Hablan los hechos

Día Mundial de la Alimentación y los desafíos de la humanidad

Frei Betto

Un informe de la ONU divulgado el 13 de julio de 2020 expresa que en 2019 más de 10 millones de personas en el mundo ingresaron al infierno del hambre, que hoy alberga a 820 millones de seres humanos.

A ese número se pueden sumar más de 270 millones hasta fines del año. En cinco años, el incremento ha sido de casi 60 millones.

La desnutrición aumentó por cuarto año consecutivo en todo el mundo. Casi uno de cada 10 habitantes del planeta sobrevive con inseguridad alimentaria. Según OXFAM, 12 mil personas pueden morir de hambre cada día hasta fines del año 2020.

Dos mil millones de personas sufren de inseguridad alimentaria, o sea, no tienen un acceso regular a alimentos nutritivos en calidad y cantidad suficientes.

Cerca de tres mil millones carecen de medios para mantener una dieta que se considere balanceada, con una ingestión suficiente de frutas y legumbres.
Como promedio, una dieta saludable cuesta cinco veces más que la que solo satisface las necesidades de energía con alimentos ricos en carbohidratos. Así, aumenta la obesidad, tantos en los adultos como en los niños.

Es importante el destaque que le da el informe de este año a la calidad de la comida que se ingiere. Actualmente, una dieta saludable, variada y con los nutrientes necesarios resulta inalcanzable para el 38% de la población mundial, aproximadamente tres mil millones de personas.

Cerca de 104,2 millones de ellas viven en la América Latina y el Caribe.

Los niños son los más afectados por la carencia de alimentos y por la oferta de mala calidad. En 2019, 144 millones de menores de cinco años se vieron aquejados de atrofia del crecimiento, mientras otros 38,3 millones tenían exceso de peso.

El aumento del hambre y de la inseguridad alimentaria en este año se debe a la desaceleración de la economía global debido a la pandemia, agravada por las restricciones impuestas a la circulación de mercancías y personas, lo que ha hecho crecer el índice de desempleo.

Los gobiernos deberían haber adoptado políticas de protección social más eficaces. Las principales víctimas de esta coyuntura son las mujeres y los niños.
Una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es erradicar el hambre en el mundo para el año 2030. Con las tendencias actuales, las perspectivas de alcanzar el hambre cero son negativas.

De mantenerse dichas tendencias, el número de personas afectadas por el hambre superará los mil millones en 2030.

El único dato positivo es que no hay tanto atraso en el crecimiento físico (la altura) de los niños de cinco años. Entre 2000 y 2019, la cifra se redujo en un tercio. Más de un 90% de ellos viven en Asia o África.

En la América Latina y el Caribe, más de 47 millones de personas padecieron hambre en 2019. Es en esa región donde más aumenta la inseguridad alimentaria. Creció de 22,9% en 2014 a 31,7% en 2019.

Una fecha emblemática

El Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora el 16 de octubre desde 1981, se celebra actualmente en más de 150 países. Se trata de una fecha importante, porque constituye una oportunidad para concientizar a la opinión pública sobre cuestiones relativas a la nutrición y la alimentación.
Este año 2020, dos acontecimientos, uno positivo y otro negativo, marcan la fecha en Cuba: el positivo es la aprobación por el Consejo de Ministros del PLAN SAN, o Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional, que ya comienza a implementarse en todo el país.

El negativo es la pandemia de Covid-19, que Cuba ha enfrentado con su amplia red de protección sanitaria, lo que ha limitado el número de víctimas fatales, mientras el país avanza en la búsqueda de una vacuna eficaz, la Soberana 1.

Pandemia y subalimentación

«Comemos cada vez peor. Cada vez hay que eliminar algo más de los gastos de la familia para poder comer. Desde principios de 2020, nuestra vida ha empeorado mucho. Solo vamos al mercado cuando se nos acaba alguna cosa, ya no existe aquello de la compra del mesâ€Ö. Carne ya casi no comemos. Tengo miedo que vuelva el día de ‘hacer laxepaâ€Ö, porque no tenga dinero para comprar en la tienda». Xepa es la expresión que usan los brasileños para designar las sobras de productos en las ferias o el mercado.

Ese testimonio concedido al periodista Rodrigo Gomes por la trabajadora doméstica Denise Gonçalves, vecina de un barrio de la periferia de Sao Paulo, expresa lo que millones de personas sufren en Brasil con el aumento del precio de los alimentos en medio de la pandemia de Covid-19 y el desempleo, que alcanza a 13,7 millones de trabajadores.

El aumento del precio de los alimentos vuelve a amenazar con el hambre a las familias.

Según una investigación de la Asociación de Consumidores Proteste, el aumento de precio de los alimentos en los supermercados de Sao Paulo ya llegaba en mayo al 106%, en comparación con 2019. El arroz subió un 25,7% entre enero y agosto, y las existencias estatales se agotaron.

La reacción del gobierno Bolsonaro ha sido «pedirles patriotismo» a los supermercados y decir que debían reducir las ganancias derivadas del precio de los alimentos. Pero el presidente se ha negado a adoptar toda medida que pueda influir en la reducción de los precios.

Efectos en la América Latina

La América Latina y el Caribe albergan al 8,5% de la población mundial. Entre 2000 y 2020 el hambre se redujo casi a la mitad en los 33 países de la región. Según la FAO, de 73 millones de hambrientos pasó a 38 millones.

Ello se produjo gracias a los gobiernos progresistas que implementaron políticas sociales, redes de protección social, programas de alimentación escolar y de apoyo a la agricultura familiar.

Pero el retroceso comenzó en 2015, el mismo año en que se lanzó la Agenda 2030 de la ONU, cuyo Objetivo de Desarrollo Sostenible es «hambre cero».

El número de personas que viven con inseguridad alimentaria en la América Latina y el Caribe llegó a 43 millones en 2018.

Para 2020, la CEPAL prevé un aumento de 16 millones de personas en situación de pobreza extrema.

Esa realidad se ve plasmadaen el código de las Banderas Blancas adoptado ahora en varios países, entre los que se encuentran Perú, Honduras, Guatemala y El Salvador: la familia que carece de todo alimento coloca frente a su casa una telablanca en señal de que necesita un socorro alimentario urgente.

En el continente no faltan alimentos. Falta justicia. Hoy en día, 84 millones de niños en la América Latina y el Caribe dependen de la escuela para acceder a una buena alimentación.

De ellos, 10 millones solo ingieren una comida mínimamente nutritivagracias a la merienda escolar. Ahora el virus los alejadela escuela y los acerca al hambre.
La CEPAL y la OIT calculan que la Covid-19 dará por resultado más de 300 millones de pobres en la región, de los cuales 83 millones vivirán en situación de pobrezaextrema.

El PIB del continente debe disminuir un 5% debido a la paralización de los mercados internos, la disminución del flujo de las cadenas globales, la caída de los precios de las materias primas y la interrupción del trabajo informal de los migrantes.

La crisis elevará la tasa de desempleo a 11,5%, lo que significa 12 millones de nuevos desocupados en la región. Actualmente son 25 millones. A fines de este año serán 37 millones.

Hoy por hoy, de los 292 millones de trabajadores de la América Latina y el Caribe, 158 millones se desempeñan en el sector informal.

En los jóvenes entre 15 y 24 años, el índice llega al 62,4%. La pandemia ha provocado la pérdida del 80% de los ingresos de los trabajadores informales.

En el mundo, del 60%
Los gobiernos latinoamericanos y caribeños solo destinan el 0,7% del PIB a las poblaciones más vulnerables. Debería ser, como mínimo, el 3,4%, para garantizar la sobrevivencia de 214 millones de personas que ingresarán en las filas de la pobreza hasta finales de este año.

Los países más afectados serán Brasil, Argentina, México, Ecuador y Nicaragua.
Otra gran paradoja de nuestro mundo actual es que no solo aumenta el hambre.

La obesidad se ha convertido en una plaga que no distingue entre países ricos y pobres, del Norte y del Sur, desarrollados o no, ni conoce barreras de género o edad.

Es una amenaza globalizada. El sobrepeso y la obesidad han aumentado en todas las regiones sin excepción.
Cerca de dos mil millones de adultos -más del doble del número de personas con hambre※padecen de sobrepeso, así como alrededor de 207 millones de adolescentes y 131 millones de niños entre cinco y nueve años de edad. Casi un tercio de los adolescentes y adultos con sobrepeso son obesos.

La desnutrición en África

El grave impacto que está teniendo la pandemia de Covid-19 en la alimentación de la población del África Subsahariana ha puesto a 67 mil niños en peligro de morir de hambre antes de que termine el año (cerca de 426 al día), a menos que se adopten medidas de contención, alertó la ONG SavetheChildren, sobre la base de un estudio publicado por la revista TheLancet.

La ONG señaló que la inseguridad alimentaria se ha visto agravada en diferentes partes del continente africano por las inundaciones, las plagas de langostas y el aumento del precio de los alimentos, a lo que se ha sumado la pandemia, que ha paralizado la economía y destruido los medios de subsistencia de miles de familias.

De acuerdo a los primeros estimados que se han realizado, la pobreza debe aumentar un 23% en el África Subsahariana debido a la pandemia, y en 2030, el número de personas subnutridas en el continente podría llegar a 433 millones.

La organización SavetheChildren recuerda que en una situación de inseguridad alimentaria como la actual los niños corren un gran riesgo de sufrir de desnutrición aguda.

Ya antes del coronavirus había más de 26 millones de niños en África Oriental y Meridional que sufrían de desnutrición aguda grave, la forma más letal de la desnutrición.

Ahora, se estima que en África Occidental y Central 15,4 millones de niños menores de cinco años sufran de desnutrición aguda grave este año, lo que representa un aumento del 20% en relación con los datos anteriores.

Según explicó Ian Vale, director regional de SavetheChildren para África Oriental y Meridional, los «efectos devastadores» del virus ya se dejan ver en las personas más vulnerables del mundo.

«Las medidas adoptadas contra la Covid-19 diezmaron los medios de subsistencia y la producción agrícola, haciendo que los alimentos, cuando están disponibles, sean extremadamente caros. En pocas palabras, muchos padres y madres ya no pueden llevar comida a las bocas de sus hijos», resumió.

Incluso antes de la pandemia, el África Subsahariana era una de las regiones con la mayor inseguridad alimentaria del mundo, y existen temores que, de continuar las tendencias actuales, será el hogar de más de la mitad de las personas del mundo con hambre crónica.
«Cada día llegan más niños y niñas a nuestras clínicas con síntomas de desnutrición, y esto es solo el comienzo. Si esperamos a que las clínicas se desborden, será demasiado tarde», advirtió Vale, y señaló que «la crisis alimentaria puede matar a decenas de miles de niños si no reciben asistencia humanitaria inmediata».

Ante esa situación, SavetheChildren ya les proporciona alimentos y dinero a las familias más vulnerables, garantiza el acceso al agua potable y mantiene en funcionamiento sus programas de salud y nutrición en medio de la crisis del coronavirus.

Además, ha solicitado a los gobiernos y los donantes la movilización urgente de fondos para ayudar a los niños más pobres y vulnerables del mundo.

Olivier De Schutter, relator de la Organización de las Naciones Unidos (ONU), considera que las más de mil 400 medidas de protección social adoptadas por diferentes gobiernos han sido ampliamente insuficientes, y que 176 millones de personas deben sumarse a la población pobre mundial después de la pandemia.

Eso significa un crecimiento de 2,3% de la tasa de pobreza en comparación con un escenario sin la pandemia.

Las redes de seguridad social implementadas por varios gobiernos están, por lo general, llenas de agujeros. Las medidas suelen ser de corto plazo y no contar con suficiente financiamiento.
Miles de personas más pobres, que se encuentran en condiciones de trabajo precarias o sin residencia permanente, están excluidas de los programas de protección social.

Porque muchos programas, como el Auxilio de Emergencia adoptado por el gobierno brasileño, exigen que las inscripciones se realicen online, lo que de hecho excluye a una gran parte de la población, que no tiene acceso a internet o no cuenta con habilidades digitales.

Repensar la producción y el consumo

Según Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), «la pandemia ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestros sistemas de abastecimiento de alimentos, desde cadenas de valor complejas hasta impactos en nuestros ecosistemas. Pero también ha demostrado que las empresas y las personas están dispuestas a reconstruirlos mejor».

Esta crisis nos brinda la oportunidad de repensar radicalmente cómo producimos y consumimos los alimentos. Por ejemplo, reorientar el consumo reduciendo a la mitad el desperdicio de alimentos y adoptar dietas más ricas en vegetales son también herramientas poderosas de mitigación climática que podemos utilizar. A nosotros nos cabe aprovechar esta oportunidad y poner los sistemas alimentarios sostenibles en el centro de la recuperación verde.

Las 16 acciones identificadas en el informe incluyen perfeccionar los métodos de producción y reducir la emisión de metano de la industria pecuaria para así disminuir emisiones significativas.

No obstante, podrían alcanzarse reducciones mucho mayores con la adopción de dietas más saludables y sostenibles, que contengan una proporción mayor de alimentos vegetales en vez de animales. En la actualidad, todo plan climático nacional debe discutir de forma explícita la cuestión de las dietas.

Resolver la cuestión alimentaria no es solo un prerrequisito para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030.

La transición hacia producciones regenerativas y que absorban carbono, sumada a la adopción de dietas saludables, basadas predominantemente en los vegetales -que son baratos y accesibles※,así como la reducción a la mitad de las pérdidas y el desperdicio de alimentos, son acciones cruciales que deben incluirse en la agenda de los países e integrarse a sus planes de acción climática con objetivos claros.

En 2021, en el contexto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 15), los líderes globales podrían concluir un nuevo acuerdo para la naturaleza y las personas, y que detenga y revierta la pérdida de la biodiversidad.

La primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios también está prevista para 2021. Según el Secretario General de la ONU, Antônio Guterres, «transformar los sistemas alimentarios es crucial para alcanzar todas las metas de desarrollo sostenible».

Alimentación y combate al virus

¿La alimentación puede ser una aliada en el combate a la Covid-19? No existe ninguna evidencia científica que asocie directamente ese factor a la prevención o el tratamiento de la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus.
Sin embargo, se sabe que algunos nutrientes fortalecen el sistema de defensa del cuerpo humano.

Investigadores de la Universidad Médica de China publicaron en febrero de 2020 un resumen sistemático de otros estudios sobre potenciales intervenciones para el tratamiento de la infección.

Entre otros procedimientos, los autores sugieren la evaluación nutricional de cada paciente antes de administrarle los tratamientos generales. Y destacan la importancia, para infectados o no, de una dieta equilibrada en vitaminas (A, B, C, D y E), omega 3, hierro, zinc y selenio.

«Se reconoce que esos nutrientes son inmunomoduladores» explica Taís Lopes, profesora del Instituto de Nutrición Josué de Castro, de Brasil, y se encuentran, por ejemplo, en frutas, verduras y legumbres. Una alimentación variada, que combine alimentos in natura, mínimamente procesados y debidamente higienizados, puede ser la base de una dieta saludable y, con eso, garantizar la inmunidad del cuerpo.

La profesora recomienda que al buscar una fuente de nutrientes se privilegien los alimentos de estación que tengan su origen en productores locales.

Además de tener precios más accesibles que los productos que vienen de otras localidades, son más sabrosos y poseen más calidad. Si se cultivan de forma ecológica, sin el uso de fertilizantes químicos, fungicidas, insecticidas y herbicidas, garantizan también que no se acumule veneno en el organismo.
Innumerables investigaciones asocian el consumo de agrotóxicos a enfermedades como el cáncer y las malformaciones congénitas, así como a trastornos endocrinos, neurológicos y mentales.

La alimentación, derecho de todos

Un informe publicado en 2019 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que los números de la subnutrición volverán a subir en todo el mundo después de décadas de disminución, y que más de 820 millones de personas no tendrán acceso a una alimentación digna y adecuada.

En Brasil la situación no es diferente, e indicadores sociales recientes revelan que el país está de vuelta en el Mapa del Hambre (del cual había salido en 2014, según la propia FAO), con un 6,5% de su población en situación de pobreza extrema.

Datos del mes de septiembre revelan que este año volvieron a padecer hambre en Brasil 10 millones de personas.

La alimentación es un derecho indispensable para la sobrevivencia humana. «Las normas internacionales reconocen el derecho de todos a una alimentación adecuada y el derecho fundamental de toda persona a estar libre del hambre como prerrequisitos para la realización de otros derechos humanos», explica la profesora Taís Lopes.

Y añade: «la realización del Derecho Humano a una Alimentación Adecuada requiere la adopción de políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución, acceso, consumo de alimentos seguros y de calidad, promoción de la salud y de la alimentación adecuada y saludable en todos los niveles del país».

En tiempos de pandemia, la profesora destaca la importancia de que el Estado actúe de forma ágil, priorizando a las poblaciones más vulnerables.

«El acceso físico o económico a los alimentos debe darse mediante acciones de emergencia del Estado en conjunto con la sociedad civil organizada, garantizando el distanciamiento social necesario. El Estado también debe fiscalizar la venta de alimentos para evitar los precios abusivos», subraya.
Para aquellos cuyo derecho a la alimentación aún se respeta, resulta recomendable que se evite almacenar alimentos y desperdiciarlos. Lo que les sobra a pocos les falta a muchos. La sugerencia es hacer un menú semanal, planificar las compras y aprovechar íntegramente todo lo que se adquiera.
Vale recordar que después de comprar los productos es importante higienizarlos. Hipoclorito de sodio para lo que viene de la tienda o directamente del productor (frutas, verduras, legumbres, etc.), agua y jabón o alcohol al 70% para los envases que no son desechados.

Para eso es necesario algo básico: tener acceso a un agua de calidad en cantidad suficiente. El agua es necesaria también para cocinar los alimentos y para la hidratación.

Cuando respetar la cuarentena se torna fundamental para la salud colectiva, lacocina puede ser un refugio.

«La reclusión es una oportunidad para cocinar en familia, probar nuevas recetas, adquirir nuevos hábitos, experimentar con nuevos alimentos y desarrollar nuevas habilidades culinarias», expresa la profesora Taís Lopes.

Pandemia y desigualdad

Es cada vez más evidente que la Covid-19 es fuente de enormes desigualdades. Una de ella son los ingresos.
No todos han sufrido pérdidas; en realidad, hay quienes han ganado mucho, como el sector farmacéutico, el de tecnología de la información y el del crédito.

Mientras la mayor parte del planeta se sume en una de las peores crisis económicas debido a la pandemia, los ricos, como siempre, se vuelven todavía más ricos.

Según el sitio Business Insider, 32 de las mayores multinacionales del mundo aumentaron sus ganancias por un monto de 109 mil millones de dólares en relación con la media de los cuatro años anteriores, en los cuales ya habían alcanzado excelentes resultados.

La denuncia proviene de OXFAM, organización que se dedica a la reducción de la pobreza global.

Según OXFAM, la realidad es todavía peor que el número de infectados y de víctimas: las corporaciones han puesto su lucro por delante de todo, olvidando la salud de sus trabajadores y usando su influencia para moldear las estrategias políticas.

En Estados Unidos, 27 mil trabajadores del sector de la carne dieron positivo a la prueba y más de 90 murieron. Tyson Food, la segunda mayor procesadora y comercializadora de pollo, carne de res y cerdo del mundo, publicó un documento contra el cierre de sus unidades, a pesar de que ocho mil 500 de sus empleados adquirieron la enfermedad.

En la India, centenares de trabajadores de las plantaciones de té, en su mayoría mujeres, no recibieron salarios por la supuesta pérdida de entradas debido al virus. En realidad, algunos de los principales fabricantes aumentaron drásticamente sus ganancias.

Frente a esos ingresos sustanciales, a nivel planetario cerca de 500 mil millones de personas caerán en la pobreza por la situación de la pandemia; ya se han perdido 400 millones de puestos de trabajo, y de acuerdo a sindicatos internacionales, 430 millones de pequeñas empresas están en peligro.
Los grandes conglomerados asfixian cada vez más a los negocios a menor escala.

Entre 2016 y 2019, las 10 mayores marcas empresariales pagaron 21 billones de dólares en dividendos, el 74% de sus ganancias.

Desde el inicio de la pandemia, el valor de 100 grandes corporaciones globales creció en la bolsa de valores más de tres billones de dólares. Y 25 multimillonarios, entre ellos Bezos, de la Amazon, que se ha convertido en el hombre más rico del planeta, vieron aumentar su riqueza en 255 mil millones de dólares en el corto espacio de tiempo que medió entre mediados de marzo y finales de mayo de 2020.

Las empresas farmacéuticas tendrán márgenes de ganancia del 21% en 2020.
Ese dinero no se invierte en aumentar los puestos de trabajo, los salarios o la seguridad de los trabajadores. Acaba en el bolsillo de unos pocos privilegiados y sirve para presionar sobre otros mecanismos financieros, incluido el valor de las acciones.

Casi nada de esa riqueza se ha destinado a combatir la Covid-19 o a respaldar las ayudas gubernamentales prestadas a las poblaciones. Según OXFAM, las donaciones en este período solo llegaron al 0,5% de las ganancias de 2019.
Las vencedoras de la era posCovid-19 serán las grandes corporaciones y sus accionistas, que después distribuirán limosnas. De esa forma, el poder del Estado se debilita y la sociedad sale perdiendo.

OXFAM cree, por tanto, que ha llegado la hora en que los gobiernos encuentren maneras de reducir esas superganancias.
Pero para eso sería necesaria una revolución cultural y ética que sustituyera la lógica del «libre mercado» por la del compartir y la paridad de derechos, que es la realizada por Cuba.

Fuentes: Informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO); OXFAM; Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola; Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia(UNICEF); SavetheChildren; Programa Mundial de Alimentos; Organización Mundial de la Salud (OMS); Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); sitio Business Insider.

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