Opinión

¡Que Dios nos Acompañe!

El autor de esta columna, que siente una verdadera satisfacción por la apreciable cantidad de personas, mujeres y hombres, que nos leen y cuando por cualquier circunstancia se encuentran con nosotros, siempre me preguntan de cuantas exclamaciones u oraciones como la que encabeza la columna de hoy, aprendimos y como han llegado a nuestro conocimiento. La historia de esta exclamación invocando el nombre de Dios, al igual que todas las demás con pocas excepciones, las hemos escuchado en el largo proceso de nuestra vida, en lugares diferentes, en los cuales les tocó a nuestra familia vivir, cuando nuestro padre ostentaba el rango de Oficial del Ejército Nacional y fue destacado en diferentes Provincias y Municipios . El registro de nuestra memoria, de vivir, escuchar y ver se remonta al Municipio de Sánchez, Provincia de Samaná cuando, en 1939, esa comunidad era uno de los tres puertos más importantes de la República.

A Sánchez, llegaban y atracaban muchos barcos, goletas, y naves militares porque hasta Sánchez llegaba el tren y en los vagones de esetren venían regularmente cargados los productos agrícolas de esa región, increíblemente productiva que ha jugado un papel importante en el desarrollo agrícola del país. En Sánchez fue donde escuchamos por vez primera oír a alguien decir ¡que Dios nos acompañe!; y fue en esa comunidad donde cumplimos 4 años de edad; nuestros padres y mis hermanos mayores, César, Mercedes y Martha, habían residido en Santiago, Barahona y La Romana y llegaron a vivir de Barahona a Santo Domingo, que ha sido el lugar donde el autor vino al mundo el 21 de mayo de 1936, en el ¨Hospital Internacional¨, situado en la México esquina Rosa Duarte, bajo los cuidados de mi madre, el ginecólogo Rafael Cohen, alias ¨Tato¨,qué seria después uno de los médicos de más prestigio en ese campo de la medicina.

De Sánchez, nuestro padre fue trasladado a la Provincia Espaillat, cuyo Municipio cabecera, es conocido con el nombre de Moca, comunidad en la que el autor cumplió 5 años de edad, naciendo un hermano allí, que murió de 4 o 5 meses luego de llegar al mundo; en Moca como Oficial comandante de la provincia, compró nuestro padre su primer automóvil, que era un Oldsmobile color verde, muy hermoso, con un dinero que había ganado con la venta de una propiedad de su herencia paternal en Constanza. Fue en ese lugar, donde tuvimos nuestro primer caballo, que nunca lo montamos, dos conejas y un conejo, que nos regaló Juancito Rodríguez, uno de los más ricos hacendados del país, que luego se ausentó para combatir a Trujillo con quien había tenido serias diferencias. En Moca escuchábamos muchas veces mujeres y hombres cuando se despedían, ¨que Dios los acompañe¨; y ¨que Dios nos acompañe¨.

Y en estos momentos que estamos atravesando una Pandemia como nunca había sufrido nuestro pueblo, a la cual se ha sumado una tormenta que azotó, podríamos decir, todo el territorio nacional, causando graves daños en la región central del país y en el Noreste, en la parte Sur o Sureste si se quiere decir, daños también en Hato Mayor y San Pedro de Macorís. Por suerte la infraestructura material de nuestro país, ha sido notablemente reconstruida y modernizada por los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, que han servido, con firmeza y seriedad al pueblo dominicano que es digno por el proceso de su historia, desde su génesis: ¡Que Dios lo acompañe siempre!; y lo pedimos por el esfuerzo de sus luchas y se lo merece porque ha sido y al parecer seguirá siendo ¨Actor solitario de su historia¨.

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