Opinión

Clamando en el desierto forense

Cuatro años previos a su trágica partida, el siempre presente y simbólico americanista cubano, José Martí, nos legó sus imperecederos Versos Sencillos, escritos en 1891.

Entre sus estrofas se leen: “He visto vivir a un hombre/ con el puñal al costado,/ sin decir jamás el nombre/ de aquella que lo ha matado… Gocé una vez, de tal suerte/ Que gocé cual nunca:/cuando la sentencia de mi muerte/ leyó el alcalde llorando…Yo he visto al águila herida/volar al azul sereno,/ y morir en su guarida/ la víbora del veneno…Oculto en mi pecho bravo/la pena que me lo hiere/El hijo de un pueblo esclavo/vive por él, calla y muere…”

En los inicios del siglo 16, específicamente en diciembre de 1511, el misionero dominico fray Antón de Montesinos leyó su memorable sermón en el que denunciaba el maltrato que las autoridades coloniales causaban a los aborígenes; decía: “Soy la voz del que clama en el desierto…¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas…? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curarlos en sus enfermedades…?”

A punto de completar tres cuartos de siglo de vida, reincido en la costumbre de aprovechar la consigna principal enarbolada por el candidato presidencial triunfador para tomarla como pie de amigo y solicitar su mano interventora en beneficio de la medicina forense dominicana. Esta vez el eslogan triunfante del 2020 fue: “El cambio va”.

Para quienes nos ha tocado contabilizar y auditar las miles de defunciones que se registran en el país anualmente es deber ineludible alertar a las nuevas autoridades sanitarias que tendrán a su cargo velar por la salud del pueblo dominicano.

Son muchos los diagnósticos realizados y pocas terapias eficaces llevadas a cabo. Sabemos las causas por las que nuestras embarazadas y parturientas pierden la vida, de igual forma conocemos las razones por las que los niños no alcanzan la adolescencia. Conocemos los motivos de los decesos de jóvenes, adultos y adultas, y, sin embargo, no mejoran los indicadores.

¿Razones? Sustituimos nombres de los actores, pero todos ejecutan el mismo libreto. La doctrina neoliberal con la privatización de todos los servicios sanitarios creó nuevas y profundas desigualdades en desmedro de los sectores pobres y desamparados de la población. El modelo de atención primaria en salud ha sido un mito que de tanto repetirse ha desensibilizado a mucha gente.

La promoción de hábitos sanos y la prevención de males comunes verbigracia la hipertensión arterial, arteriosclerosis coronaria, la diabetes mellitus, el cáncer de pulmón, la detección temprana del carcinoma de mama y cáncer colorrectal son una quimera para el pueblo humilde.

Los jóvenes siguen llenando las emergencias con los accidentes de motores y los centros traumatológicos no dan abasto al número de víctimas lesionadas en calles y carreteras. El uso del alcohol y el abuso de otras drogas carcomen la madera social nacional.

Aunque el turismo es una fuente importante de divisas todavía sigue siendo tarea pendiente en agenda la creación de un centro de acopio de cadáveres en las grandes comunes cabeceras del país.

La llegada de la pandemia del covid-19 ha puesto al desnudo las grandes debilidades del sistema sanitario dominicano y la deficitaria asignación presupuestaria al sector.

Con la mayor buena fe le damos la bienvenida al cambio en salud y en la práctica médico forense con la esperanza de que nada siga igual.

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