Opinión

El tema de la inclusión financiera se ha puesto de moda entre financistas, quienes entienden que a mayor participación de los ciudadanos en las actividades financieras formales, mayor será el desarrollo de su sentido de responsabilidad y cumplimiento, reflejándose estas actitudes en el comportamiento ciudadano, y por ende a la larga en una mejor sociedad en el sentido más amplio.

A pesar de esta puesta en moda, no existe consenso alrededor de la definición de inclusión financiera. Muchos autores y estudiosos se refieren a ella como la obtención de un mayor grado de bancarización, utilizado una variedad de frases como sinónimos de inclusión financiera, cuando en realidad describen aspectos específicos de un concepto mucho más amplio.

La mejor propuesta de definición que hemos encontrado es la utilizada por el Centro Para la Inclusión Financiera, el cual la define como:”la inclusión financiera plena es un estado en el cual todas las personas que puedan utilizar servicios financieros de calidad tengan acceso a ellos, que estos tengan precios asequibles, sean proveídos de una manera conveniente y con dignidad para con sus clientes. Los servicios financieros son proveídos por una amplia serie de proveedores, la mayoría de estos privados, y pueden llegar a todos que los puedan utilizar incluidos las personas discapacitadas, las personas de bajos ingresos, las personas que habitan áreas rurales y otras personas que se encuentran en estado de exclusión”.

En Republica Dominicana diversos autores han preferido el uso de la palabra bancarización, lo cual para fines del presente artículo, la consideraremos como sinónimo de inclusión financiera.

Nuestro país viene dando pasos agigantados para el aumento de la cobertura de servicios financieros a la población, bajo las más diversas modalidades, sobre todo para sumar a los sectores económicos tradicionalmente más marginados, como lo han sido las micro y pequeñas empresas, así como los emprendedores o gestores de nuevos negocios.

Para solo dar un ejemplo del rezago que mantenemos con respecto a otros países de la región, podemos señalar que según divulgó en su momento el entonces Superintendente de Bancos en el 2010, Haivanjoe NG Cortiñas, la República Dominicana mantenía a esa fecha una relación Crédito/Producto Interno Bruto de 23.4% y de Depósito/PIB de 32.9%, muy inferior al promedio regional de los países de Centroamérica., que ronda 35.3% y 42.3%, respectivamente, medida como profundidad financiera y construido sobre la base de la razón total, cartera de crédito y total depósitos con respecto al PIB.

Así mismo, con relación al crédito per cápita medido en dólares, el análisis revela que solo Costa Rica, con un nivel de US$2,852.00 per cápita, supera la media de la región, que es de US$1,163.04. Mientras, el Salvador y Republica Dominicana mantienen niveles similares de alrededor de US$1,130.00. Honduras, Guatemala y Nicaragua ostentan niveles de de crédito per cápita inferiores, de US$833.00, US$667.00 y US$370.00, respectivamente.

Como última muestra tenemos que para la región Metropolitana del país, por cada oficina son atendidas en promedio 7,243 personas, y en contraste en el Sur cada sucursal maneja 19,660 personas en trámites de crédito.

Aunque son cifras con pocos años de rezago, cierto es que evidencian que nuestro país adolece de niveles bajos de bancarización, tanto con respecto a los demás países de la región, y ni hablar con respecto a los países desarrollados o nuestros principales socios comerciales.

Pero lo oportuno es que gracias a la participación cada vez mayor de una nueva generación más globalizada en sus conocimientos y visión de los mercados financieros, unido al deseo de los actores principales de no verse marginados de sus tradicionales posiciones de dominio o liderazgo del mercado financiero local, se impulsan reformas, innovaciones y nuevos productos, con la clara intención de revertir estos indicadores y lograrse una mayor inclusión financiera de la población dominicana.

Debe reconocerse que el primer paso de gran importancia fue el establecimiento de nominas electrónicas, un instrumento que permite a la empresa pagar a sus empleados y trabajadores pro medio de un crédito a una cuenta que estos abren en un establecimiento bancario. Ello obligó a cientos de miles de dominicanos a proceder con la apertura de cuentas corrientes y de ahorros, así como la facilitación de tarjetas de cajeros automáticos con los cuales hacer el retiro correspondiente a sus jornales devengados.

A partir de este primer gran avance, se ha continuado dando pasos importantes, que sin necesariamente establecer orden prioritario, consideramos que podemos segmentar estos avances en aquellos de origen bancario, y los no-bancarios, estableciendo los mismos en muchos casos por un nombre genérico o comercial en vez de técnico, y sin otorgar preferencia a la fecha cronológica en los cuales surgieron, ni cual es más importante que otro.

Comencemos por la banca presencial, aquella disponible físicamente por medio de oficinas, denominadas sucursales y agencias. A pesar de estas haber tenido una proliferación muy satisfactoria por todo el territorio nacional, aun quedan grandes baches, que por su relativa poca importancia como conjunto financiero, por su marginación geográfica, o el bajo volumen operacional que representan, aun persisten segmentos importantes sin acceso a la banca presencial.

Para ello, las autoridades financieras del país aprobaron en febrero pasado el establecimiento de sub agencias bancarias. Estas son facilidades de acceso al banco, establecidos en empresas comerciales o de servicios, sean estos colmados, farmacias o negocios de otros géneros, donde mediante la instalación de un ordenador o terminal de computadora, se pueden acezar servicios básicos de consulta, pagos, informaciones, etc.

Ya el Banco Popular Dominicano ha anunciado la apertura de las primeras 70 sub agencias en unas 18 provincias del país, anuncio que de seguro será seguido por muchos otros similares de parte de otros bancos.

Otro servicio innovador e incluyente de la banca presencial es el anunciado por el Banco BHD con su cuanta ReComenzar, producto diseñado para incorporar a los servicios bancarios aquellos personas que tuvieron problemas con su historial de crédito, que de otra manera hubiesen tenido que acudir a los mercados informales, habiéndose convertido en parias para el sistema financiero visto dicho historial.

La banca a distancia también está presentando grandes innovaciones. Amén de la creación de la banca por internet, gran avance pero aun limitado al relativamente pequeño universo con acceso habitual al internet, se han proliferado el establecimiento y ubicación de cajeros automáticos por todo el país. Esta expansión de cajeros, en mucho ha estado motivado por los volúmenes que representan hoy en día las nominas pagadas electrónicamente con créditos a cuentas individuales, actualmente maximizado por el clima de inseguridad prevaleciente.

A estos servicios se le sumado la banca móvil, tal cual el caso de un producto denominado tPago, mecanismo que permite al usuario, por medio de su teléfono, acezar su cuenta y realizar pagos a tarjetas, suplidores, prestamos, facturas, así como consultas recargos al propio teléfono y varias servicios mas. La importancia de este tipo de producto es que al haber en el país varios millones de usuarios de la telefonía celular, las posibilidades de acceso a la bancarización asumen nuevos y más amplios horizontes.

Visto algunos ejemplos en el área bancaria, debemos mirar también aquellos servicios y productos propiamente no bancarios, como el caso del mercado de valores, otro escenario de gran importancia para la ampliación de la inclusión financiera.

Para dar una idea del volumen que representa hoy en día, el año pasado, 2013, se negoció en el mercado primario (venta directa) y secundario (reventa) un total de RD$ 116,800,968,466.91, suma impresionante, que aunque incluye mayoritariamente entidades institucionales (bancos, AFP’s, empresas), también conlleva una amplia y cada vez más grande participación de inversionistas individuales, cuyo grado de conocimiento y relativa sofisticación les permite también participar. Testimonio de esto fue el premio recién obtenido por una casa de corretaje al haber completado el año pasado más de 30 mil transacciones con pequeños inversionistas.

Actualmente hay más de docena y media de emisores, incluyendo al Banco Central y el Ministerio de Hacienda, incentivándose la participación de emisores privados, cuya participación irá incrementándose en la medida en que se vaya absorbiendo la actual sobre-liquidez bancaria y la política monetaria siga encauzándose por senderos de estabilidad y reducción en los costes de las emisiones públicas.

Una docena de puestos de bolsa, 8 administradoras de fondos de inversión, decenas de corredores de valores, más de 25 emisores, 2 titularizadoras, 2 fondos de inversión, 2 calificadoras de riesgos, en fin, todo una andamiaje institucional para ir apoyando la expansión continua de las alternativas de inversión representadas en el mercado de valores.

Como se ve, en el país si se están dando pasos importantes, significativos y cuantificables de los esfuerzos en años recientes por que exista una mayor inclusión financiera, hecho que resalta la necesidad de que los programas educativos ya incluyan la educación financiera, comenzado en la primaria con los conceptos ahorro y gastos. A eso habrá que incluir también como tema de bachilleres y universitarios, para que puedan asimilar temas de crédito y bancarización, pensiones, mercado de valores y finanzas personales.

Aprovechemos los avances en materia de servicios financieros en el país, para que por medio de un mayor bancarización podamos fortalecer la conciencia y conocimientos ciudadanos, y que con ello construir una mejor sociedad para beneficio de todos.

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