Opinión

El teclado comercial

Desde el 2018 el estallido de una guerra comercial entre Estados Unidos y China ha desencadenado enfrentamientos financieros globales, rupturas en el desempeño de las transacciones comerciales internacionales y en la estabilidad de la economía mundial.

Los primeros efectos del intercambio del fuego comercial desatado por los cañones arancelarios puestos en acción por Estados Unidos y China impactaron sobre los precios de centenares de productos demandados por consumidores de ambos países.

En efecto, en sus inicios la Administración Trump impuso impuestos aduaneros a las importaciones de acero y aluminio, con aranceles del 25 al 15 por ciento, respectivamente, procedentes del gigante asiático.

Acto seguido, Pekín respondió estableciendo medidas punitivas sobre unos 128 bienes producidos en Estados Unidos, entre los cuales se encontraban frutas diversas y productos cárnicos.

Siendo el valor de las importaciones de EE. UU. desde el mercado de China de unos 506 mil millones de dólares (2017), sobre un universo de 2,4 billones de dólares que la economía estadounidense compra al resto del mundo, podría pensarse que esas medidas punitivas adoptadas por Pekín tendrían un efecto residual (mínimo) sobre las finanzas del comercio exterior norteamericano.

Durante el 2019 las importaciones a Estados Unidos procedentes de China se acercaron a los 400 mil millones de dólares, mientras que las ventas (exportaciones) de bienes norteamericanos al gigante asiático alcanzaron los 550 mil millones de dólares. Un comercio exterior bilateral superior a los 950 mil millones de dólares.

Pero debe tenerse en cuenta que el déficit comercial norteamericano se situó en el citado año en 811 mil millones de dólares, de cuyo monto correspondieron 376 mil millones de dólares al intercambio con China.

Las bolsas de valores del mundo, en especial las de Wall Street en Estados Unidos, experimentaron vaivenes en su comportamiento ante el peligro real de que esas batallas comerciales libradas entre EE.UU. y China llegasen a involucrar a otros actores del comercio mundial, tal como ha venido ocurriendo.

El déficit comercial de EE. UU. con el resto del mundo se mantiene.

Mientras esté al frente de la Casa Blanca la Administración Trump la política comercial exterior de Washington estará marcada por el discurso proteccionista dirigido a reducir un déficit comercial que ha devenido en estructural y que tiene su origen en la pérdida de competitividad y rezago industrial de la economía civil norteamericana y nunca en la capacidad productiva y de exportación de sus competidores.

Es muy probable que la inclusión de los países emergentes (China, India, Vietnam, Rusia y Sudáfrica, entre otros) como actores influyentes dentro de la economía mundial dinamizará los intercambios comerciales.

Esos Estados persiguen obtener una mayor influencia dentro de la economía global más que exportar al resto del mundo sus instituciones políticas.

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