Opinión

Conceptualmente el costo de la vida está asociado al costo que representan los bienes y servicios que los hogares consumen para obtener determinado nivel de satisfacción, por lo que se puede deducir que en la medida que el costo de la vida aumenta en esa misma medida el impacto más fuerte y que destruye la calidad de vida de las personas son en aquellos sectores donde los ingresos son más bajos y donde hay mayores porcentajes de desempleo, lo que en la realidad se traduce en un incremento de la pobreza. Pero quienes tienen altos niveles de ingresos, generalmente, no les preocupa el costo de la vida ya que su impacto es casi nulo.

Para poder entender el costo de la vida es necesario que se entienda el poder adquisitivo de la moneda oficial del país, por tanto, los bancos centrales utilizan el denominado índice de precio al consumidor para calcular el nivel de inflación en diferentes momentos del tiempo, pues a partir de dicho índice es que se logra dar seguimiento a la evolución del costo de la vida en determinado período. Esto así ya que en la medida que sube el índice precio al consumidor, las personas tienen que gastar más dinero de sus ingresos para mantener el mismo nivel de vida, pero si sus ingresos se estacan o disminuye, su calidad de vida se deteriora.

Entre los economistas la medición del costo de la vida ha generado una discusión permanente en cuanto a que la metodología del cálculo del índice de precio al consumidor no es un indicador perfecto que refleja el real nivel de inflación ni mucho menos si la población tiene ingresos suficientes para enfrentar el costo de la vida. Pues como se sabe, los ingresos del consumidor son muy rezagados y los precios de los bienes y servicios aumentan de manera permanente, aunque no todos al mismo tiempo, sin embargo, para mantener un nivel de vida constante es necesario que los ingresos se correspondan con los cambios en los precios.

Es en tales circunstancias que el índice de precio al consumidor ha generado una incomprensión en la población que en ocasiones desata la ira cuando se observa una asimetría entre las cifras de los organismos públicos y la realidad que viven en el mercado al demandar los bienes y servicios. Esto significa que la medición del costo de la vida está llena de errores cuando se le coloca números, cuyos fundamentos la teoría económica lo identifica en el hecho de que el índice de precio al consumidor no toma en consideración la capacidad de los consumidores para optar por los bienes que se abaratan en el tiempo, por igual no se considera el poder adquisitivo del dinero cuando al mercado se introducen nuevos bienes y servicios y porque existen distorsiones en la calidad de estos. Esa es la razón por la cual las cifras del nivel de inflación no están resultando creíbles en el mundo.

El problema generado por los altos niveles de inflación y su impacto en el costo de la vida, se arrastra desde la década de los setenta hasta hoy en día impulsado fundamentalmente por los desequilibrios de la balanza de pagos en las grandes economías, las alteraciones de los precios de los alimentos, inestabilidad sistemática en los precios de las materias primas y los incontrolables precios del petróleo por motivos políticos y especulativos en los mercados mundiales, a lo que se agrega los shocks de 1973, 1979 y las grandes alzas de precios del 2008 en adelante. En adición están las devaluaciones de las monedas de cada país, pues cada vez que la relación cambiaria sufre deterioro en esa misma medida se producen alzas en los precios que afectan el costo de la vida, pero lo que más golpea los bolsillos de los consumidores son las alzas de la electricidad, gasolina, alimentos, salud, vivienda, educación, los alquileres, transporte, las tasas de interés, que son los que más suben. Pero resulta que la medición del índice de precios no logra medir una gran parte de estas alteraciones de precios.

El alto costo de la vida en la mayoría de los países se ha convertido en la causa principal de las protestas ante la impotencia que sufre el consumidor por las alzas frecuentes de los precios y buscan como culpables perfectos a los políticos gobernantes, aunque en realidad las causas son múltiples, donde los comerciantes tienen una cuota de responsabilidad muy elevada al fomentar la especulación. Pero la situación está en que los precios suben y los salarios se estancan, en tanto, la calidad de vida se deteriora y eso ha provocado que se viva en una era de las expectativas limitada.

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