Opinión

¿Cómo será la República Dominicana dentro de 30 años? ¿Cuáles son las tendencias sociales, económicas y políticas que marcan nuestro país? ¿Hacia dónde nos dirigimos? Esas y muchas preguntas pueden venir a la mente cuando uno piensa en el futuro de nuestro país tratando de proyectar las tendencias de los últimos 30 años, es decir de 1984 a 2014 y a su vez, mirar hacia el futuro en 30 años más. ¿Hemos progresado? ¿Hemos retrocedido? ¿Cuáles son los principales retos que se nos presentan hacia el futuro inmediato? El Presidente Fernández ha dicho que el PLD gobernará por 30 años más. Ciertamente ese horizonte debe ser asumido bajo la premisa de la realidad actual y de las tareas más urgentes para hacer avanzar nuestra población y nuestro país.

La “futurología” como se le ha venido a llamar a esta disciplina de proyectar las tendencias fundamentales de una sociedad, o mega tendencias, está en boga para poder planificar e imaginar el futuro que depara a nuestros hijos o nietos. El futuro es una realidad que la construimos los humanos en base a planes y convencimientos ideológicos. Los humanos nos hemos convertido en el principal depredador de la naturaleza, de los recursos que en millones de años han ido formándose en nuestro planeta. La supremacía de los humanos sobre todas las otras especies queda de manifiesto por el crecimiento exponencial de la población. Ya en el siglo XIX, economistas, estadígrafos y científicos sociales como Thomas Malthus (1766-1824) pronosticaron la incompatibilidad entre los recursos disponibles y escasos, y el crecimiento geométrico de la población. Aunque la “catástrofe malthusiana” no se verificó en el curso de los dos siglos posteriores, sí asistimos a un previsible colapso basado en la desigualdad y explosión demográfica.

A la humanidad le tomó más de un millón y medio de años para llegar a ser 1,000 millones de seres humanos en la tierra desde la aparición del homo sapiens. En 1650 se estima en 500 – 555 millones de habitantes en el planeta; en 1750 se estima que llegamos a 726 millones y a 1325 millones en 1850. El habitante número 2000 millones de la tierra no se alcanza hasta la primera mitad del siglo XX. A principios del siglo XX, la población mundial era de aproximadamente 1,500 millones de habitantes, se multiplicó al llegar en 1960 a unos 3,000 millones y se cuadruplicó hasta los 6 mil millones al llegar a finales de 1999. Es poco probable que la población mundial vuelva a crecer al ritmo experimentado en el siglo XX. En los últimos años, se sumaron mil millones de personas cada 12 años.

En nuestro país la evolución ha sido aún más dramática. El primer censo de población moderno fue realizado por el gobierno militar de ocupación de los Estados Unidos en 1920. Arrojó una población total de menos de 900 mil habitantes. En 1935 se realizó el segundo Censo de población. Este arrojó una población de aproximadamente 1.5 millones, para un crecimiento en 15 años de 66% u 11% anual. En 1950 el tercer Censo arrojó una población de 2,135 millones habitantes. Y en 1960 una población fue de poco más de 3 de habitantes. La explosión demográfica continuó en los años subsiguientes, para llegar hoy en día a poco más de 10 millones de habitantes. Es decir, en menos de 90 años, el crecimiento de la población superó el 1,000%. Algo insostenible en un período de tiempo tan corto.

Es claro que el territorio de la República no se expandió ni un centímetro, al contrario, en el Protocolo de Revisión del acuerdo de demarcación fronteriza de marzo de 1936 con la República de Haití, la República Dominicana renunció al reclamo de unos 5,000 KM2, que en base al Tratado de Aranjuez pertenecían a la parte española de la isla. Se trata de las comunidades del llamado Valle de la Miel, Hincha, San Miguel de la Atalaya, Las Caobas y otras comunidades cedidas a Haití por su ocupación “de facto” durante décadas y la despoblación de habitantes dominicanos.

Hoy en día tenemos un país mucho más poblado, con recursos naturales amenazados, con una presión demográfica adicional proveniente de la inmigración descontrolada desde Haití, mayoritariamente urbana, con mega ciudades como el Gran Santo Domingo que debe estar cerca de los 4 millones de habitantes, o la gran aglomeración de Santiago, que debe sobrepasar el millón y medio de habitantes, que genera nuevos fenómenos como la delincuencia generalizada, el hacinamiento y la emigración.

Igualmente, la economía dominicana ha crecido exponencialmente en los últimos 20 años. Recientemente un apreciado amigo la cuantificaba de unos 20,000 millones de dólares a groso modo, el PIB total al final de 2004 y en 59 millones al final de 2012, lo que le multiplicó por tres en ocho años. Sin embargo, los indicadores de concentración del ingreso (Índice GINI) y de población en situación de pobreza, han crecido peligrosamente en las últimas dos décadas. Según datos de la Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN) del año 1986, la población en situación de pobreza fue de 21% en 1976-77. En 1984 fue de 22.2% y en 1986, luego de los ajustes del FMI, subió a 27.3%. Eso implica un empobrecimiento de 5% de la población en dos años. En el año 2000, al terminar el primer gobierno del Presidente Fernández, el porcentaje de población en situación de pobreza era de 32%, lo que indica que el periodo de muy alto crecimiento experimentado entre 1996-2000, su repartición no influyó positivamente en la distribución de la renta. En 2004, al terminar el gobierno de Hipólito Mejía y el PRD, y haber pasado la debacle económico- financiera que este causó en 2003, la pobreza se encaramó a 52% de la población, dejando una situación en extremo delicada para el segundo gobierno del Presidente Fernández a su retorno en 2004.

Muchos esfuerzos fueron hechos, entre los más sobresalientes el Programa Solidaridad para combatir directamente con transferencias monetarias condicionadas la pobreza extrema, el hambre y la exclusión. Componentes de Solidaridad como Comer es Primero, Bonogás, Bonoluz, Incentivo a la asistencia escolar, Programa de apoyo a los adultos mayores, entre otros programas permitieron, junto a otras acciones sociales reducir la pobreza de 52% en 2004 a 40% en 2012, que sin embargo no llega a la cifra del 2000 y mucho menos a los niveles reportados en los años 70. El progreso y el desarrollo dominicano han sido desiguales y combinados. Se ha avanzado mucho en aspectos fundamentales, pero no han existido mecanismos de aplanamiento de la pobreza y mejor repartición del gran ingreso nacional creado.

¿Cómo seremos en 30 años? ¿Será viable un país con 20 ó 25 millones de habitantes, con una presión enorme sobre sus recursos naturales y mega ciudades casi incontrolables e ingobernables? Lo primero es que el país debe garantizar la Seguridad Alimentaria de su población, llevando la extensión de la superficie agrícola sembrada y la productividad de la agropecuaria a niveles óptimos. Lo segundo es que deben existir mecanismos para incentivar el desarrollo y el bienestar de ciudades medianas en el interior del país, con servicios adecuados y niveles de ingreso que estimulen la desconcentración de las grandes ciudades. Un elemento vital puede ser el uso de incentivos fiscales para inversiones en ciudades de menos de 200 mil habitantes. Lo tercero, el país debe tener un control absoluto de la población, y en particular una clara política de frontera con Haití, que desgraciadamente tiende a desbordar su inviabilidad como país hacia la República Dominicana y eso no puede ser absorbido por la República Dominicana. Ya hemos visto lo que ha costado la irresponsabilidad de los políticos, los empresarios y las fuerzas armadas respecto a esa inmigración recientemente. Sellar la frontera y administrar la política migratoria es un imperativo nacional de subsistencia. En cuarto lugar, es necesario avanzar hacia un pacto fiscal o una política fiscal que consolide la capacidad del Estado con una presión fiscal de no menos de 25% en los próximos 10 años. En quinto lugar, ese dinero de incremento de la presión fiscal, debe utilizarse para dos cosas fundamentales: expandir la educación pública de la más alta calidad, y crear un sistema de Seguridad Social UNIVERSAL que asegure a todos y todas las y los dominicanos acceso a la salud y a una pensión decente para su retiro.

De lo contrario, estamos caminando hacia un país invivible, donde la convivencia sea imposible y las confrontaciones sociales y la degradación ambiental haga muy difícil la subsistencia de los dominicanos. El PLD y su liderazgo han demostrado que son los únicos con capacidad de construir esa agenda de futuro para construir un país viable en los próximos 30 años.

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