Opinión

Hace ya casi 15 años que el mundo inició la implementación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Fue Butros Butros-Ghali, exSecretario General de las Naciones Unidas, quien propició el conjunto de diálogos y cumbres que llevaron a las sociedades a evaluar el estado de los derechos básicos de sus ciudadanos. La Declaración del Milenio y sus ocho objetivos eran y todavía son un gran reto para la mayoría de nuestros países.

Ya se acerca el plazo definido por las Naciones Unidas para alcanzar estos objetivos y cada país será objeto de un proceso de rendición de cuentas de los logros alcanzados. Ciertamente, ninguno de los países en vías de desarrollo, como el nuestro, hemos logrado alcanzar estos objetivos, aunque hemos hecho grandes avances. Una muestra es el hecho de que República Dominicana logró reducir a la mitad el hambre y la subnutrición, tal y como se plantea en el primer objetivo.

¿Qué va a pasar a partir del 2015? ¿Quedarán los Objetivos del Milenio tan solo como una buena intención de los países miembros de las Naciones Unidas? ¿Quedará cada país a cargo de continuar desarrollando su propia agenda de desarrollo?

Las Naciones Unidas han iniciado un proceso de consulta para definir las prioridades de una agenda de desarrollo más allá del 2015, que se ha denominado Agenda Post-2015. Bajo el lema “El mundo que queremos”, se ha fomentado un debate abierto sobre desarrollo, oportunidades y soluciones, un debate que como país debemos tomar en serio y ajustar a nuestra Estrategia Nacional de Desarrollo.

No debe existir una agenda gubernamental divorciada de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de la Agenda Post-2015 que se está desarrollando. Como país en vías de desarrollo, la ruta crítica de nuestras políticas públicas deben asegurar el cumplimiento de la visión de país que tenemos.

Considero que en esta nueva agenda de desarrollo en la que nos embarcaremos a partir del 2015, la sociedad civil jugará un papel estelar. En un mundo agobiado por la desigualdad y por la distribución desproporcionada de las riquezas, la labor filantrópica de aquellos que aspiran a un mundo mejor, será clave para la construcción de un mundo mejor. En ese tenor, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas afirmó recientemente que “…ciertamente las organizaciones de la sociedad civil tienen una habilidad especial para tomar mayores riesgos en la aplicación de medidas innovadoras para enfrentar los retos del desarrollo sostenible”.

Es por ello que hay que impulsar una mayor participación de la ciudadanía en la ejecución de las políticas públicas y en la construcción de la Agenda Post-2015, de manera que puedan servir al objetivo común de una mejor sociedad. Para ello, las Naciones Unidas han dispuesto un conjunto de consultas nacionales que buscan construir la posición país que llevaremos a la discusión de dicha Agenda, promover su diseño inclusivo, de manera que se logre el empoderamiento colectivo y construir una perspectiva de las prioridades nacionales y regionales.

A nuestro modo de ver, esta Agenda post-2015 debe construirse tomando en cuenta los procesos históricos que han sucedido en los últimos 15 años. Desde los ataques terroristas del 2001, que cambiaron el sistema de seguridad mundial, hasta el desarrollo tecnológico y la creación de verdaderas redes sociales en el mundo. Debe tomar en cuenta lo sucedido en la Primavera Árabe y la crisis financiera internacional, la volatilidad en los precios de los “commodities” y la acumulación desmedida de riquezas en el 1% de la población mundial.

Es una Agenda que debe construirse teniendo como norte un mundo más equitativo, donde la prosperidad se comparte y se dejan atrás las catástrofes humanas que suponen la violación de los derechos fundamentales de millones de personas en todo el globo terráqueo. La pobreza, el hambre, la desnutrición, la mortalidad materno-infantil, la destrucción del medio ambiente, la violación sistemática de los derechos de la mujer, son realidades que pesan sobre esta Agenda post-2015.

Pero a la vez, deben debatirse nuevos retos que se vislumbran en nuestro presente y futuro. La brecha digital, el uso productivo de la tecnología, la seguridad alimentaria, el acceso al agua potable, el desarrollo ético de la ciencia, el fortalecimiento de la paz mundial, entre otros temas, deben gravitar sobre esta nueva Agenda.

Es importante que todos nos integremos al desarrollo de esta Agenda, de manera que la República Dominicana pueda atender sus realidades y se integre a este esfuerzo global de construcción de una mejor sociedad.

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