Opinión

Lo biológico, lo social y la política

A propósito de la ola mundial desestabilizadora acarreada por la pandemia del coronavirus, se constata la grave repercusión socioeconómica que ese minúsculo germen microbiano ocasiona en las distintas esferas ambiental, financiera, y por defecto, también en el terreno político.

Nada ni nadie escapa a la potencialidad de ser infectado por el novel agente viral. El gigante norteamericano de venta en línea, el archiconocido Amazon, reportó el jueves 1ero de octubre de 2020 la afectación de unos veinte mil de sus empleados, a pesar de las medidas de seguridad llevadas a cabo en cada uno de su 1,372,000 trabajadores de primera línea.

Es doloroso lo que sentimos cuando leemos en la esquela de los diarios la noticia de un amigo de antaño, que viaja hacia la eternidad con franquicia expresa donada por la COVID-19.

Las ciudades capitales europeas de Madrid, París y Londres que pensaban haber despedido a la indeseada enfermedad, notan con sorpresa el cruel retorno de la temible dolencia.

La catástrofe económica, hija directa de la pandemia, se manifiesta como la mala hada mágica que todo cuanto toca lo daña. Como medida estratégica para reducir la velocidad de transmisión del agitado curso universal de la terrible guadaña asesina se han decretado cuarentenas en diversas regiones y países con una neta disminución de la producción e intercambio de bienes y servicios en la comunidad internacional.

Muchas naciones que ayer redoblaban los esfuerzos por aumentar la generación mercantil de repente han tenido que reprogramar la distribución de sus presupuestos, reasignando fondos con preferencia para el área sanitaria.

Si no logramos dominar el aniquilador tsunami viral a tiempo, pagaremos serias consecuencias por no haber tenido la audacia que las circunstancias demandaban.
La clave maestra requerida para elaborar, coordinar, ejecutar y dar seguimiento a las acciones sanitarias conjuntas que la grave situación exige, se encuentra ubicada dentro del resbaladizo terreno político estatal.

Sorprende imaginarse una partícula biológica tan diminuta, solamente visible al ojo humano por medio del microscopio electrónico, y que, sin embargo, mantiene en vilo a toda la especie humana. Cuatro generaciones han transcurrido desde que aconteció la pandemia de la mal denominada Influenza española de 1918; esta vez arranca en el continente asiático, siguiendo por Europa, América, y así hasta copar el resto del planeta.

El Sars-CoV-2 viene teniendo una fuerza semejante a la gravitación newtoniana; o nos entendemos todos en un idioma común para actuar al unísono, tocando la misma melodía, o seremos testigos de una cifra de víctimas mortales jamás vistas, ni siquiera comparable a las ocurridas durante las dos últimas guerras mundiales. El asunto fundamental no es donde empezó la epidemia, sino donde y cuando va a terminar la pandemia.

Los conductores de la política deben jugar su rol de actores principales, a fin de integrar a sus pueblos en el frente de guerra sanitario. Estamos convocados a una gran batalla por la vida. No hay otra alternativa que pelearla con sabiduría, coraje y valentía.

Es la supervivencia global lo que está en apuesta. La existencia humana está amenazada de muerte, debemos aceptar el grave reto.

Lo biológico corre peligro, la sociedad se contornea de dolor y sufrimiento, sin embargo, los poderes fácticos mundiales no terminan de arribar al consenso salvador. Unidos venceremos la peste viral.

Concentrando los esfuerzos cantaremos victoria, una vez yugulada la Covid-19. Los líderes políticos globales tienen la palabra.

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