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San José, (Servicios especiales de Vanguardia del Pueblo) El nuevo presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, prometió hacer un gobierno transparente que desde hoy se compromete a rendir cuentas de todos sus actos de forma puntual, precisa y oportuna.

Tras recibir la banda presidencial de la gobernante saliente, Laura Chinchilla, dijo que «la corrupción está consumiendo nuestra democracia y está minando las finanzas públicas (y) el nuevo Gobierno la combatirá sin desmayo».

Llegó la hora de acabar la impunidad, la irresponsabilidad y la arbitrariedad de quienes, desde el sector público, la practican, enfatizó el politólogo e historiador, y aseguró que el pueblo podrá juzgar los actos de su equipo y contribuir con eso a mejorar su gestión.

«Para ese propósito cuenta con recursos tecnológicos, cuya utilización generalizada será una prioridad en mi administración», afirmó, en su discurso inaugural en el capitalino Estadio Nacional.

Para el profesor universitario, «no hay razón para que los ciudadanos no puedan usar esos instrumentos, que tanto pueden ayudar a la toma de decisiones y a promover la eficiencia del aparato estatal».

Solís manifestó su deseo de que el Gobierno, empezando por su despacho, funcione como una gran vitrina de cristal a través de la cual el ciudadano pueda escrutar el desempeño de sus administradores.

«Más aún, el reto que asumimos es convertir esas herramientas, que han estado disponibles hace mucho y constituyen junto con el ciberespacio una especie de ágora moderna, en oportunidades para facilitar y mejorar la gobernabilidad democrática», expresó.

Según el candidato del Partido Acción Ciudadana, esa será la base para implementar un sistema de gobierno basado en novedosas formas de participación y fiscalización ciudadana del manejo de los fondos públicos.

Solís prometió, además, contribuir de forma creativa y permanente a superar las contradicciones que frenan el desarrollo de Costa Rica, cuya economía sustentable, capaz de generar crecimiento, sigue atada a un modelo que alienta la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.

Igual instó a dejar atrás la falta de voluntad para negociar de buena fe, colocando el interés común por encima de los particulares.

Llamó a enrumbar la nación por caminos de paz, sin resentimientos partidarios, que pudieran derivarse del recuerdo de «las malas prácticas realizadas en el pasado por debajo de la mesa».

Manifestó su confianza en que existe voluntad para superar todos los obstáculos y revertir el estado de cosas en Costa Rica, algo que, a su juicio, exige un diálogo fecundo, total transparencia y argumentaciones fundadas en informaciones objetivas y claras.

«Pero ese diálogo, incluso bajo las mejores circunstancias, no dará resultado si quienes lo emprendan no están dispuestos y dispuestas a transigir y a mirar el futuro con una mirada trascendente», advirtió.

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