Opinión

Bajo tan sugestivo nombre, evocando otro texto de gran impacto, El Capital (1867) de Karl Marx, el economista francés Thomas Piketty publicó el año pasado un provocador libro que habrá de sacudir las corrientes actúales del pensamiento económico. Este fue recientemente traducido al inglés, y rápidamente se ha agotado según informa el afamado distribuidor Amazon. Y algo muy raro para un texto económico, este se ha colocado entre los libros de mayor venta según el listado publicado por el New York Times. Este fenómeno de propagación de ideas económicas obliga a que consideremos un breve repaso acerca de las ideas expuestas por este profesor de la Escuela de Economía de París.

La idea central de la obra es la creciente desigualdad económica que el autor considera tiene que ver más con las rentas del capital que con el producto del trabajo, ya que por medio de investigaciones y experiencias empíricas demuestra como en ciertos países europeos y norteamericanos, el ingreso derivado del capital es mucho más desequilibrado y desigual que el ingreso resultante del trabajo.

Para el caso de los países desarrollados, salvo en los períodos de las llamadas guerras mundiales donde cantidades sustanciales de capital fue destruido, Piketty sostiene que una desaceleración en el crecimiento económico combinado con tasas impositivas reducidas, esta provocando que las desigualdades sociales y la concentración del capital estén resurgiendo. Y esta concentración pudiera muy fácilmente conducir a prácticas de siglos pasados donde la mayor creación de riquezas se realizaba mediante las herencias, que permitían el aglutinamiento del capital en pocas manos. En su texto aporta evidencias que a mayor volumen de fortuna, más rápido será el aumento de su rentabilidad.

El libro expone con densa argumentación el fenómeno del llamado uno por ciento, aquel segmento muy limitado de la población que concentra la mayor parte de la riqueza global y aumentan sus fortunas desproporcionalmente frente al resto de la población. Una de las virtudes del extenso libro de más de 575 páginas y otras 78 de notas y gráficos, en adición a referencias a páginas web con aun mas data, es que documenta el crecimiento de la riqueza, especialmente en países de larga tradición estadística como Francia, utilizando informaciones provenientes de los registros fiscales.

La gran idea del libro Capital en el Siglo XXI, según el prestigioso economista Paul Krugman, es que no solo retrocedemos a niveles de inequidad del siglo XIX, sino que estamos en el camino de regresión a un “capitalismo patrimonial”, en el cual el mayor peso de la economía no será controlado por individuos talentosos, sino por dinastías familiares.

El autor Piketty considera como el fundamento de su argumento: “no es la destrucción de la riqueza, sino aumentar la movilidad y posibilidades de acceso a la riqueza”.

En otras palabras, si la elasticidad de sustitución entre el capital y el trabajo es mayor a uno, un incremento en el índice de capital en relación al ingreso ampliará el margen del retorno sobre el capital versus la tasa de crecimiento económico. Un aumento drástico del capital, a su vez aumentará directamente la desigualdad, ya que la posesión de capital es siempre más desigual que la distribución del ingreso del trabajo. Pero esto no se detiene ahí, ya que cuando la tasa de rentabilidad del capital excede la tasa de crecimiento económico, el pasado volverá a dominar el futuro: las herencias de riquezas dominarán la acumulación de capitales en las sociedades.

Frente a este dilema de concentración y desigualdad, el autor ofrece como solución la creación de un impuesto global sobre la riqueza, aquella poseída por el 10% del 1% de la población del mundo, sobre lo cual sugiere una escala impositiva creciente que comenzaría con un 0.1% e iría aumentando en función del monto de capital acumulado, partiendo de una base consolidada neta de US$1 millón.

Algo similar seria aplicado a los ingresos corporativos. Esto es, la reintroducción de una escala progresiva para las empresas que tengan ganancias mas elevadas, algo con lo cual nosotros no estamos en nada de acuerdo, no tan solo por sus efectos des-incentivadores de del trabajo y la productividad, sino porque en ello tenemos el mayor incentivo para la informalidad, un estatus corrosivo y aislante, que siempre presenta consecuencias nefastas y excluyentes.

Lo realmente importante para los efectos de forjar políticas públicas sobre el tema de las rentas, son los resultados post impuestos, por lo cual un impuesto progresivo, especialmente sobre riqueza y herencias, se constituye en una herramientas poderosa para limitar la desigualdad, contrario a que si fuese al producto del trabajo.

Tan impactante ha sido la obra y su focalización en el debate acerca de la riqueza, que el citado New York Times ha considerado que pudiera llegar a tener igual impacto en el futuro que los textos La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, o la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, del economista británico John Maynard Keynes.

Esta reseña no pretende ser una crítica literaria, una detalladla reflexión económica, o menos aun un examen critico de su contenido, sino un llamado de atención de hacia dónde se está encaminando la discusión económica actual, de manera que nuestros investigadores y estudiosos contribuyan a un argumento tan crucial para la República Dominicana, como lo sería: ¿qué debemos importantizar, los flujos de riqueza, o los “stocks” de capital?, como alternativas sobre las cuales nuestro país pudiera basar futuras modificaciones a los esquemas impositivos de la nación.

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