Editorial

Una obra de ocho años a favor del pueblo

El trabajo sin descanso del Presidente Danilo Medina en la etapa de transición a un nuevo Gobierno, de un partido político opositor al PLD, es una clara señal de una obra realizada a favor del bienestar del pueblo dominicano.

La frase “no es como se comienza, sino como se termina”, cae perfectamente al momento de la culminación de una labor de ocho años de dedicación y trabajo constante que tuvo tambien el acierto de empezar bien.

Se despide el Presidente cercano a la gente con la satisfacción del deber cumplido. Deja una obra extraordinaria como activo importante, que desde ya valora y aquilata en su justa dimensión gran parte del país.

Y bien lo dijo al entregar un anhelado centro hospitalario en Neyba: “No hay un rincón del país donde la mano solidaria del Gobierno no haya llegado”.

La mano amiga del Gobierno llegó a la gente, a los más vulnerables, sin importar banderías políticas.

Junto a la solidaridad y a la consolidación de las instituciones se encuentra, por donde quiera que se transite, una obra material manifiesta en autopistas, carreteras, puentes, calles y caminos vecinales; escuelas, hospitales y una mejorada calidad de los servicios de salud, electricidad, transporte de carga y de personas, entre otros.

Nunca como ahora los servicios públicos han tenido la dimensión y la cobertura con que los deja como legado el gobierno que ha culminado.

Durante ocho años se impulsaron políticas públicas para beneficiar a la población, cumpliendo así el compromiso de colocar como prioridad el bienestar colectivo, en especial de los más vulnerables.

Y es que como ha sido dicho, en el cumplimiento del deber está la verdadera gloria.

Danilo Medina se despide con la frente en alto dejando un legado de importantes obras que han transformado el país, impactando directamente de manera positiva en el bienestar de la gente.

Lo vivido en los últimos días motiva se dirija una mirada a José Martí, quien trabajó siempre por el enaltecimiento del hombre, cuando escribió la célebre reflexión que ha trascendido en el tiempo: “El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz».

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