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Hiroshima y Nagasaki: el horror omnipresente en Japón

El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, expresó el compromiso de su Gobierno para lograr un mundo sin armas nucleares en medio de la conmemoración hoy, del 75 aniversario del horror atómico perpetrado por Estados Unidos en Hiroshima.

Abe asistió a la ceremonia en la primera ciudad bombardeada y luego participará en la de Nagasaki, el 9 de agosto, fecha en que EE.UU. lanzó la bomba Fat Man (hombre gordo) que descendió con una potencia de 20 kilotones como un rayo asesino sobre esa urbe.

Días antes, el jefe de gobierno también manifestó que Japón, único país que ha experimentado bombardeos atómicos, está comprometido con los tres principios de no producir, poseer o permitir armas nucleares en su territorio.

Por paradójico que parezca, la administración de Abe fue una de las primeras negadas a iniciar las negociaciones para suscribir el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares de la ONU, adoptado en 2017.

La negativa a suscribir el Tratado enfrentó a Abe con los alcaldes de Nagasaki, Tomihisa Taue, y de Hiroshima, Kazumi Matsui.

«Como el único país en el mundo que ha sufrido bombardeos atómicos, insto al gobierno japonés a que reconsidere la política de confiar en el paraguas nuclear y unirse al tratado de prohibición nuclear lo antes posible», dijo Taue.
Pero el gobierno nipón reitera que no se sumará al Tratado, pues según Abe «existen divergencias entre los países sobre las formas de reducir las armas nucleares».

Mientras tanto, Tokio se centra en implementar medidas de apoyo para los sobrevivientes de las bombas atómicas.
En fecha reciente, un tribunal japonés reconoció como víctimas a 84 demandantes afectados por la «lluvia negra» radiactiva, originada tras el primer bombardeo del 6 de agosto de 1945.

La entidad judicial del distrito de Hiroshima dictaminó que estas personas, entre 70 y 90 años, deben beneficiarse de las prestaciones médicas otorgadas a las «hibakusha», como se conoce a las víctimas de este bombardeo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el gobierno concedió la gratuidad de cuidados médicos a quienes se hallaban en la zona del primer bombardeo atómico, pero la rehusó a quienes se encontraban al exterior de estas zonas.

Hasta marzo pasado, el gobierno central reconoció a 136 mil 682 personas como hibakusha, incluidas las de Nagasaki.

Unas 240 mil personas murieron tras los ataques y decenas de miles sufrieron por años los devastadores efectos físicos y sicológicos de la radiación, según estimados.

Asimismo, la mayoría de las edificaciones de ambas ciudades se evaporaron en el aire viciado por la radiación atómica.

Cada año, cuando los habitantes de Hiroshima y Nagasaki homenajean a sus muertos, recuerdan el daño causado por las bombas, o lo que es igual, que el peligro del horror sigue ahí.

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