Opinión

Danilo Medina, y el curso del PLD después del IX Congreso

La disertación de Danilo Medina ante los diputados del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es, sin dudas, una pieza discursiva antológica, por revelar la doctrina política del dirigente más determinante en las tres últimas décadas de existencia de la organización.

Político de poco hablar sobre el presente, proyectar el futuro ni, mucho menos, referirse al pasado de la organización. Aunque, fue pieza determinante en la transformaciones dadas en el partido y que culminaron con la reforma estatutaria realizada en el VI Congreso Ordinario Prof. Juan Bosch, efectuado en el año 2000, precisamente en el que sentó las bases para el nacimiento y la evolución del PLD que conocemos al día de hoy.

Danilo, tomando como referente el comportamiento de los miembros del partido en la administración del Estado, describe al PLD como una organización desmeritada para estar en el poder, cuyos miembros la hicieron indeseable a los ojos de la sociedad debido al insaciable apetito por las posiciones en el Estado. A lo que se agrega el tema de la logística, concepto descriptivo del pago destinado a la realización del trabajo electoral. Comportamiento ético distante del principio del servicio a la voluntad de vida del pueblo como norma de conducta del quehacer político.

La brecha entre el comportamiento bajo este principio ético, guía en la formación del miembro del PLD en la década de los 70 y 80, y el exhibido por membresía partidaria del presente, es la causa base del repudio a la organización por la misma sociedad que le había otorgado la confianza de dirigir los destinos de la nación durante cinco procesos electorales consecutivos. Aunque dicha sociedad no ha sido mezquina al reconocer que en términos de desarrollo económico ha sido la más exitosa gestión de la historia de la nación.

¿Cómo llegó el partido a tal nivel de degradación? Reflexión de primerísima importancia de cara al IX Congreso. El curso de la vida, más que irónico, es sarcástico. En el momento en el que el ser humano está en la plenitud de sus capacidades para dar lo mejor de sí, inicia el declive de las capacidades biológicas para producir, lo propio ocurrió con Juan Bosch, en el momento de transición política de la historia universal, precisamente cuando estaban dadas las condiciones para llegar a la conducción de Estado dominicano un proyecto político comprometido con las más excelsa aspiración del ser humano.

Al pasar la antorcha a sus más aventajados discípulos, estos varían la estrategia. En vez de continuar el camino de construcción del partido y fortalecimiento la consciencia popular, para llegar a la conducción del Estado en condiciones ventajosas respecto a los sectores conservadores con el propósito de lograr el consenso necesario para planificar el futuro de la nación garantizando el desarrollo humano de los ciudadanos, pactan la llegada al poder aliándose a dichos sectores con el propósito de producir los cambios requeridos.

Craso error, pues, aunque se ha logró impulsar el desarrollo económico este ha sido inequitativo, la pobreza se hizo más estructural, y para colmo se produjo la contaminación de los métodos de trabajo, tan celosamente protegidos por su fundador, ya que eran los instrumento usados por el partido para cincelar, al calor de la relación partido-pueblo, el político que requería la patria para completar el sueño de sus fundadores.

La década 1990-2000, puede ser considerada como fatídica para la historia del PLD, el hecho de que el partido, más que añadir una coma, haya dejado cubrir con mugre el Bochismo, legado doctrinario de su fundador y guía es un indicador. Peor aún, se iniciaron y desarrollaron en todo su esplendor los métodos de trabajo fomentadores de la cultura grupal como las componendas de los compañeros antes de iniciar las reuniones de los organismos, el convencimiento de aquellos que pudieran tener posiciones contrarias para solución de situaciones políticas de impacto en la organización.

Justificados en el desarrollo de la nueva línea estratégica, en la praxis política aparecen nuevos maestros con nuevos principios, “lo que importa es dirigir el Estado, y para ello todo vale” como las ofertas de dádivas y, luego, de posiciones al momento de llegar a dirigir los destinos de la nación a cambio del apoyo de determinadas líneas de acción.

Por último, se corrompió el órgano garante del funcionamiento como cuerpo unificado del partido, vía de comunicación entre la dirección y las bases y, consecuencia lógica, estas se dispersan en la geografía nacional. Lo propio quedó plasmado en los estatutos del VI Congreso Ordinario, irónicamente denominado con el nombre de su fundador.

Todo lo anterior toma sentido de cara a los trabajos organizativos del IX Congreso José Joaquín Bidó Medina, para el cual, el líder y guía del partido, en la reunión con los diputados delineo tanto las características como los aspectos organizativos de un nuevo partido. Previamente, aborta toda la intención de analizar el funcionamiento de la organización en el periodo 2004-2020, en el cual se producen los acontecimientos que provocaron la división primero y el vergonzoso repudio electoral posterior.

Y, lo más importante arenga a Senadores, Diputados y Alcaldes electos para que, en función del reconocimiento de su liderazgo como la máxima categoría del partido, inicien el proceso de formular las modificaciones estatutarias que consideren pertinentes con el propósito de transformar la organización en una “más pequeña, ágil, democrática y eficiente”.

La misma estaría formada por la cantidad de miembros necesarios para el funcionamiento de la maquinaria electoral; además los requeridos para garantizar la formación y desarrollo de un cuerpo técnico de apoyo a los líderes que hayan ganado posiciones en el congreso y los municipios.

En pocas palabras, al unificar el poder político y económico de un partido con una estructura de base dispersa, sin vías institucionales de comunicación, ¿cuál pudiera ser el curso del PLD a partir de los resultados IX Congreso?

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