Opinión

Jimmy Sierra en el recuerdo II

Este 2020 ha sido y sigue siendo un año triste, apesadumbrado, en el que la tragedia ha tocado con fuerza de tsunami las puertas de la humanidad: un minúsculo virus ha puesto de rodillas y con mil azotes a todo un planeta: el nuevo coronavirus Covid-19, cuyas víctimas superan los 26 millones de contagiados y 863 mil fallecidos. En nuestro país, los afectados sobrepasan los 90 mil, y los decesos, las 1.700 personas.

A toda esa tristeza se suma la generada por artistas y personajes de nuestra historia contemporánea idos al infinito, recientemente: Papa Molina, Víctor Víctor, el Cieguito de Nagua, Vilma Benzo de Ferrer, Leopoldo Espaillat Nanita, entre otros, y también de gran impacto ha sido la partida de Julio Samuel Sierra, Jimmy, como se le conocía en los ámbitos de la literatura y la gestión cultural. Ya antes muchos habían llorado por Lepe (Leopoldo Pérez), Ramón Oviedo, Luis Dias y Sonia Silvestre.

El accionar político, cultural y social de Jimmy Sierra ha gravitado en la República Dominicana por cerca de 60 años, desde que en 1962 fundó el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (CEJAC), en compañía de otros estudiantes soñadores de entonces, como Andrés L. Mateo, Ramón Colombo y Adriano de la Cruz.

La etapa histórica que va desde el ajusticiamiento de Rafael L. Trujillo hasta el final del período de los doce años del doctor Joaquín Balaguer, en 1978, marcó a los jóvenes y a la sociedad de aquellos años. Jimmy no fue la excepción; más bien, jugó roles protagónicos en cada uno de esos momentos. Durante la Revolución de Abril y la Guerra Patria de 1965, creó en la Zona Constitucionalista una escuela para alfabetizar a los combatientes de esa epopeya memorable, en defensa de la Constitución y de la soberanía nacional.

En 1966, pasa a dirigir el Movimiento Cultural Universitario (MCU), perteneciente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que aunque era una asociación independiente jugaba el rol de instrumento cultural de esa academia y del país, con actividades en las diversas áreas de la cultura: literatura, teatro, cine, folklore, historia.

Con el tiempo, los diversos grupos literarios, artísticos y culturales de Santo Domingo, como La Antorcha, La Isla, se sumaron a las actividades del MCU, y en algunos casos realizaron actividades en coordinación. Aparte de las diversas tertulias de sus respectivas secciones, se desarrolló un programa editorial.

Recordamos las siguientes publicaciones del MCU-La Isla: “Bordeando el Río”, con cuentos de Jimmy Sierra, Fernando Sánchez Martínez y Antonio Lockward Artiles ; y Poesía 1, con poemas de Andrés L. Mateo, Mateo Morrison y Rafael Abreu Mejía. Y otras tantas ediciones, como una con poemas de Domingo de los Santos.

Una de las actividades más trascendentales del MCU en la etapa de dirección de Jimmy Sierra , fue la celebración del Congreso de la Joven Poesía, en coordinación con agrupación literaria La Isla, capitaneada por Antonio Lockward Artiles. Se llevó a cabo en 1971, en el auditorio Doctor Defilló de las Facultad de Ciencias Médicas de la UASD. Contó con la participación del grupo literario puertorriqueño Guajana, integrado por escritores marcados por la línea independentista.

Me recordaba recientemente Mateo Morrison, que al escuchar Lockward Artiles los discursos de los integrantes de ese grupo, afirmó: “Ahora nos damos cuenta de que hay escritores más radicales que nosotros”.

Entre otras ponencias, se presentó la de Bruno Rosario Candelier, titulada “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana”, que constituyó un momento supremo del evento. A esa ponencia se le asignó mucha importancia por la originalidad y profundidad de sus reflexiones y análisis sobre la literatura dominicana.

Manuel Mora Serrano afirmó que sembró preocupaciones e inquietudes, y concluyó señalando que “tendrá repercusiones en toda la literatura nacional”. La primera versión de ese trabajo lo publicaron Cepae y la agrupación La Isla, en edición mimeografiada en 1971.

Luego Rosario Candelier desarrolló esa ponencia como Tesis Doctoral en la Universidad de Madrid, y en 1974 fue premiada por el Instituto de Cultura Hispánica en el XXII Concurso de tesis Doctorales Hispanoamericanas.

Según el texto publicado en la solapa de la edición del libro “Lo popular y lo culto en la poesía dominicana” (Publicaciones de la UCMM, Santiago de los Caballeros, 1977), toma carácter en Santo Domingo “la investigación literaria amparada en una metodología científica y sobre todo fundamentada en los principios de la lingüística” .

Esas actividades, de la mayor importancia cultural y académica, representan la responsabilidad de Jimmy Sierra frente a los proyectos que se proponía llevar a cabo.

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