Efemérides

Los restauradores toman el control de casi todos los pueblos del Cibao

SANTO DOMINGO, el 31 de agosto de 1863, durante la Guerra de la Restauración, las fuerzas restauradoras continuaron su avance contra las tropas militares del Gobierno de la Anexión.

El “Manual de Historia Militar Dominicana”, registra que para el 31 de Agosto prácticamente todos los pueblos del Cibao se encontraban bajo el control de los restauradores, incluyendo Moca, en donde se tuvo que recurrir al incendio para obtener la rendición de la guarnición española destacada allí, la cual resistió el ataque de los criollos desde las 10:00 horas hasta las 15:00 horas, después de haber perecido la tercera parte de la guarnición.

“Todo estaba preparado para el enfrentamiento de los dos ejércitos disímiles: uno con tecnología más avanzada en su armamento, más disciplinado y el otro, más numeroso y con la firme voluntad de restaurar la Independencia Nacional”.

El informe militar precisa que esa fase se caracteriza porque el conflicto adquiere ciertos visos de convencionalidad, pues las fuerzas insurgentes combaten en condiciones similares a las del Gobierno, aunque persiste el método de Guerra de Guerrillas.

En el caso de la Guerra de la Restauración, después de las victorias de los dominicanos, en los combates de la línea noroeste, a partir del 16 de agosto, el general Gaspar Polanco reunió aproximadamente unos 6,000 hombres con quienes se dispuso a avanzar hacia Santiago.

Enterado el Gobernador Manuel Buceta de estas actividades se preparó para hacerle frente con el siguiente dispositivo: una compañía del Batallón Victoria; una compañía del Batallón San Quintín, 77 jinetes del Escuadrón de Africa, un obús de la batería de Montaña y voluntarios del país. Además del brigadier Buceta, iban como jefes de las tropas españolas los generales Abad Alfau y José Hungría.

El mismo día 31 de agosto se encontraron las fuerzas en Gurabito, Santiago de los Caballeros. El informe militar anota que “A las 11:00 horas, los patriotas restauradores lanzaron un sorpresivo ataque que encontró desprevenidos a los españoles, cuya caballería, comandada por los capitanes Ríos y Albert, había resultado una digna rival en la Batalla de Guayacanes, se replegó ante la embestida de los macheteros dominicanos dejando las unidades de infantería y la pieza de artillería a merced de los patriotas restauradores, quienes no vacilaron en atacarlos ferozmente, obligándolos a replegarse y capturando el obús”.

A su vez, las fuerzas del General Gaspar Polanco se apoderaron de las avenidas de aproximación quedando los españoles reducidos en el Fuerte de San Luis, El Castillo y la Cárcel Vieja.

El mismo día 31 de agosto, llegó a Puerto Plata, el vapor Isabel II, con otros refuerzos militares españoles, esta vez procedente de la Habana, Cuba. Antes se habían producido otros desembarcos en Puerto Plata: uno el día 27 procedente de Cuba y otro el día 30, de Puerto Rico.

También llegó a Puerto Plata, procedente de Santo Domingo, en el vapor Hernán Cortés, el Coronel Mariano Cappa, enviado por el general Ribero con orden de organizar una columna y marchar sobre Santiago, mientras el general Pedro Santana organizaba la gente de El Seibo, para establecer el cordón que debía contener la revolución dentro de los límites del Cibao, cuyo mando superior había sido confiado al General Antonio Abad Alfau desde el 24 de agosto, cuando el General Ribero declaró el estado de sitio en el territorio dominicano como reacción a los triunfos de los restauradores.

El historiador José Gabriel García anota que el Coronel Cappa formó su columna con los batallones de Puerto Rico y cazadores de Isabel II, dos compañías del Batallón de Cuba, cuatro de la Corona, dos piezas de montaña y cien hombres de las reservas dominicanas al mando del general Juan Suero, que iniciaría su marcha el día 1 de septiembre.

El 30 de agosto las fuerzas restauradoras al mando del coronel Santiago Sosa habían tomado el control de Moca.

Una versión de la época destaca que la guarnición española que representaba al Gobierno de la Anexión en Moca, se defendió con denuedo, “primero en el cuartel y después en la iglesia”, cuyos edificios fueron incendiados.

El historiador José Gabriel García anota que Moca había caído desde el 30 de agosto en poder del coronel Santiago Sosa, á quien acompañaban los comandantes Pedro y Juan de Jesús Salcedo, y el intransigente Manuel Rodríguez, acusado de salvaje crueldad, entre otras cosas, por no haber dado cuartel ni al comandante Félix Sosa, ni al teniente de San Quintín que mandaba las fuerzas vencidas.

“Todo el Cibao, en fin, estaba en armas, y la bandera del 27 de febrero de 1844, desplegada en Capotillo el 16 de agosto de 1863, por los merodeadores de las fronteras, que como por encanto se habían convertido en ejército revolucionario, iba recuperando, una á una, en marcha triunfal, las astas gloriosas de donde había sido arriada violentamente el 18 de marzo de 1861”.

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