niveles de simpatía, mientras los otros contendientes han retrocedido, prendiéndose las alarmas y desatando los nervios en el bando opositor que ha entendido este proceso como un asunto de tiempo para lograr su objetivo, es decir, esperar el 5 de julio para coronarse con la victoria electoral, y a veces se podría pensar que la oposición nunca aceptaría otra decisión que no sea su triunfo, como si la democracia es buena y solo vale cuando les favorece.

Sin embargo, una multiplicidad de factores, comprobables y a la vista, explica el porqué del cambio de rumbo positivo en la simpatía y por ende de la perspectiva electoral para el candidato del partido morado. Comenzando por entender el hecho cierto de que en la democracia, cualquier crisis, como esta de la pandemia del Covid-19, es una prueba política para el liderazgo y los actores políticos, más si coincide con el desarrollo de una campaña electoral, y aquí Gonzalo supo rápidamente “separar el grano de la paja”, y salió primero en gesto de solidaridad a hacer lo que en toda su vida ha hecho: trabajar y ayudar, con mayor determinación en medio de esta desgracia que ha llevado tristeza y luto a cientos de hogares dominicanos.

Sin presumir ser el mejor, ni prometer el cielo en la tierra, presentándose como es, sencillo, trabajador, viniendo de abajo, emprendedor y exitoso, haciendo una campaña propositiva, sin ofender ni atacar a nadie, ofertando nuevas ideas y nuevas oportunidades como expresión de la sangre nueva de un liderazgo que garantiza la continuidad de las políticas exitosas y las medidas encaminadas a superar la crisis y continuar la línea de avance que ha permitido la transformación de la República Dominicana en un país pujante que, según la CEPAL, será el único que económicamente no decrecerá en este tétrico año 2020 en todo el continente americano.

Ahí, en parte, residen los factores que comenzaron a producir frutos y a colocar la propuesta electoral del PLD frente al ojo positivo de la apreciación colectiva de los dominicanos que, además, saben “lo peligroso de cambiar de caballo cuando se está vadeando un río”, sobre todo porque aquí tenemos presente que la estabilidad, el crecimiento económico y la consolidación institucional de la democracia en las últimas dos décadas tiene un nombre: Gobiernos del Partido del Partido de la Liberación Dominicana.

Equipos de gobiernos exitosos y experimentados, curados del mal de la improvisación, con los que el pueblo dominicano puede seguir manteniendo viva la fe, la esperanza y el compromiso firme de seguir luchando sin descanso para que el país continúe su rumbo indetenible por un renovado camino cierto y seguro para enfrentar y superar la crisis que ya nos toca la puerta.

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