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Si te dijera que cuando estás fuera de tu cuerpo las cosas que te suceden las recuerdas peor, me tomarías por loco. Pero si te explico el contexto, estoy seguro de que lo entenderás. Así que allá vamos.

Como ya hemos explicado alguna vez en Neurolab, se están realizando experimentos muy interesantes en los distintos laboratorios de realidad virtual que hay por el mundo. Una de las experiencias más llamativas es la que consigue hacer creer al sujeto que ha salido fuera de su cuerpo y que está en otro lugar de la habitación. El sistema es muy sencillo. Se colocan unas gafas al sujeto y se le hace ver un escenario falso donde aparece él mientras alguien le toca con un palo. Como de verdad le tocan con otro palo, y él se ve en otro lado, la combinación hace creer el cerebro que se encuentra fuera de cuerpo de verdad y el sujeto vive una experiencia extracorpórea recreada artificialmente.

Pues bien, en esta circunstancia, el equipo de Loretxu Bergouignan, del Instituto Karolinska de Estocolmo, ha decidido probar qué tal funciona la memoria de las personas. Para el experimento, publicado hace unos días en la revista PNAS, se reclutó a varios estudiantes voluntarios y se les hizo vivir un pequeño interrogatorio/entrevista por parte de un profesor, que les preguntaba por cosas que habían aprendido. Y aquí viene la sorpresa: una semana después, los estudiantes que habían pasado la prueba mientras se veían fuera del cuerpo (otro grupo hacía lo mismo pero sin la ilusión extracorpórea) recordaban considerablemente peor lo sucedido.

Como los científicos estaban midiendo la señal cerebral de los sujetos, comprobaron que durante el proceso de recordar, los que estaban «fuera del cuerpo» activaban en menor medida el hipocampo que los otros. El hipocampo es un núcleo fundamental en la consolidación de los recuerdos y los científicos no saben muy bien qué sucede durante la ilusión extracorpórea, pero sospechan que el cerebro confía en el cuerpo para recordar eventos. Quizás, aseguran los investigadores, necesitamos poder experimentar en persona algo para poder recordarlo más tarde y ponerle un contexto.

La idea es muy interesante porque puede ayudar a conocer mejor trastornos como el síndrome de estrés post-traumático y profundizar en los mecanismos de la memoria y el cuerpo. Por otro lado, vivimos en un mundo cada vez más virtual en el que nos relacionamos con otras personas a través de redes y sin contacto «corporal». Este estudio no indica nada de eso, pero quizá sería interesante saber si estos intercambios de información como un correo electrónico o un mensaje de Whatsapp, sin contexto corpóreo, nos resultan más difíciles de almacenar en la memoria.

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