Opinión

POR ESE CAMINO NO

No sé qué es más irritante, si los errores del Comité Político o la actitud demagógica de los que utilizan esos errores para «colar» sus proyectos personales.

Precisamente esa es la intención que veo en la solicitud de renuncia del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana dada a la luz recientemente por algunos compañeros miembros del Comité Central y de otros estamentos de la organización.

Lo primero es que el Partido no puede quedarse sin dirección que dé seguimiento al día a día de la organización. Lo segundo: la comisión organizadora del IX Congreso no puede suplir la falta, la inexistencia del CP. Ni tiene esa facultad ni esa es la razón de ser de su existencia, cuando la constituyamos. Veamos con algo de detenimiento ambos aspectos.

La existencia del actual Comité Político termina en el momento que el Comité Central escogido en el IX Congreso escoja a los miembros del nuevo Comité Político, del mismo modo que la existencia del Comité Central termina con la elección del nuevo Comité Central.

Actuar como requieren los solicitantes de la renuncia de los miembros del CP implicaría que la organización se quede sin dirección y, en consecuencia, se produzca un vacío institucional en el Partido. Ante esa eventualidad, si al Partido lo invita una organización o un gobierno amigo a participar en una actividad, ¿es asunto de la Comisión Organizadora del IX Congreso determinar si es conveniente aceptar la invitación y decidir quiénes deben ir? Si el presidente de la República decide reunirse nuevamente con los dirigentes del PLD, ¿esa reunión debe realizarse con la mencionada Comisión Organizadora? Si en el país se genera una crisis o una situación peligrosa que no llegue a la estatura de crisis, ¿es la ya mencionada Comisión la que debe decidir cómo debe procederse en esa eventualidad? Las respuestas a esas preguntas, a nuestro juicio, resultan obvias.

Veamos el segundo aspecto.

El Congreso es la máxima autoridad del Partido. Eso no debe discutirlo nadie. Y lo es porque sólo el Congreso puede decidir el partido que queremos, los compañeros que dirigirán a la organización y nuestros documentos fundamentales: Estatutos, línea política nacional e internacional, los principios que nos rigen y la línea organizativa, entre otros. Como puede verse, el Congreso decide los aspectos esenciales del Partido de cara al futuro, hasta el próximo Congreso. No se involucra en el día a día de la organización. Y no lo hace ni puede hacerlo porque eso compete al CP hasta la elección del que le suceda.

Así mismo, el querer igualar la Comisión Organizadora de nuestros congresos con la Junta Central Electoral (JCE) es una desproporción que, sin embargo, fortalece nuestra tesis. La JCE asume el control de los medios de comunicación y de las Fuerzas Armadas el día de la votación y hasta que concluya el conteo de los votos (no durante los tres meses que oficialmente dura la campaña), pero en el país sigue habiendo un presidente de la República y un gobierno con todas sus funciones, con excepción de las propias del órgano electoral.

Además, ¿realmente la no existencia del CP es garantía de un buen Congreso? O veamos el asunto desde otra perspectiva: ¿necesariamente la existencia del CP entorpece la buena realización de un buen Congreso?

De lo que estoy convencido es de que los miembros de las comisiones organizadoras de nuestros congresos deben hacer conciencia de sus responsabilidades y de lo amplias que son sus facultades en las áreas de su competencia. La Comisión no debe aceptar injerencia del CP ni de nadie en sus asuntos. Si consulta al CP, motivada por la experiencia de sus miembros, lo que este órgano o algunos de sus miembros le digan no la ata, no la liga. La Comisión Organizadora es la que debe tomar sus decisiones.

Finalmente, considero que en vez de afectar la imagen de Comité Político del Partido con planteamiento como el que motivó estas reflexiones, lo que aconseja el buen criterio político es fortalecer la imagen del órgano ejecutor del Comité Central. Consideramos que por más errores que haya cometido, políticamente no nos conviene debilitar al CP en este momento. Si debemos detutanarlo, hagámoslo en el Congreso. Pero mientras tanto lo necesitamos en condiciones de enfrentar al PRM y a la otra cosa, en lo que concluye el IX Congreso, que, por cierto, aún no se ha iniciado.

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