Opinión

En 24 años (1990-2014), más de 300 mil personas promedio por día se incorporan a las tecnologías de la información y las comunicaciones. Esta impresionante interconexión de ciudadanos como usuarios de esta herramienta de la comunicación y el conocimiento, ha hecho posible un cambio en la vida, la salud, la riqueza y las relaciones entre individuos, naciones y continentes.

El último informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo especializado de las Naciones Unidas, responsable de regular las telecomunicaciones a nivel internacional, ha arrojado que el 39% de la población mundial (2,700 millones de personas), estarían utilizando internet a finales del año 2013. El informe revela que Europa registra la penetración de internet más elevada (75%), las Américas 61%, los Estados Árabes 38%, la Comunidad de Estados Independientes 52%, la región Asia Pacífico 32% y África 16%.

Este impresionante auge en el uso de las tecnologías ha sido utilizado como un medio para el desarrollo y el crecimiento económico y en ocasiones como herramienta para la ciberdelincuencia y el ciberterrorismo. Esto también se extiende a todos los campos del desarrollo: con el acero podemos construir hospitales y salvar vidas, pero se fabrican tanques de guerra para destruir comunidades y eliminar poblaciones; la energía nuclear puede utilizarse para iluminar ciudades y también para destruirlas. Casi todo lo que la naturaleza le ha proporcionado al hombre para la subsistencia se ha utilizado para el bien y para el mal. Para construir y destruir.

El hecho de que más de 2 mil millones de personas estén conectadas a Internet, indica la gran influencia que ejerce esta herramienta en casi todas las decisiones que norman la vida y la conducta de los ciudadanos y los Estados. Hillary Clinton, en su libro “Decisiones difíciles”, cuenta que “en Kenia, los agricultores vieron crecer sus ingresos en un 30 por ciento después de usar teléfonos celulares para servicios de banca móvil y para aprender a proteger mejor sus cultivos de las plagas. En Bangladesh, más de 300 mil personas se inscribieron para aprender inglés en sus teléfonos celulares”. Varios estudios revelan que si se incrementa en un 10 por ciento el uso de los celulares, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante podría incrementarse entre 0.6 y 1.2 por ciento.

En el caso de los Estados, la tecnología ha revolucionado la Diplomacia. “Hoy se habla de la Diplomacia Digital como uno de los temas más relevantes en el nuevo escenario de las relaciones internacionales”, comenta Juan Luis Manfredi, profesor de la Universidad de Castilla, La Mancha.

La labor de protección, representación, negociación y promoción de intereses de un Estado respecto a otro, que es la esencia de la Diplomacia, en el nuevo entorno digital ha creado nuevos retos y desafíos en relación al comercio, la confidencialidad y la seguridad.

La Diplomacia digital, según Jean Luis, “tiene que ver con la capacidad que tienen las tecnologías de romper las estructuras jerárquicas y desintermediar los asuntos de la escena internacional, ya que las redes sociales generan nuevas oportunidades para la participación de otros actores que no son los Estados”.

Múltiples son los ejemplos de la participación de los ciudadanos, que reclamando sus derechos de libertad, democracia y bienestar social han impactado en las relaciones internacionales y la Diplomacia: los jóvenes brasileños salieron a las calles a protestar por reivindicaciones sociales y una mejora en la calidad de la democracia; en España la campaña de un grupo de jóvenes convocados por las redes sociales, denominada “juntos podemos” ha creado un gran impacto en términos políticos y sociales; los mexicanos han reclamado espacios alternativos en los medios audiovisuales; los chilenos, los hindúes y los israelíes dan a conocer sus demandas y reclaman la intervención de la comunidad internacional; la primavera árabe, que derrocó los gobernantes de Túnez, Egipto, Libia y las protestas en una decena de países del Medio Oriente son acontecimientos que involucraron actores de la sociedad civil que impactaron la Diplomacia internacional a través de las redes sociales.

“El Estado va dejando de ser el único actor de las relaciones internacionales, como lo fue a partir de la Paz de Westphalia para abrir espacio a la participación de amplios sectores de la población, sector privado nacional, corporaciones y empresas transnacionales, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales. Con la utilización masiva de las redes la diplomacia digital llega a sectores no corporativos ni especializados, sino a toda la población”, explica Alejandra Victoria Liriano, en un artículo publicado en el periódico Diario Libre.

El mundo se encamina a la hiperconectividad. Esto representa una gran oportunidad para el desarrollo de las naciones e implica nuevas formas de ejercicio del poder, de las relaciones entre gobernantes y gobernados y sobretodo de la Diplomacia. Los norteamericanos han definido un nuevo concepto denominado “poder blando” para describir la capacidad de influencia de un Estado en las acciones de otros actores tomando en cuenta la cultura, la ideología y los medios diplomáticos.

El mayor exponente de este concepto es el profesor de la Universidad Harvard Joseph Samuel Nye Jr, cuando expresa que “la revolución de la información está alterando drásticamente el mundo de la política exterior (…) Está cambiando la naturaleza de los gobiernos y la soberanía, incrementando el poder de los agentes no estatales y ampliando la importancia del poder blando en la política exterior”.

Los acontecimientos políticos supra indicados, obligan a los Estados a reenfocar la Diplomacia, utilizando las herramientas que ofrece la Internet para lograr los objetivos definidos en su política exterior.

La Internet se ha convertido en la plaza global del siglo XXI y los diplomáticos y la diplomacia digital deben estar ahí, trabajando e interactuando de manera inteligente con los ciudadanos.

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