Opinión

El PLD nació afirmando el compromiso de ser una organización política progresista contra las concepciones y prácticas populistas, el autoritarismo tradicional de las dictaduras latinoamericanas (a pesar de la concepción vertical del partido, el PLD se definió más cercano a la noción de las democracias populares).

Nos opusimos a las corrientes neoliberales y de la llamada nueva derecha. Surgimos como organización política de cuadros, pero que se identificaba con lo popular y anti oligárquico, porque nuestro compromiso fundamental es con el pueblo, no con elites privilegiadas.

Una organización política moderna, que respetando y reconociendo los valores, cultura y tradiciones de nuestro pueblo, nos comprometemos con una visión de futuro, con flexibilidad en su táctica para enfrentar los desafíos internos y externos.

Entre las muchas características excepcionales que tuvo Juan Bosch, el apego a la disciplina, la organización y el método, junto con un carácter noble, una gran sensibilidad humana y un intenso sentimiento de solidaridad, le llevaron a configurar una personalidad política en la que la esencia de su accionar estaría determinada por los principios, con los que construyó un paradigma y unos métodos de trabajo que ofrecían el horizonte de sentido e interpretación de toda su experiencia política que se expresan claramente en el lema “Servir al partido (medio) para servir al pueblo (fin)”.

En esa fase necesitábamos “un ejército de capitanes” para influir, orientar, organizar y crear conciencia política progresista en las capas de la pequeña burguesía, que serían el destinatario principal de la acción política del PLD en la primera etapa.

Crecimos como un partido original, único. Con una bien articulada y sólida disciplina, pero de carácter democrático, por la vocación de servicio al país de sus miembros, por su ética, honestidad y amor al pueblo, así como por su compromiso sin reservas a favor de la liberación la humanidad de toda forma de sometimiento, subordinación, discriminación o marginación, fueran éstas de carácter étnico, religioso, económico, político, social o de cualquier otra índole.

Sin esas características no habríamos podido incidir en la vida pública, crecer en electores o votantes ni llegar al umbral a partir del cual un cambio de táctica nos colocó en las puertas del poder.

Los peledeístas hemos participado en la vida pública con el sentido de afianzar la institucionalidad y los valores democráticos, para producir una verdadera transformación productiva como base para lograr una mayor equidad y competitividad económica, en el contexto de un modelo de sociedad más justa e inclusiva para todos los dominicanos.

Una sociedad donde primen los valores de la ética individual y social, la solidaridad con los más vulnerables, pero también el respeto a la ley y las instituciones, la decencia, los valores de convivencia y el permanente diálogo democrático.

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