Opinión

Mortalidad materno-infantil domínico-haitiana

La pandemia de la covid-19 se ha convertido en un tenebroso manto negro que opaca la visión panorámica de la problemática sanitaria mundial.

El coronavirus altera la dinámica de manejo habitual para un sinnúmero de enfermedades de relevancia epidemiológica.

Entre los indicadores sacrificados tenemos el monitoreo y la asignación presupuestaria destinados para la reducción de las muertes maternas e infantiles.

Diversos organismos internacionales que ofrecen asistencia técnica y financiera han debilitado su accionar ya que la cooperación está siendo redirigida al combate del SARS-CoV-2. Mientras tanto, continúan falleciendo mujeres en edad fértil, así como recién nacidos y niños en general.

La República Dominicana se encuentra en una situación de desventaja muy especial debido al flujo creciente de adolescentes y adultas en edad reproductiva desde el vecino país de Haití. A nuestros centros de salud llegan a diario decenas de embarazadas a término incapaces de comunicarse apropiadamente debido a la barrera lingüística.

Vienen desprovistas de los chequeos y cuidados prenatales reglamentarios con deficiencias vitamínicas, anemia, enfermedad hipertensiva del embarazo no tratada, infecciones, así como sangrados crónicos sin la adecuada reposición oportuna de sangre.

Esas son las candidatas favoritas a complicaciones previas al parto, o durante el mismo, así como al momento del alumbramiento y posterior al nacimiento. Las intervenciones mediante cesáreas tampoco están exentas de peligro debido a las razones antes mencionadas.

Si la embarazada haitiana en los hospitales nacionales se presenta con un mayor riesgo, dicho en la jerga epidemiológica con una morbilidad y mortalidad varias veces superior a la contraparte nativa, el niño suele mostrar un bajo peso, frecuente sepsis neonatal, distrés respiratorio y anomalías congénitas.

De ahí que estos últimos tengan una mayor incidencia de fallecimientos.

La Organización Mundial de la Salud define la defunción materna “como la muerte de una mujer mientras está embarazada o dentro de los 42 días siguientes a la terminación del embarazo, independientemente de la duración y el sitio del embarazo, debido a cualquier causa relacionada con o agravada por el embarazo mismo o su atención, pero no por causas accidentales o incidentales”.

El mismo organismo internacional define la tasa de mortalidad infantil como “el número de defunciones de niños menores de un año por cada 1,000 nacidos vivos en un determinado año”. Para la reducción de dicho indicador sugiere como herramienta principal el fortalecimiento de las estrategias de atención integral a las enfermedades prevalentes de la infancia.

Nótese que de modo intencional la institución sanitaria de carácter universal inserta en la primera definición el vocablo” …independientemente de la duración y el sitio del embarazo”. Ello implica que toda gestante o parturienta, igual que cualquier niño que expire en el territorio dominicano será contabilizado como un deceso nacional.

Ahora bien, puesto que a nuestras autoridades nacionales les está vedado inmiscuirse en los asuntos de política sanitaria interna del cercano Estado soberano, la realidad de tener un vecino con unos límites fronterizos tradicionalmente muy porosos, y con una marcada tendencia al flujo poblacional hacia la parte oriental de la Isla, obliga a algún tipo de entendimiento entre los gobiernos.

En décadas recientes se ha venido hablando de la instalación de centros de asistencia sanitaria a ambos lados de ciertos puntos fronterizos, estableciendo acuerdos de cooperación mutua para problemas comunes de salubridad que afectan a los dos países y en los que acciones conjuntas resultan beneficiosas para haitianos y dominicanos.

Así reduciremos la mortalidad materno-infantil de ambos pueblos.

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