Medio Ambiente

La lucha por la preservación del medio ambiente se ha convertido en uno de los movimientos más impactantes de las últimas décadas. Lo que en sus inicios se presentó como una acción de jóvenes rebeldes del movimiento hippy contra el modelo de consumo de las sociedades desarrolladas, poco a poco fue incorporando otros contenidos y diferentes sectores sociales hasta transformarse en lo que es actualmente, un movimiento de carácter global solo equiparable a las lucha sobre el feminismo y los derechos humanos.

Sin lugar a dudas, la crisis ideológica surgida a raíz del fracaso del socialismo contribuyó a impulsar el ambientalismo y el ecologismo, pues los intelectuales y militantes de los partidos de izquierda encontraron en la lucha por la preservación del medio ambiente algunas coincidencias con posiciones que desde la militancia partidaria habían venido sosteniendo, esto es, el cuestionamiento al modelo económico vigente. La formación de los partidos verdes, en Europa, es la consecuencia de esas coincidencias.

La lucha ambiental en Europa encuentra en el cierre de las plantas nucleares y la minería de carbón su base de motivación y agitación. En América Latina, en cambio, los recursos naturales se convierten en el centro de aglutinación de diferentes sectores, liderados principalmente por organizaciones de la sociedad civil.

La Conferencia de la Naciones Unidas celebrada en Río de Janeiro en 1992, constituye un punto de inflexión en la lucha ambiental, ya que de la misma derivaron acuerdos que han sido asumidos por los gobiernos, así como han dado origen a organismos y órganos científicos de investigación y monitoreo a los cambios que se producen en la naturaleza.

Siendo la cuestión ambiental un tema de tanta trascendencia, cómo es que los partidos políticos en nuestro país no han asumido el tema con mayor profundidad y hasta con indiferencia lo tratan en algunos casos?.

Si analizamos las razones de los grandes conflictos sociales que se han producido en nuestra región durante los últimos años, en el centro de muchos de ellos encontramos casi siempre razones de carácter ambiental y, más recientemente, la lucha por una mejor educación. En el primero de los casos, dichos conflictos han estado dirigidos por ONGs y por dirigentes de la vieja izquierda, asumiendo un discurso que se sustenta en los siguientes componentes: el miedo (la palabra catástrofe es su preferida); generalizaciones de carácter científico; una mala aplicación del principio precautorio; y la prédica de principios morales.

Los partidos políticos, y, sobre todo sus longevas dirigencias, deben entender que la defensa del medio ambiente es un tema cuya presencia en el debata público no se le ve el final y que debe ser asumido como parte de su plataforma ideológica e incorporado a los programas de gobierno. De lo contrario, seguiremos viendo como importantes proyectos se desvanecen o sumergen a los gobiernos en impopularidades, lo que bien podría evitarse con la incorporación del análisis ambiental a las iniciativas gubernamentales y la discusión anticipada con las comunidades y grupos que podrían sentirse afectados.

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