Opinión

Con Territorio de Espejos José Rafael Lantigua viene a recordarnos que más que cronista de libros, funcionario público, relacionador y publicista, es esencialmente poeta. Irónicamente, su nombre no se asocia lo debido a su verdadera condición, y es justo decir que en nuestro ambiente abundan los que se consideran exponentes superiores del verso que no se acercan a este autor mocano nacido hace 64 años.

Una impronta muy personal no impide que encontremos en Territorio de Espejos las huellas de lecturas entusiastas de Rilke, Byron, Apollinaire, Mallarme, Huidobro, Neruda, Vallejo, Pessoa, Paz y Manuel Rueda, para solo mencionar algunas de las influencias visibles, que ubican al autor en un universo que contribuye al deleite estético del lector.

El recién publicado poemario de Lantigua se nutre también de vivencias, lo que hace que, tal vez sin proponérselo, plasmara poéticamente parte de sus memorias, concernientes a sus recorridos por el mundo, como un cosmopolita que va leyendo en rostros, monumentos y paisajes, la poesía que está en todas partes y que suele escaparse a la vista del hombre común.

Autores como Lantigua, que como Contín Aybar, Comarazamy, Mora Serrano, Rosario Candelier, y más recientemente Fornerín, han promovido lo mejor de nuestra literatura, muchas veces carecen del mismo calor mediático. La ingratitud es así. ¿Quién podría negar el aporte de la sección Biblioteca, nacida en El Nuevo Diario, continuada en ULTIMA HORA y consagrada en Listín Diario?

El Libro Vive no tiene más interés que reconocer lo verdaderamente valioso. Y en Territorio de Espejos el también autor de Los Júbilos Íntimos (2003) nos brinda unos textos a tono con la gran poesía contemporánea, con dominio del verso libre y la prosa poética.

Quien lee “La voz desafía el pasado/ y su huella”, termina “En aquella primera simpatía/ que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre”.

Territorio de Espejos, Ediciones Centeno.

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