Opinión

Están en juego los avances sociales alcanzados

En este mes se cumplen cinco años de la aprobación de la Agenda 2030 en el seno de las Naciones Unidas.

Se trata de una serie de compromisos, asumidos por más de 180 países, organizados en 17 objetivos que se conocen como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (OEsos compromisos buscan poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí a 2030, combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales.

Los firmantes de la resolución aprobada por la Asamblea General expresaban su compromiso con crear las condiciones necesarias para un crecimiento económico sostenible, inclusivo y sostenido, una prosperidad compartida y el trabajo decente para todos, sin olvidar los diferentes niveles nacionales de desarrollo y capacidad.

La emergencia de la pandemia de COVID-19, está poniendo en riesgo lograr esos objetivos, de manera muy especial el referente a poner fin a la pobreza en todas sus formas en 2030.

El Instituto Mundial de Investigaciones de Economía del Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas señaló recientemente que, como consecuencia de la pandemia, la pobreza podría aumentar, afectando a 500 millones más de personas. Sería la primera vez que la pobreza aumente en todo el mundo desde 1990.

Un reciente trabajo del BID también nos da una idea del posible impacto que la pandemia tendrá en el cumplimiento de la Agenda 2030 al señalar: “Al salir del túnel (de la pandemia), todos los países se encontrarán con mayor pobreza; más desigualdad; más desempleo; más informalidad; una fracción importante de sus empresas quebradas o al borde de la quiebra; pérdidas de capital humano enormes; situaciones fiscales más difíciles que en cualquier momento en los últimos 20 años; y sectores financieros debilitados.

A estos retos se añadirán barreras nuevas al crecimiento inclusivo que antes no existían: en la ausencia prolongada de una vacuna, los consumidores y trabajadores seguirán ansiosos, reacios a participar en las mismas actividades económicas que antes les eran importantes, y la globalización – el movimiento de capital, bienes y personas – se habrá´ reducido, con impactos importantes en las cadenas de valor”.

En ese contexto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé que este año la pobreza se incrementará en nuestra región en 45 millones de personas y que 33 millones pasarán de los estratos medios a los estratos bajos.

En el caso de nuestro país, con toda seguridad, la pandemia de COVID-19 impactará en la situación social, aumentará el nivel de pobreza y reducirá los segmentos de clase media que surgieron al amparo del buen desempeño económico del país de los últimos años. Por eso es urgente buscar vías que permitan que la economía vuelva a crecer.

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