Opinión

Tres prestigiosas empresas encuestadoras han publicado durante estas últimas semanas estudios de preferencias electorales: posicionamientos de aspirantes presidenciales, simpatías hacia partidos políticos y valoración del gobierno y el presidente de la República, entre otras cuestiones de interés para el pueblo dominicano que, aunque ya se sentía envuelto en un ambiente preelectoral, con los números arrojados por estas firmas, parece haber entrado en la carrera que culminará con las elecciones generales de mayo del 2016.

Penn & Schoenn, Gallup y Asisa revelaron lo que todos sabíamos gracias a mediciones anteriores: la extraordinaria popularidad del presidente Danilo Medina, que sigue a la cabeza de los mandatarios del continente con mayor aceptación popular; las altas simpatías que despierta el PLD; la irrupción de Reinaldo Pared en el escenario político como un potencial candidato a la presidencia de la República; y ¡vaya!, sorpresa para muchos, el insultado, apaleado, calumniado y desconsiderado hasta el hartazgo, Leonel Fernández, mostró sus músculos como un inexpugnable gladiador político.

La popularidad del Mandatario está recogida en su estilo directo y llano, en la marcha horizontal de su gobierno que, si bien es cierto responde a un plan a largo plazo y con objetivos concretamente definidos, el contacto permanente con la gente, no importa su nivel en la escala social, le fragua un talante popular que desarma a los que desde hace tiempo buscan resquicios para meter en el carrusel mediático, la comparsa opositora que, con gruñidos carentes de propuestas, tienen como fin único, debilitar la administración peledeísta.

Lo de Reinaldo y su súbita aparición en el tablero político de los presidenciables, responde a la innegable solidaridad mostrada a los peledeístas desde la Secretaría General, posición partidaria que ha debido compartir por mucho tiempo con la de senador y presidente de ese órgano del Estado, papel que la sociedad le ha reconocido, permitiéndole la reelección. Otros como él, comienzan a mostrar sus alas, que no vuelo propiamente. Temo es uno de ellos, militante y dirigente morado visto como tecnócrata por algunos, pero con una recia formación política e intelectual que le dan aval para candidatearse.

Lo de Leonel es cuestión aparte, fue el elemento que la casualidad, como categoría histórica, para decirlo con palabras de Marx, puso en el camino de fuerzas sociales y políticas para producir los cambios que necesitaba la sociedad dominicana. El agotamiento del modelo político a partir de los 90 y la aparición de un partido y un candidato formados para un mundo y un país en transición, constituyeron la respuesta adecuada para el momento, cuestión que quedó demostrada en las administraciones peledeístas de 1996/2000 y 2004 hasta la fecha con el relevo dialéctico encarnado en Danilo.

En ese primer período de gobierno, como nos recuerda Franklin Almeyda, Leonel llevó el PIB de 18 a 24 mil millones de dólares; el PRD de 2000 a 2004 lo bajó en 4 mil millones. Al volver Leonel y el PLD a partir del 2004 la economía se recuperó y el PIB creció casi tres veces, pues llegó a 59 mil millones de dólares al 2012. ¿Se puede decir que lo revelado por las encuestas en el sentido de que Fernández es el único de los peledeístas, fuera de Danilo, que ganaría a cualquiera del PRD, se debe al uso y abuso de los recursos del Estado? No se puede jugar a la politiquería, la fortaleza de Leonel se debe al sólido liderazgo que construyó durante años.

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