Opinión

Al día de hoy, y desde hace mucho tiempo, nadie le regatea a la Historia su carácter de ciencia, de ciencia social, y su carácter eminentemente empírico, porque este cuerpo de conocimientos no puede construirse al margen de los procesos, de los hechos y de las situaciones que han tenido lugar no sólo en el pasado, sino también en el presente.

Esto quiere decir que nadie puede hacer depender los hechos y los acontecimientos sociales de principios y postulados construidos deductivamente en el mero ámbito del razonamiento. Al ser una ciencia empírica, la Historia usa permanentemente el método inductivo, positivo y empírico.

A partir de las observaciones y de sus respectivos análisis y síntesis, la Historia sí puede establecer principios generales o generalidades en cuanto al comportamiento, evolución y desarrollo de los hechos y acontecimientos que tienen lugar en el mundo y en cualquier sociedad. Y como ciencia la Historia no puede limitarse sólo a describir los hechos históricos, sino que tiene que analizarlos e interpretarlos, es decir, ver y examinar la interacción entre las causas y los efectos, de manera que aparte de la Historia descriptiva, tenemos la Historia analítica e interpretativa.

Pero establecer esos principios generales, o leyes, no quiere decir en modo alguno que cada acontecimiento, proceso o hecho particular responderá mecánicamente a esos principios, porque cada hecho tendrá y conservará sus particularidades y sus especificidades, es decir, tendrá su propia identidad, su propia personalidad o su propia dinámica. Pero hay una dinámica general de la historia en la que quedan insertos dinámicamente estos hechos particulares.

Ahora, lo que es no es correcto, lo que no es científico es establecer principios generales a partir de cada hecho particular.

El materialismo histórico fue el método filosófico-científico que empleó Marx para estudiar la historia, señalando que en la base de los hechos y acontecimientos que ocurren en una sociedad están las relaciones económicas de producción y de propiedad. A esto se la ha dado en llamar una interpretación economicista de la historia.

Marx descubrió y explicó que hay una relación estructural, histórica, muy estrecha entre la economía y la política, la economía y el poder. Ciertamente la historia ha demostrado y evidenciado siempre que hay una relación estructural permanente entre la economía y el poder.

Ciertamente ese método, que Marx conceptualizó y configuró en la segunda mitad del siglo XIX, comporta una interpretación limitada y estrecha de la historia, pero no se debe partir de ahí para negarle el carácter de ciencia a la Historia. Además, el materialismo histórico no es la ciencia de la historia, sino que es una visión particular de la historia por parte de Karl Marx.

Pero no es correcto decir que como Marx queda encuadrado con esa visión de la historia en la escuela historicista alemana, por eso es inválida también su teoría económica.

Precisamente su teoría económica demuestra que para formular una teoría económica correcta, no exacta, hay que tener una visión correcta de la historia.

La historia está eternamente presente en la vida de cada pueblo, de cada nación, pero también está permanentemente presente en la vida de la ciencia: no puede explicarse la vida de la ciencia al margen de la historia.

Y de la acumulación de fuerzas en el curso de la historia depende que una sociedad pueda construir con relativo éxito su futuro. Entonces, la historia sí cuenta en la construcción anticipada del futuro. Dicho de otra manera, cuenta la Historia como ciencia de la historia para hacer esa construcción anticipada en cuanto a lo que queremos de cara a lo desconocido.

Y ahora vuelvo a la escuela historicista alemana. El método usado por la escuela histórica alemana fue más avanzado que el que empleó la escuela austríaca, cabeza de la escuela neoclásica, que sí estudió la economía de manera ahistórica y acientífica, si tomamos en cuenta que la Economía es una ciencia empírica, no formal.

Mientras la escuela historicista alemana iba a los hechos, a los procesos económicos, que son procesos históricos, para establecer principios, teorías y leyes sobre el funcionamiento de la economía; la escuela austríaca, por el contrario, se fue al cerebro, a las palabras y a las ideas, para establecer principios deductivamente y obligar a los hechos a que respondieran forzosamente y mecánicamente a ellos. Es decir de acuerdo a esta escuela la realidad material tiene que adecuarse y responder a principios construidos deductiva y apriorísticamente. Eso es totalmente inaceptable en el proceder de una ciencia empírica como es la Economía, en la que los juicios sintéticos, que sirven para expresar el conocimiento empírico, se construyen a posteriori.

El primer proceder es el correcto para construir la Economía como ciencia empírica o fáctica, por lo que el segundo proceder o método está descartado para construir de manera correcta la ciencia económica.

La microeconomía fundada por la escuela neoclásica sí es una seudo-ciencia.

Pero, además, Karl Marx no perteneció a la llamada escuela historicista alemana, porque dejó fundada su propia escuela con un método, un enfoque y una perspectiva propios.

Si se dice que la Historia no es una ciencia, el que lo diga, sin darse cuenta, está diciendo que la Economía y las demás ciencias, sociales y no, “no son ciencias”.

Por tanto sostener que la Economía solo sirve para estudiar los hechos individuales y particulares solo del momento se le está quitando a ésta el carácter de ciencia, por lo que se le reduce a una simple técnica. Ella no sirve, por ende, para hacer proyecciones ni para estudiar los hechos económicos del pasado.

La teoría de Thomas Piketty, el asesor económico del Presidente Francois Hollande, en torno a la desigualdad entre el rendimiento (retorno) del capital y el crecimiento económico, situación que se expresa en una profundización y en una ampliación de la desigualdad social en los países desarrollados, puede tener puntos débiles, y al efecto los tiene, pero ello no es suficiente para extrapolar esto y decir que no hay una ciencia de la historia y que el método del materialismo histórico fue un método totalmente fallido, y que de la historia no se pueden extraer leyes para vislumbrar el futuro.

El asunto de la desigualdad entre el retorno del capital y el crecimiento económico es la expresión, ciertamente, de una contradicción fundamental que se da en el capitalismo: la contradicción entre el capital y el trabajo, y no un asunto de mera eficiencia dinámica como sostiene Sala-i-Martin, economista español que es profesor de la Columbia University de New York.

Esa desigualdad entre esas dos variables, como expresión de la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo, no debe extrañar porque es inherente a la economía capitalista; si se quiere esa contradicción es una ley del capitalismo.

Esa desigualdad puede aumentar, puede disminuir y hasta mantenerse igual, pero lo cierto es que tiende a agravarse en el contexto de la globalización y con el desarrollo de esta nueva etapa del capitalismo mundial.

Hay que aclarar, para consumo de la opinión pública, que no sólo el genio de Karl Marx escribió un libro, en tres volúmenes, con el nombre de El Capital (1867-1875), sino que el eminente Eugen Bohm Bawerk escribió un libro con el nombre de Teoría Positiva del Capital (1881-1889). Menciono esto para suscribir que no sólo por el hecho de que Piketty le llame a su libro El Capital en el Siglo XXI, su obra queda automáticamente ligada al pensamiento de Marx.

No reduzcamos, pues, ni la categoría de la Historia ni la categoría de la Economía como ciencias sociales que son eminentemente fácticas o empíricas.

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