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Una mirada a la geopolítica mundial

La coyuntura internacional coloca en alto relieve la forma en que la economía norteamericana declina en la competencia mundial, mientras en el plano político a los Estados Unidos se le hace cada día más difícil imponer las reglas de juego.

La nota predominante de la actual coyuntura internacional es que la economía norteamericana declina en la competencia mundial y en el terreno político le resulta cada vez más difícil a Estados Unidos imponer las reglas de juego.

El mundo unipolar, con Estados Unidos a la cabeza, surgido de la caída del Muro de Berlín devino en unos cuantos años en un mundo multipolar como consecuencia del declive de la economía estadounidense, el surgimiento de nuevas potencias económicas, el fracaso de la política exterior de la gran nación del norte de América y la crisis del pensamiento único.

El planeta vive una particular coyuntura de complejidad e incertidumbre como resultado de la interacción de los actores fundamentales de la geopolítica y la economía global, que ha provocado cambios importantes en las relaciones de poder, lo que a su vez presiona un proceso de recomposición geopolítica a escala planetaria. Vivimos en pleno proceso de definición del ordenamiento mundial del siglo XXI.

La nota predominante de la actual coyuntura internacional es que la economía norteamericana declina en la competencia mundial y en el terreno político le resulta cada vez más difícil a Estados Unidos imponer las reglas de juego. El aporte actual de las economías emergentes como motores del desarrollo global en el marco de la crisis que afecta al mundo, el “retiro sin triunfo” de las fuerzas militares de Estados Unidos en Irak después de más de una década de ocupación, los reveses sufridos por sus políticas en Oriente Medio y el Asia Central, así como el fracaso de su estrategia de asociación con los países de América Latina y el Caribe son ejemplos contundentes de lo que acabamos de decir.

En 1945, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos aportaba el 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. En el año 2000 dicho aporte era del 31% del PIB mundial, en el 2005 del 28.2% y en el 2011 del 21.1%. Como puede observarse, la tendencia ha sido hacia la baja. Algo parecido ha ocurrido con sus exportaciones mundiales de bienes, que pasaron del 21.7 % en 1948 a 8.6% en el 2006.

Estados Unidos padece actualmente de lo que algunos denominan déficits gemelos, esto es, la combinación de un déficit fiscal (U$680 mil millones) y un déficit en la balanza comercial (U$534 mil millones). Para financiar sus altas importaciones (12 por ciento del total mundial, la más alta), este país tiene que recurrir al endeudamiento tanto interno como externo. La deuda estadounidense alcanzó los 15.9 billones de dólares en el 2012 (103 % del PIB), siendo China su principal acreedor.

Esta situación ha provocado cierto declive en el valor del dólar estadounidense, así como serios cuestionamientos en relación a su sostenibilidad como patrón de cambio. De hecho la desconfianza ha generado una tendencia a la sustitución del dólar en el intercambio comercial entre algunos países, sobre todos los de economías emergentes, al tiempo que como medida precautoria muchos diversifican la composición de sus reservas internacionales, tendencia ésta que constituye una seria amenaza para la economía de Estados Unidos y su estatus como superpotencia, pues sin la ventaja que da la capacidad para imprimir dólares en forma ilimitada este país jamás podría mantener sus actuales niveles de importaciones ni su enorme gasto militar, con lo que quedaría seriamente comprometida su influencia política en el mundo.

EL PESO CRECIENTE DE LAS ECONOMÍAS EMERGENTES

Los países emergentes son aquellos, dentro del grupo de los subdesarrollados, con economías de gran tamaño que registran un fuerte ascenso por el nivel de su producción industrial y sus ventas al exterior, factores que los colocan como competidores de las economías más grandes y les asignan un cierto peso en la economía mundial por sus aportes al producto global.

Uno de los rasgos distintivos de la última década es el hecho de que las economías emergentes han experimentado un ritmo de crecimiento significativamente superior al de las economías más avanzadas, lo que ha aumentado sus aportes al PIB mundial y su participación en el comercio, la inversión directa y los mercados financieros internacionales. Así, la tasa promedio de crecimiento del PIB de los países más desarrollados durante el período 1980-2000 fue de 2,9%, mientras que la de los países emergentes fue de 3,6%. Sin embargo, en el período 2000-2010 las tasas promedio de crecimientos fueron de 1,9% y de 6,2% respectivamente, diferencia que se mantendrá sin grandes variaciones, según todas las proyecciones, al menos hasta el año 2015.

El alto nivel de crecimiento de las economías emergentes elevó su participación en el PIB mundial del 33% en el 1990 al 47% en el 2010. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, más de la mitad del producto global se generará en estos países.

Entre los países emergentes una mención especial merecen los del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), los que conforme a las previsiones del FMI liderarán el crecimiento económico durante el 2014.

Estos cinco países son los que más han crecido y los principales responsables del aumento del peso específico de las economías emergentes. En el período 2000-2010 Brasil creció a un ritmo de 3,7%, mientras que India lo hizo a un 7,1%. China, por su parte, mantuvo una tasa de crecimiento promedio del 10 por ciento desde los años 80. En el 2011 el BRICS aportó el 19,8 % del PIB mundial, menos que Estados Unidos, pero un poco más que Europa.

El bloque BRICS representa 2,784 millones de seres humanos (1,300 millones China, 1,100 millones India, 190 Brasil, 143 Rusia, Sudáfrica 51), o sea, más del 40% de la población mundial, así como el 29,6 % de la superficie del planeta. Todos juntos poseen el 40% del oro y las divisas fuertes del mundo. Rusia, China e India son potencias nucleares.

Vistos individualmente, el peso específico de estos países es también importante. Rusia, por ejemplo, es el país más grande del mundo, con una extensión por encima de los 17 millones de kilómetros cuadrados, ocupando todo el norte de Asia y el 40 por ciento de Europa. Rusia es el principal proveedor de gas de Europa, la segunda potencia militar del mundo (superada sólo por Estados Unidos) y la poseedora de las mayores reservas de recursos energéticos y minerales del mundo todavía sin explotar. Actualmente ocupa la séptima posición entre los países más desarrollados del mundo.

La economía China, por su parte, se ha mantenido como la más dinámica del mundo durante las últimas tres décadas, escalando en tiempo record la segunda posición en el ranking de las economías más desarrolladas del mundo, por encima de Alemania y Japón. Su aporte al PIB mundial pasó del 4% en el año 2000 al 12.2 por ciento en el año 2012. En el año 2011 las exportaciones chinas representaron el 10,4 por ciento de todas las exportaciones del mundo, contra un 8,1 por ciento de Estados Unidos. El gigante asiático posee la mayor reserva del mundo en dólares (30% del total) y es el segundo productor manufacturero. Según todas las proyecciones, para el 2017 China habrá desplazado a Estados Unidos como la principal economía del mundo.

China es el mayor receptor de inversión extranjera directa en el mundo. De enero a diciembre de 2013, según las estadísticas oficiales, China aprobó la instalación de 22.773 nuevas extranjeras. El monto de la inversión extranjera durante ese período fue de 117.586 millones de dólares, para un crecimiento del 5,25 %.

Al mismo tiempo, por sus necesidades de recursos energéticos y de acceso a marcas y tecnología de punta, China ejecuta un ambicioso programa de inversiones en el exterior, lo que deja ver con mayor claridad las repercusiones globales que está teniendo el desarrollo económico del gigante asiático. Este es, sin duda, uno de los hechos más relevantes, notorio y conflictivos del surgimiento de china como una potencia económica mundial.

En el año 2012 las inversiones del gigante asiático en el exterior subieron un 17.6% con respecto del año anterior, hasta los 87,800 millones de dólares, según cifras oficiales, superando el ambicioso objetivo de incrementar las inversiones directas en el exterior a un ritmo del 17% anual hasta el 2015, para sobrepasar en esa fecha los 150,000 millones de dólares anuales. El total acumulado de participaciones chinas en el exterior representaba a finales de 2012 los 531,900 millones de dólares, por lo que se situaba en la tercera posición entre los grandes inversores del mundo, según los datos del gobierno.

Por su parte, entre 2009 y 2010 el monto de los préstamos otorgados por el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Importaciones y Exportaciones, ambos estatales, alcanzaron los 110,000 millones de dólares. En el contexto de la crisis europea, China adquirió bonos de España, Portugal, Grecia, Italia e Irlanda. Las inversiones de China en todo el mundo alcanzan cifras impresionantes.

El espectacular desarrollo de China originó profundos cambios en su estructura económica, generando en particular nuevas necesidades energéticas y de materias primas. Por ejemplo, de país exportador de petróleo que era en los años ochenta, el país asiático pasó a ser el segundo consumidor del mundo y el tercer importador de crudo en el 2012, después de Estados Unidos y Japón. Estas necesidades de recursos naturales del exterior para seguir alimentando su ritmo de desarrollo las encontramos en el sector del gas natural, la minería o la agricultura. Esto ha convertido a China en uno de los grandes motores de la economía mundial.

Según cifras del Ministerio de Comercio, de enero a noviembre de 2013 el volumen total de importación y exportación de China fue de 3,8 billones de dólares. De la cifra total, la exportación fue de 2.0 billones de dólares (un aumento de 3,8%) y la importación de 1.8 billones de dólares (un incremento de 7,1 %).
En el año 2011 china fue el principal proveedor de la Unión Europea y el segundo país de destino de todas las exportaciones de la eurozona (9% del total, igual que Suiza).

En el 2013 las exportaciones chinas a Estados Unidos totalizaron 418.667.272.256 millones de dólares. A su vez, China es el tercer destino de las exportaciones de Estados Unidos (7.2%), superado solo por Canadá y México (19.4% y 12.8%, respectivamente). El año pasado Estados Unidos tuvo un déficit en el intercambio comercial con china que alcanzó el nivel record de los 318,400 millones de dólares.

Asimismo, el comercio entre China y América Latina y Caribe se multiplicó por 22 entre 2000 y 2012, con saldo negativo para la región, según la CEPAL.

“Los vínculos comerciales y de inversión entre China y América Latina y el Caribe han seguido expandiéndose. En 2010, el valor del comercio bilateral se acercó a los 200.000 millones de dólares, y durante la década pasada la región fue el socio comercial más dinámico de China. China se ha convertido en un socio comercial clave para la región”.

“Ya es el primer mercado de destino de las exportaciones del Brasil y Chile, y el segundo del Perú, Cuba y Costa Rica. También es el tercer país entre los principales orígenes de las importaciones de América Latina y el Caribe, con un valor que representa el 13% del total de las importaciones de la subregión y, a su vez, América Latina y el Caribe se ha transformado en uno de los destinos más destacados de la IED china” (China y América Latina y el Caribe, hacia una relación económica y comercial estratégica, marzo 2012, páginas 11 y 12).

Conscientes de su poderío económico, el grupo BRICS se propuso desde el principio liderar la transición del mundo hacia un orden mundial multipolar, regido por instancias internacionales renovadas y eficaces, que aseguren una participación más democrática de los distintos actores mundiales y resuelvan lo que denominan “crisis de regulación a nivel global”.

En el ámbito postcrisis mundial los cinco países pretenden erigirse en centro de poder alternativo al bloque occidental y en fuerza impulsora de cambios sustanciales en la estructura monetario-financiera y en el régimen económico internacional para hacerlo “más democrático y justo”.

La crisis financiera que se desató en Estados Unidos y que comenzó a afectar al mundo a partir del 2008 se encargó de poner en evidencia las limitaciones de las instancias rectoras de las relaciones económicas del mundo para hacerle frente a la difícil situación, lo que motivó la conversión del G 8 en G 20. Aunque este último grupo existía desde 1999 en forma paralela al primero, no cabe duda de que las principales potencias le asignaban un rol secundario y que a partir del 2008 se vieron precisadas a compartir el liderazgo internacional con los países emergentes, en franco reconocimiento de su peso económico, vale decir, del cambio en la correlación de fuerzas a nivel global.

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