Opinión

No comprendo mis amigos, no comprendo mi Estado, no comprendo mis gobiernos. Lo que si tengo bien claro, es que comprendo los que dentro y fuera de mi terruño inventan fórmulas para fastidiarnos.

Tenemos miles de años existiendo como territorio insular, muchísimos como pueblo precolombino, más de quinientos años después que llegó el funesto colonizador y sus hordas de delincuentes y pervertidos. Nos depredaron y siguen llegando por barcos modernos, aviones súper rápidos, teléfonos, faxes, computadoras, televisores y radios.

Es excelente el uso de estos medios; por demás, traen jóvenes o mayores bien vestidos y formados, poliglotas, matemáticos de los asaltos con lápices y bolígrafos Monblan (Si, así en castellano impuesto por trabuco y espada) que nos duermen con sus calmantes de intelectualidad y dominio de las leyes mercantiles del Neoliberalismo y sus disfraces.

No perdamos tiempo, nuestro mayor valor está en nuestra gente, los que no queremos irnos, los que le pedimos a Dios volver a nacer aquí, los que estamos dispuesto a dar nuestra propia existencia por esta tierra de ternura.

Hemos vivido todo este tiempo de lo que nos da esta superficie de 48 mil Kilómetros cuadrados. Dejemos las riquezas sepultadas por el tiempo en su lugar.

Nuestro presente y futuro está en la AGRICULTURA Podemos permitirnos el lujo de esperar 20-30 años para inicial un plan de explotación de los recursos mineros de manera racional, con tecnología amigable al medio ambiente y más consciente, con mejores precios. Debemos cumplir primero con la formación RIGUROSA de jóvenes Dominicanos formados en todas las ramas que implica este correcto aprovechamiento. Prepararlos desde todos los ámbitos y proyecciones que el negocio implica. Pasemos por la extracción, comercialización, valoración, formación, mercadeo y valores agregados.

Es mentira lo de la necesidad y celeridad de explotación; tenemos tiempo, medios y recursos agroforestales y pecuarios para esperar y vivir mejor. Tenemos turismo y una bella isla con condiciones de continente.

La minería no es renovable, una vez explotada nos queda la estela del vacío y el bajo valor; mientras que la agropecuaria es dinámica, se renueva, construye y genera suelo, riquezas, trabajo y alimento permanente.

Está demás decir que la agricultura es LIBERACION, sin tirar un tiro. Si tenemos que tirarlo, lo tiramos y punto.

La agricultura con buenas prácticas, con jóvenes y mujeres que ganen y se beneficien con dignidad; que generen y transfieran experiencias a sus proles.

No minería por el momento, podemos esperar.

¡Si agricultura para siempre!

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