Editorial

Cuidado con el circo

La segunda semana de la nueva gestión de gobierno, iniciada conjuntamente con el impacto de una tormenta tropical en sectores vulnerables y concluida con un aumento considerable de los contagios del nuevo coronavirus Covid-19, se caracterizó por las primeras presentaciones de supuestas irregularidades de la pasada administración.

Desde el mismo palacio presidencial, quizás influenciado por los asesores de la recién concluida campaña electoral, se hace una denuncia que resulta un absurdo tecnológico, desmentida por cualquier bisoño en tecnología.

Pero como la declaración proviene del superior gobierno, se tiene que justificar y ofrecer una explicación a lo expuesto por el mandatario ante un selecto auditorio, compuesto por reputados y experimentados hacedores de opinión.

Se ha captado la señal y desde los ministerios, direcciones y departamentos gubernamentales comienzan a replicarse «revelaciones» de supuestas irregularidades, destrucciones, inoperancia, nóminas abultadas, duplicidades de funciones e infinidades de anomalías, que contrastan con la moderación y respeto con que las anteriores autoridades manejaron la transición y el compás de espera que han dado a los nuevos inquilinos del Gobierno.

A distancia se intuyen directrices de posicionamiento del nuevo gobierno sustentada en el descrédito a pasados funcionarios y a la gestión en general, una maniobra riesgosa por las dificultades que pudieran ocasionar a la gobernabilidad, ahora más necesaria que antes para enfrentar la crisis generada por la pandemia del Covid-19.

No es conveniente al país, a sus instituciones, convertir el espacio político en una pista circense, en cumplimiento de aquello de “Pan y Circo”, práctica con que en la antigua Roma se procuraba retener popularidad y aceptación proporcionando trigo gratis y entradas para los espectáculos en los coliseos como forma de mantener al público distraído de la política.

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