Opinión

Hace casi 150 años un filósofo, intelectual y militante comunista alemán, de origen judío, muy conocido ahora pero de poca fama para esa época, provocó un gran movimiento sociopolítico global que hizo que el mundo cambiara radicalmente. Su nombre Karl Marx; su obra cumbre el Capital.

Marx basó su teoría en la expropiación de los capitalistas por la masa del pueblo y el establecimiento de una asociación de productores libres mediante la propiedad colectiva sobre la tierra y los medios sociales de producción. Sus ideas, según la lógica inexorable de los acontecimientos, fracasaron y el mundo siguió su curso político centrado más en el capitalismo neoclásico que en la esencia de la propia democracia.

Hoy en día, mientras en el país se debaten temas manidos pero nunca superados, como el actual deja vu en las discusiones sobre la inequidad fiscal ante la amenaza recurrente del DRCAFTA que cumple 10 años de su firma; aparece un nuevo personaje en el escenario económico mundial, esta vez, un joven prodigio francés, que a sus escasos 22 años se graduaba de la afamada Escuela de Economía de Londres con un PhD, y que a simple vista parecería ser el Marx del Siglo 21.

Su nombre Thomas Piketty ya con 42 años, quien ha venido investigando desde su trabajo de tesis doctoral acerca de la redistribución de las riquezas, evaluando el comportamiento de la acumulación de riqueza en relación al crecimiento económico y su impacto en los niveles cada vez mayores de desigualdad entre los más ricos y los más pobres.

El libro, que tiene unas 650 páginas, fue publicado en inglés el 10 de marzo de este año y de inmediato trepó al puesto número uno de la lista de best sellers de Amazon; actualmente se encuentra agotado y en lista de espera en Estados Unidos, su impacto ha sido comparado con el que tuvo Adam Smith en el siglo XVIII, Karl Marx en el XIX y John Maynard Keynes en el XX. Basado en un riguroso estudio de datos de los últimos 250 años Piketty muestra las variaciones estadísticas del capital de los que mas tienen o heredan y cómo crecen a una tasa muy por encima del crecimiento de la propia economía.

En una reciente entrevista para el diario New York Times Piketty afirma «Si uno analiza el período desde 1700 hasta 2012 se ve que la producción anual creció a un promedio de un 1,6%. En cambio el rendimiento del capital ha sido del 4 al 5%(…)”

Esa correlación varía después de la segunda Guerra Mundial pero luego encuentra de nuevo su rumbo constante donde el 1% de la población gana 5 a 6 veces mas que el crecimiento promedio. Al final su teoría sugiere un distanciamiento entre lo que significa la Democracia y el Capitalismo como se conoce hoy. Aunque no propone o defiende teorías comunistas si ha provocado la discusión, irónicamente entre muchos norteamericanos, acerca de si haría falta un esquema impositivo más agresivo bajo el cual los más ricos paguen hasta un 80% de sus riquezas vivan donde viva. O sea un impuesto mundial.

Y es que la investigación de Picketty contradice las teorías neoclásicas basadas en Adam Smith y David Ricardo, que consideran que la distribución de la riqueza es un tema secundario del crecimiento y que en «economías maduras» (desarrolladas) la desigualdad se reduce naturalmente.

Regresando al plano local, esto coincide con una discusión congelada en el refrigerador político nacional: Es el llamado que se hace Estrategia Nacional de Desarrollo (END) -promulgada por Ley- para concertar un Pacto Fiscal, el cual curiosamente tiene un plazo de cumplimiento que coincide a Enero del 2015.

Esta es la fecha que vaticina un nuevo escenario de cara a un hito en el calendario de desgravación del DR-CAFTA: la fase final del desmonte arancelario, que por demás ha sido progresivo, de bienes de importación que también son manufacturados localmente. Sin lugar a dudas se pondrá sobre el tapete la reiterada amenaza del sector empresarial de que si se aumentan los impuestos perderemos competitividad. El Pacto Fiscal no puede ser objeto de debate alguno.

Sin embargo, a propósito de la evidencia empírica puesta en relieve por el Dr. Piketty y por otros autores de gran venta y que han marcado tendencias del pensamiento económico y político como el caso del Best Seller de los Economistas Damur Acemoglu y James Robinson, “Por que fracasan las Naciones”, las estrategias basadas en políticas de bajos impuestos no representan necesariamente competitividad ni mucho menos.

Todo lo contrario, según el Profesor Galo, aumentan la renta de los que más tienen a un ritmo mucho mayor que el crecimiento de la economía y acentúa la desigualdad. Lo único que garantiza el crecimiento sostenido de los países son instituciones que actúen frente a los intereses del 80% de la población, no de las élites que ajustan las instituciones a sus intereses económicos, políticos y hasta religiosos.

Lo cierto es que previo a una política educativa, en la que se incluyera como parte fundamental la inversión pública del 4% como mínimo del PIB para la educación preuniversitaria y que esto sea sostenible, previo a tener un plan integral de mejora del subsector eléctrico, debimos haber empezado por el Pacto Fiscal, el cual se fundamentara de manera explícita en una estrategia fiscal para los próximos 20 años, incluyendo las sanciones hasta penales para aquellos que la violaran.

El Pacto Fiscal es el que permite establecer los recursos disponibles para las demás reformas urgentes. Se distingue de los “parches” en que requiere un compromiso a largo plazo y un cambio de la forma pero sobre todo del fondo de cómo, a qué y a quienes se les cobran más impuestos y a qué y a quienes se incentiva.

Visto que la Ley 1-12 que establece el carácter legal de la END, establece un periodo no mayor de 3 años para culminar este Pacto, o sea enero del 2015 -por coincidencia el plazo de la desgravación del 97% de las partidas arancelarias negociadas en el DRCAFTA y para el cual el Senado de la República ha convocado a las diferentes actores económicos a ser escuchados, se hace más urgente, tal y como ordena la Ley comenzar un proceso por el cual podamos definir la política de desarrollo más importante si en verdad queremos seguir creciendo mitigando el fenómeno global de la inequidad social que en nuestro país es más que evidente.

Se hace necesario reclamar, así como lo hicimos para el cumplimiento de la Ley de Educación y la asignación del 4%, que el gobierno inicie un proceso de dialogo para, tal y como reza en la propia Estrategia,

Impulsar una reforma fiscal integral, basado en la progresividad y transparencia tributaria, orientado a financiar el desarrollo sostenible y garantizar la sostenibilidad de largo plazo de las finanzas del sector público consolidado, en el marco de una ley de responsabilidad fiscal que permita implementar políticas contra cíclicas y establezca normas y penalidades para garantizar su cumplimiento.

El DR-CAFTA, el EPA, o cualquier otro acuerdo, incluyendo el mencionado TLC con Haití, son solos instrumentos que ordenan y regulan un comercio trasfronterizo ineludible. No son estrategias ni son, por sí solos, instrumentos para el desarrollo. No son los culpables de que tengamos una balanzas deficitaria o hayamos descendido en competitividad, mucho menos culpables de la creciente desigualdad social que vivimos. Son las políticas públicas que se adoptan o se omiten.

Esas políticas que a su vez requieren de liderazgo, un liderazgo político con calidad de Estadista, dispuesto a sacrificar su capital para el largo plazo.. Como decía Otto von Bismarck , fundador del Estado alemán moderno “El Político piensa en las próximas elecciones; el Estadista en las próximas generaciones”.

El Problema no es la fecha del DRCAFTA y su desgravación, no es ni siquiera si podemos resolver los problemas de competitividad, el tema es que el modelo de crecimiento es excluyente y generador de desigualdad. Sabemos como hacerlo y hasta la Ley la tenemos. Es hora de tomar decisiones de urgencia pero la urgencia esta en el Largo Plazo.

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