Opinión

La artesanía y su impacto en la economía

El sector artesanal nacional es un pilar en la generación de riqueza del país.

En la República Dominicana existen más de 12 mil 860 familias productoras de artesanías, con una calidad, variedad, belleza, elegancia y exclusividad que han conquistado el gusto de criollos y de extranjeros de diferentes continentes.

Algunas obras artesanales han sido premiadas y reconocidas mundialmente por la UNESCO, la Santa Sede y otros organismos.

Además, de los talleres que se dedican a la elaboración de las coloridas piezas que promueven nuestra cultura, costumbre y folklore, también existen unos 1,645 negocios –de entre 1 y 10 empleados- dedicados a la comercialización de artesanías en plazas, playas, carreteras, mercados y localidades como la Altagracia, Santo Domingo, Puerto Plata, Espaillat, Santiago, Monseñor Nouel, Samaná, Boca Chica y La Romana.

El Centro de Exportación e Inversión de la Republica Dominicana (CEI-RD) y la Dirección General de Aduanas (DGA) dan cuenta de que una importante cantidad de piezas elaboradas por nuestros talentosos artesanos son exportadas cada año a Estados Unidos, Puerto Rico, Europa y diferentes islas.

El gran mercado del sector está en el desarrollo y crecimiento del turismo dominicano. En 2017, el país recibió unos 7.4 millones de visitantes extranjeros: 6.4 MM de turistas y 1.5 MM de cruceristas, procedentes en su mayoría de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, España, Inglaterra, Italia, Rusia, Argentina y Brasil.

Para desarrollar y potencial el sector artesanal, país precisa con urgente de reglas claras, de promoción, financiamiento y de la organización y capacitación de los artesanos para que aprovechen al máximo los mercados nacional e internacional, sobre todo el hecho de las visitas de más de 7 millones de turistas al año, entre los que vienen por vía aérea y los cruceristas.

Hace falta una activa campaña oficial en contra de la «artesanía basura» o «engañosa» importada y un programa de creación de puestos de ventas oficiales de artesanías en puntos turísticos estratégicos, por ejemplo, aeropuertos, hoteles, etc. (Paradores Turísticos Oficiales de Artesanías).

Un gran reto por delante -insistimos- entre otros no menos importantes, es la aprobación en el Congreso Nacional de la Ley de Fomento, Desarrollo y Competitividad Artesanal, mediante la cual se relanzaría el sector, se acabaría con la piratería y garantizaría que las piezas que compren los millones de turistas que nos visitan cada año sean originales y elaboradas por artesanos dominicanos.

La aprobación en el Congreso Nacional del Ante-Proyecto de Ley sobre Desarrollo y Competitividad de la Artesanía dominicana constituiría un verdadero paso de avance para convertir a ese sector en uno de los más dinámicos y próspero de la economía nacional.

Inequívocamente, con la aprobación, promulgación y puesta en vigencia de esa iniciativa se protegería la producción artesanal criolla y se crearían clústeres de artesanos, Red de Proveedores y otras modalidades asociativas, mientras el Estado dominicano generaría cada año cientos de millones de dólares por concepto de ventas de dichos productos, tanto a los turistas que nos visitan cada año, como en el mercado internacional.

A esto se agrega la gran demanda que tiene en muchas partes del mundo las artesanías criollas hechas a base de madera, barro, ámbar, larimar, jícara de coco, cuero y piel, cerámica, higüero, guano, entre otros, cuyas exportaciones superan los US$370,000,000.00 millones de dólares al año.

Desafortunadamente, en la actualidad, más del 60% de los recursos que se generan en el país por la venta de artesanías va a parar a manos foráneas, debido a que una gran cantidad de las artesanías que se coloca y vende en el mercado dominicano es extranjera.

El comercio de las artesanías genera un comportamiento positivo de cerca de 400 millones de dólares al año, provenientes fundamentalmente de las compras que hacen los turistas que visitan al país y de exportaciones a Estados Unidos, Puerto Rico, Barbados y otras islas; a Canadá, Europa, Brasil, Argentina y otros destinos.

Paradójicamente, entre el 60% y 70% de esas artesanías provienen de importaciones desde varios países, por lo que la Ley de Artesanía vendría a propiciar un mecanismo de sustitución gradual de esa realidad, garantizando empleos a miles de artesanos y de dominicanos vinculados al sector.

En efecto, República Dominicana precisa del referido marco legal y de la puesta en vigencia de una cultura de producción de piezas artesanales en serie y, sobre todo, del incentivo a la asociatividad de los empresarios del sector mediante las modalidades de clústeres, grupos de eficiencia colectivas, Red de Proveedores y cooperativas.

Sin dudas, la puesta en vigencia de la Ley de Artesanía tiene una gran importancia, toda vez que esa actividad (bien apoyada y respaldada legalmente) puede aportar a corto plazo más de 30 mil nuevos empleos y cientos de millones de divisas al país. Solo una adecuada regulación y manejo de la Joyería Artesanal puede generarle al país mas de 1 mil 500 millones de dólares cada año.

Para tranquilidad de la Nación y, en especial, de los artesanos dominicanos, en el Capítulo IX, concretamente del articulo 38 hasta el 48 de la pieza, están los elementos fundamentales para dejar resuelto el dolor de cabeza del sello de origen y garantizar que el país y el sector realmente obtengan el 99% de los ingresos provenientes de la comercialización de las obras artesanales que se fabrican en la República Dominicana.

Para garantizar el fortalecimiento, desarrollo y competitividad del sector de la Artesanía dominicana hay que buscar, identificar y organizar a los artesanos dominicanos; priorizar la actualización del Registro y Operación de los Artesanos nacionales; coordinar y ejecutar programas efectivos y puntuales de entrenamientos, financiamientos, mercadeo, innovación y modernización a favor del sector.

Además, impulsar un programa masivo de formalización de los artesanos y de regularización de su producción durante todo el año, a los fines de que puedan estar en capacidad de satisfacer la demanda local e internacional.

Procurar -asimismo- la justa distribución de la explotación de Ámbar y Larimar que se hace en la República Dominicana, con el propósito de que se disponga que un porcentaje, de primera calidad de dichas materias primas, sea asignada al mercado local.

En ese mismo orden, disponer que un porcentaje de la producción de oro y plata en el país este asignada al mercado dominicano, para que sean usados como materia prima por los artesanos; organizar y participar activamente de Ferias Artesanales para dar a conocer las obras y los artistas, y promover, exhibir y vender la artesanía dominicana en todas las ferias del libro a nivel nacional e internacional.

También, garantizar que representaciones de artesanos y sus obras estén siempre presente en todas las Ferias Internacionales a que acuda el Ministerio de Turismo y priorizar la Producción en Serie de Obras Artesanales locales que cumplan con criterios de identidad, calidad, sostenibilidad e innovación, y el fomento de clústeres.

De igual manera, promover modelos asociativos entre los artesanos y sus negocios (clústeres, grupos de eficiencia colectivas, cooperativas y red de proveedores, entre otros), a los fines de producir más, con mayor calidad, aprovechar las demandas del mercado, abaratar los costos, homogeneizar precios, prácticas y formalizar negociaciones atractivas y exitosas con guías, tour operadores y hoteles.

En ese mismo orden, seleccionar los artículos con mejores cualidades estéticas y mayor demanda, para ser incluidos en catálogos y en la producción nacional masiva y diseñar y crear las obras artesanales de interés para los más de 6 millones de turistas que nos visitan cada año y que son potenciales compradores. Los regalos y recuerdos en tamaños pequeños (souvenir), las joyas elaboradas con productos autóctonos de cada pueblo, las piezas con rasgos étnicos y las figuras con motivos indígenas serian excelentes y atractivas propuestas.

Otras medidas puntuales son precisar y velar por el Sello de Origen para garantizar que el sector obtenga el 99% de los ingresos de las ventas de las obras artesanales que se fabrican en el territorio nacional; garantizar la protección de la Denominación de Origen y las Certificaciones de las Obras e institucionalizar el Concurso Nacional de Calidad Artesanal cada año, cuya fecha de entrega de premios coincida con la celebración del Día del Artesano.

Además, declarar la obligatoriedad de la Certificación de los Productos Artesanales; imponer sanciones en los casos que se comercialice el producto artesanal sin la debida certificación y erradicar y prohibir definitivamente la venta de artesanía engañosa.

Finalmente, disponer que las instituciones públicas (incluidos los planteles escolares y centros de salud) adquieran una buena parte de las obras artesanales producidas en el país, a los fines de que las mismas se puedan observar en todas las oficinas y recepciones, lo que servirá de estímulo, apoyo y promoción al sector.

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