Opinión

¿Para qué un Código de Familia?

El Código de Familia es un asunto de justicia social. Nuestras leyes no deben condicionar negativamente las circunstancias de vida de nuestros ciudadanos, todo lo contrario, deben servir para potenciar sus cualidades y permitirles vivir en un país que les respete su dignidad.

Si queremos hacer realidad la idea de tener un país con justicia social, tenemos que trabajar desde la familia, como núcleo de la sociedad. He manifestado, e insisto en ello, que fortalecer la familia es luchar por la seguridad ciudadana, por el desarrollo económico y social, por la justicia, por la paz y el bienestar de nuestros ciudadanos. La incertidumbre, la desesperanza y el desconcierto desaparecen cuando la familia se siente protegida y se mantiene unida con un mismo propósito: ser la cuna del desarrollo, apoyo y formación en valores de sus miembros.

La semana que recién concluyó entregamos al Señor Presidente de la República, Lic. Danilo Medina Sánchez, el anteproyecto de Código de Familia, cuya redacción fuera encargada a una Comisión interinstitucional, mediante el Decreto núm. 1602-04.

Cuando fue designada, la Comisión se dedicó a un arduo trabajo de revisión y análisis de todo el marco jurídico existente en materia de familia a nivel nacional e internacional. Un gran número de legislaciones especiales, principalmente las que se han promulgado en los últimos 30 años de vida legislativa de la Nación, han desmembrado el Derecho de Familia, resultando en discrepancias a la hora de aplicar las leyes vigentes en la materia.

Concomitantemente, se revisaron y discutieron las tendencias del Derecho Familiar que se discutían en aquel momento en Francia, España y otros países de Europa, las cuales mostraban el rezago de nuestro marco jurídico con respecto a otros países de la comunidad internacional.

De igual forma, se revisaron casi 100 años de jurisprudencia dominicana en materia de familia; jurisprudencia que había modificado sustancialmente casi todo el entramado jurídico que estaba vigente desde los Códigos de Napoleón.

Cuando comenzamos a crear consenso sobre un Código de Familia y llevar propuestas a toda la sociedad dominicana, el país se embarcó en la Reforma Constitucional, la cual, como todos sabemos, fue discutida ampliamente desde el 2007, hasta que fue sometida al Congreso Nacional en el 2009, y luego votada y proclamada por la Asamblea Nacional el 26 de enero del 2010. Evidentemente, la propuesta de reforma constitucional contenía cuestiones de vital importancia referidas al Derecho de Familia, que tuvimos que incluir en la nuestra.

De ahí en adelante, la Comisión redactora del Código de Familia se concentró en adecuar el texto que ya estaba redactado, a los mandatos constitucionales consagrados principalmente en los artículos 39, 55, 56, 57 y 58, para luego iniciar nueva vez el proceso de socialización, lo que retrasó la conclusión de nuestro trabajo. Pero como decía mi abuela, siempre hay que cocinar para que quede bien o no cocine.

Tratándose de un Código tan importante para el desarrollo social y económico de nuestra sociedad, quisimos darnos tiempo para debatir el Anteproyecto en todos los rincones del país. Y así se hizo. Un equipo de experimentados juristas encabezó los debates y presentaciones de propuestas.

Nuestra Constitución contiene numerosas disposiciones sobre el derecho familiar, a la vez que hace un llamado al legislador a revisar y adecuar al contenido constitucional, todas las normas que versan sobre el Derecho de Familia, haciendo énfasis en que sea incorporada en la nueva legislación principios y derechos como la igualdad de la mujer y el hombre en el ámbito familiar, el derecho a constituir una familia, la inembargabilidad e inalienabilidad del bien de familia, la actualización de la regulación del matrimonio civil y religioso, así como del divorcio y la separación judicial.

Como juristas abogamos por la justicia y la igualdad. Por eso, el mayor interés de la Comisión Redactora que me honré en presidir, era lograr una legislación inclusiva y moderna, que propiciara la igualdad, la justicia social y la equidad de género. Por eso, y vinculándonos con nuestra realidad socioeconómica actual, abordamos ampliamente la regulación de la unión marital consensual, la protección de la maternidad, la efectividad del derecho de identidad y de igualdad de los hijos, el fomento de la paternidad y maternidad responsable y el reconocimiento del trabajo doméstico.

Este Código recoge la necesaria actualización de las reglas sobre la adopción de niños, niñas y adolescentes y la regulación de la adopción por parte de adultos, para no dar cabida a la Trata y tráfico de personas, lastres que representan la esclavitud moderna y aniquila la dignidad del ser humano.

Este Código de Familia contempla la ampliación de la garantía del derecho a participación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes; así como la impostergable protección efectiva e integral de los niños, niñas y adolescentes, adultos mayores o personas de la tercera edad y de las personas discapacitadas.

El Anteproyecto que hemos entregado para la evaluación del Señor Presidente responde a los preceptos constitucionales.

La propuesta de Código de Familia redimensiona los valores que tienen las familias como ente principal de la sociedad, reconoce los principios del derecho familiar, reconoce los derechos y deberes en el ámbito familiar.

Se trata de un Código inclusivo que busca eliminar las discriminaciones hacia la mujer, plantea la igualdad de la administración de los bienes entre esposo y esposa, reforzando el papel femenino en la administración de los recursos. Incorpora reglas al matrimonio religioso, regula las uniones consensuales o concubinatos y propone acciones afirmativas a favor de las madres solteras e hijos extramatrimoniales. Sobre este último tema, es preciso hacer aclaraciones, ante las publicaciones recientes de algunos medios impresos.

El proceso que se ha previsto en el Código de Familia para la declaración de los hijos e hijas por parte de madres solteras, es el resultado de una realidad inexpugnable: el alto porcentaje de hombres que no asumen la paternidad de sus hijos y lo costoso y tedioso que resulta un proceso de reconocimiento de paternidad ante la justicia dominicana. ¿Alguna vez han pensado ustedes la vergüenza y el irreparable daño moral y emocional que sufren miles de mujeres cuándo sus hijos son negados por su padre? ¿Cuántas madres tienen que cargar con el peso económico de criar solas a sus hijos o pelear para que un Tribunal les otorgue una pensión alimenticia? ¿Cuántos niños y niñas caen en las garras de la delincuencia porque desde pequeños han sido rechazados por el ser que los engendró? Es muy duro. Eso es inhumano. Eso no es justicia social.

Tenemos que acabar con la irresponsabilidad y proteger el interés superior de nuestros niños. La paz empieza por la responsabilidad.

De igual manera, el Anteproyecto es moderno y vanguardista, incluye novedosas regulaciones a la reproducción humana asistida, una tendencia cada vez más frecuente en el mundo y que en nuestro país está a la vanguardia. No podemos seguir así. El Código regula el bien de familia, reconoce el derecho del cónyuge casado bajo el régimen de separación, reconoce el mantenimiento de indivisión o atribución referente y regula la pensión compensatoria a favor del ex cónyuge.

El texto final que hemos entregado al Presidente Medina es el fruto de largas y enriquecedoras horas de trabajo, es el producto de intensos debates en una búsqueda constante de consenso entre todos los actores de la sociedad; es el resultado del análisis de la realidad social de la República Dominicana.

La propuesta de Código de Familia es una propuesta decidida para la consecución de justicia social, protección y paz para todos y todas en nuestro país.

La Comisión está consciente de que este Anteproyecto será objeto de amplios debates, críticas y oposición. Pero como dice Howard Gardner en su obra ‘Las Cinco Mentes del Futuro’: “…cuando una idea es fácilmente aceptada es porque no es creativa…”.

Hagamos realidad la protección de nuestras familias. Por encima de la politiquería privilegiemos la equidad, igualdad y accesibilidad. Solo así tendremos paz y felicidad. Las sociedades que progresan, las sociedades seguras, son aquellas que protegen sus familias.

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