Cultura

Diferente de las islas hermanas Cuba y Puerto Rico, cuyas capitales se encuentran en la parte norte de sus territorios, en República Dominicana la ciudad principal se destaca en la zona sur, fenómeno atribuido históricamente a los fracasos del Almirante en sus primeros proyectos coloniales, con escenario en La Isabela, Puerto Plata, frente al Océano Atlántico.

Los españoles que llegaron en 1492, en la búsqueda del oro, decidieron abandonar lo que fuera su hábitat inicial, en su costa de entrada, la zona atlántica, para establecerse en el lado caribeño, por lo que con Santo Domingo se da una situación que no ocurrió con San Juan y La Habana.

Expertos en urbanismo y turismo, así como historiadores y empresarios de empresas hoteleras coinciden en que la Capital Primada de América ha sido subutilizada como atractivo para atraer visitantes en una época que el país apuesta a la llamada industria sin chimenea para obtener las divisas necesarias para la inversión en proyectos de desarrollos que mejoren la calidad de vida de los dominicanos.

Pero ocurre que la misma población dominicana ha vivido de espalda a su Zona Colonial y en la mayoría de los casos en que figura en los medios de comunicación es resaltando su abandono, arrabalización y el deterioro de sus estructuras multicentenarias.

Vanguardia del Pueblo Digital se coloca en la corriente de quienes ven en las ciudades coloniales una fuente de producción de riquezas, siempre que se cuente con verdaderos promotores del turismo cultural y de monumentos, uno de los renglones de mayor rentabilidad en los países que han sabido vender sus primicias históricas.

Rutas y monumentos
Calles como Las Damas y El Conde son en sí mismas leyendas de un pasado colonial vinculado a todo lo que fue posteriormente el Continente Americano convertido, con el advenimiento de los europeos, en parte de lo que globalmente se conoce como cultura occidental.

Por Las Damas, en tiempos del gobernador Nicolás de Ovando iniciado el Siglo XVI, salían a exhibir sus mejores atuendos las señoras de la naciente alta sociedad de Santo Domingo. El Conde de Peñalba, en honor a quien lleva su nombre la histórica vía, fue el campo de Batalla donde los escasos ciudadanos de la Capital Primada expulsaron de su territorio a una de las primeras invasiones de piratas y corsarios que recuerda la isla.

Edificaciones en mampostería como El Alcázar de Colón, La Catedral Primada de América, la Plaza de Armas, hoy Parque Colón, las iglesias de las Mercedes y Santa Bárbara, las casas de Tostado y el Museo de las Casas Reales junto establecimientos de solaz y esparcimiento como el Hostal Nicolás de Ovando resumen el encanto de lo colonial en medio de todas las facilidades que ofrece la vida posmoderna.

Probablemente, junto a las funciones correspondientes al viceministerio de Patrimonio Cultural fuera necesario designar un Historiador de la Ciudad, como existe en La Habana, para ejecutar programas de divulgación de todos los valores monumentales que atesora el Santo Domingo Colonial.

Mientras las bocinas de los automóviles interrumpen la suave música del Café Colón, frente al Parque del mismo nombre, los parroquianos pueden contemplar la marcha de coches al estilo colonial tirados por briosos caballos que suenan sus cascos en el asfalto y las vías adoquinadas.

La bohemia es permanente en el Colón, lo mismo que en La Cafetera, El Mesón de Bari y el Museo del Jamón, entre otros establecimientos preferidos por artistas, escritores y empresarios.

Conciencia política del valor de la Ciudad Colonial
Desde el primer gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en 1996, encabezado por el Presidente Leonel Fernández su administración inició proyectos de remozamiento de la Zona Colonia, los cuales fueron retomados a su retorno en el 2004, tras un período de cuatro años de retroceso y estancamiento.

Hoy, el interés del Presidente Danilo Medina en convertir el sector Turismo en la “locomotora” de la economía dominicana viene a ser la consagración del conjunto de actividades envueltas en el área como el soporte del desarrollo general del país, con ramificaciones que necesariamente deberán crear la sinergia imprescindible para la reducción de la pobreza y el desempleo que acogotan a una población cada vez más numerosa.

La Zona Colonial está, según lo ha proclamado el gobernante, en los planes destinados a llegar a la meta de 10 millones de turistas por año.

La Zona Colonial en el paquete
La Ciudad Colonial no es el único renglón relegado a un segundo plano en las crónicas de los diarios. Renglones tan importantes como turismo de salud, de monumentos, el ecológico, el religioso, el comunitario y hasta el inmobiliario, son apenas mencionados en los reportes de lo que hoy se conoce como la prensa turística.

Gracias a las modernas vías de comunicación terrestre hacia los complejos turísticos de la Región Oriental comienza a verse la ventaja de incluir a la Zona Colonial en los recorridos de los turistas que vacacionan en sus hoteles.

Estas páginas se comprometen a promover el turismo interno de sus comunidades, debido a que el dominicano es un gran desconocedor de la belleza de su país. Aquí viene gente de todo el mundo y se encuentra con un paraíso en el rincón más insospechado de nuestra tierra, mientras el dominicano, incluida gente con recursos y posibilidades, languidece en la rutina de sus ciudades cada vez más deshumanizadas.

Se contribuye a cambiar el rostro de muchos dominicanos con el fomento de la cultura de viajar, que es la cultura de vivir con entusiasmo. Cobra fuerza el sentido común cuando afirma que para amar algo hay que conocerlo. Y con lo poco que hasta ahora el dominicano conoce su país, no creemos que pueda amarlo.

La promoción de los monumentos dentro del turismo sintoniza con las nuevas tecnologías, las nuevas concepciones de la economía y los estilos de vida acordes con la época presente.

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