Opinión

El liderazgo electoral está referido a la ascendencia lograda sobre los votantes para ganar los comicios. El líder electoral proyecta imagen, simpatía y cercanía con el elector. A esos fines prepara su forma de vestir, comportarse y comunicación verbal y gestual.

En cambio, el líder político es otra cosa de mayor significación; expresa las necesidades de la población o un sector de ella. Ambos liderazgos se apoyan en un partido político y el partido en sus líderes políticos.

Sobre el liderazgo político Juan Bosch nos dice, en su artículo “Función del Líder”, “el partido hace a sus líderes en la misma medida en que éstos hacen al partido y líderes y partido hacen como una unidad al mismo tiempo y mientras llevan a cabo la tarea de crearse a sí mismos…” (julio 1972 y nov. 1987).

Esa fue su respuesta a la voracidad que predominaba en dirigentes perredeístas aspirantes a posiciones electivas y de gobierno que buscaban enfrentar a Peña Gómez con Juan Bosch; para eso susurraban al primero que él era el líder del PRD, no Bosch; esa conducta era estimulada por los mismos, con nombres y apellidos, que hoy lo hacen con Danilo y Leonel. Les decían líder a Peña Gómez y se llamaban también «líder» entre ellos, aun lo hacen.

Gobernar no es disfrutar el glamour de la posición. Se gobierna para hacer lo que se espera del partido de que se trate, Bosch explica: “…todo partido político existe en la conciencia de una parte del pueblo antes aún de que se forme, y a menudo sin que esa parte del pueblo haya sabido que ella tenía las ideas de ese partido”.

El PLD y el PRD expresan cada uno «la conciencia de una parte del pueblo». El primero llena su espacio y se comporta como una fuerza organizada, realizando sus tareas y gobernando al país en la dirección, en principio, esperada. El último, el PRD, tiene en su seno una lucha entre sus principales dirigentes que lo ha llevado a crear un vacío político, el cual no puede ser llenado por el PLD, aunque quiera.
El PRD es esa parte del pueblo que vive en el desorden y atraso, incapaz de creer en el progreso y lleno de desconfianza por vivir en el engaño; para dirigirlo es difícil porque hay que ser como ellos.

Tampoco ha emergido una fuerza política que sustituya al PRD en esa parte del pueblo. Para salirse de esa condición, esa parte del pueblo, lo hará cuando eleve su nivel de conciencia a otro estadio de progreso y desarrollo.

El PLD, en cambio, tiene otra disyuntiva. Ha sido exitoso gobernando al lograr estabilidad macroeconómica y crecimiento permanente, pero eso lo puede hacer un partido de centro derecha. Sin embargo, «la conciencia» de la parte del pueblo que representa el PLD, es progresista y está a la espera de que el Partido y sus líderes asuman la «guerra a la desigualdad»; cuando ese camino se tome habrán liderazgos consolidados e históricos.

El autor es miembro del Comité Político del PLD, ex Rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y ex Ministro de Interior y Policía.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas