Opinión

Cuidado con “El Cambio”

En todas las campañas electorales los estrategas acuden a frases y slogans altisonantes, que muchas veces responden a resultados de ponderados análisis socio-políticos, pero otras, solo resultan ser consignas superficiales y de poca sustancia. El objetivo es provocar acercamiento o aceptación de la población votante hacia el candidato, en tal sentido, en el folklore político poco importa que estos sean falaces, inorgánicos o puros clichés copiados de otros partidos y países.

Apelando a una manoseada receta muy usada en Latinoamérica, la marca PRM acuñó el concepto de “El Cambio” como el plato fuerte de su campaña. Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo lo aderezaron con el rítmico tema musical de “Se Van”, y ya sabemos los resultados. Lo importante para los políticos en campaña es ofrecer cualquier cosa para ganar adeptos, aunque estén convencidos de que para los votantes pocas cosas podrían cambiar.

Si acudimos al diccionario de la RAE el concepto cambio se define como: “Acción y efecto de cambiar”, y por cambiar establece que es “Dejar una cosa o situación para tomar otra” y “convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contrario”. Cabe destacar que un cambio no necesariamente tiene que ser para ascender o para avanzar, también puede serlo para retroceder o descender.

Para la gran masa de votantes sería importante conocer si el cambio es pasar de lo bueno para lo malo o de lo malo para lo bueno; pero en la efervescencia de una campaña electoral esto no guarda mucho sentido. Basta con incentivar las emociones y lograr fijar algunos conceptos en la psiquis de los electores para arrastrarlos hacia objetivos determinados, y muchas veces estos ciudadanos suelen caer arrepentidos por haber tomados decisiones que solo favorecen a selectivos grupos políticos y económicos.

Un drama repetido. Muchos países y candidatos han ofrecido el harto conocido menú electoral del cambio, y a resumidas cuentas se asombran al ver que solo se logran cambiar los comensales del gran bufete del pastel estatal, mientras que los humildes ciudadanos, responsables de legitimar con sus votos esas acciones, suelen quedar oliendo donde se guisa.

En la recién pasada campaña electoral un escueto mensaje, sin contenido social, mucho menos ideológico, se apoderó de los medios tradicionales y las redes sociales hasta lograr pulverizar a un candidato como Gonzalo Castillo que, sí tenía propuestas concretas en los temas económicos, sociales y políticos. Al final de la jornada, la frase de “El Cambio” flotó como globos en el aire y resultó ser la boleta ganadora de las pasadas elecciones.

Ahora podremos ver que el verdadero cambio, aquel que se vendía como un sueño codiciado, se podría convertir en una desafortunada pesadilla. Pero como el tiempo es inexorable y todas las fechas se vencen, estaremos a la espera de cuáles serán los resultados del tan cacareado cambio ofrecido por el PRM.

Para muestra un botón. Basta con escuchar cómo la electa senadora del PRM por el Distrito Nacional, Faride Rafúl, anunció alegremente que a partir del 16 de agosto serán eliminadas unas 57 instituciones del Estado, decisión que consideramos bastante seria y que la misma implicaría una profunda reingeniería en el tren administrativo estatal, por tanto, amerita del consenso de la comunidad política colegiada y no basta con un simple enunciado a través de una cuenta personal de Twitter, cómo se está haciendo costumbre en estos días.

De acuerdo con los criterios del presidente electo Luis Abinader y su equipo, habría que eliminar 250 mil empleos de personas que, según ellos, son “botellas” y no desempeñan ninguna función dentro del Estado dominicano. Tendríamos que preguntarnos cómo y por qué se han de tomar esas decisiones. Qué pasará con las familias de esos servidores públicos luego de ser cancelados, si serán reubicados y si simplemente los mandarán a las calles a morirse de hambre.

Por la simple lógica de los conocimientos adquiridos en la universidad de la vida sobre estrategias políticas, los promotores de “El Cambio” debieron decir qué se proponían corregir o cambiar de la actual administración del presidente Danilo Medina y el PLD, cosa que nunca ocurrió durante los pocos días de campaña electoral. Pero como los electores tampoco se preocuparon por saberlo y le confiaron sus votos, ya estamos todos en la fiesta, la música está sonando, y solo nos queda empezar a bailar.

Faltando pocos días para la transición de mando y con algunos anuncios de futuros nombramientos del tren administrativo que acompañará a Luis Abinader en estos cuatro años, en ese sentido, solo nos queda esperar que, para bien del país, este gobierno pueda continuar la política social de sacar cientos de miles de dominicanos de la pobreza y otros tantos de la pobreza extrema.

Como la palabra cambio denota la acción o transición de un estado inicial a otro diferente, según se refiera a un individuo, objeto o situación y que también puede referirse a la acción de sustituir o reemplazar algo, será fácil en los próximos días comprender cuál será el verdadero cambio que nos ofrecieron los del PRM y que la población aceptó premiarlos con la presidencia de la República.

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