Opinión

La desertificación, según los estudiosos de los fenómenos climáticos, es el proceso mediante el cual las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas se degradan a causa de los factores naturales, como las variaciones climáticas y las antropogénicas, que son las diversas acciones que realizamos y que terminan afectando el ecosistemas del planeta; Lo que es lo mismo decir, que le estamos quitando la capacidad productiva a una gran parte de la tierra.

La deforestación y la agricultura, son de las principales causa de los proceso de desertificación, la exposición de los suelos por el retiro de la cobertura boscosa y la sobre explotación de los mismos, hacen que los vientos y las lluvias retiren las capas de la tierra y terminen erosionando el suelo, hasta dejarlos en las rocas.

Desde hace décadas, el proceso de desertificación ha venido preocupando a los estudiosos de la ecología, pero, no es sino hasta el año 1994, cuando la Organización de las Naciones Unidas proclama el 17 de Junio como el Día Mundial de la Lucha Contra la Desertificación y la Sequía. En 1996 entra en vigor la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación, lo que creó el marco, legalmente vinculante de los 192 países miembros, para hacer frente a este problema que nos afecta a todos.

Son muchas las acciones que la humanidad está realizando que aceleran el proceso de desertificación de la tierra. Para darles una idea podríamos citar la fertilización con abonos químicos, la desforestación, el arado excesivo de las tierras, los cultivos en montañas de gran pendiente, la irrigación inadecuada, la demanda excesiva de agua, los cambios de uso de suelo, los incendios forestales, contaminación de los acuíferos y muchas otras cosas, están provocando que 12 millones de hectáreas se degraden anualmente, lo que equivale a 24 millones de toneladas de materia fértil y que 2000 millones de hectáreas del globo terráqueo se encuentren hoy en día en avanzado proceso de desertificación, afectando a unas 1200 millones de personas en el mundo.

La desertificación es una amenaza para los seres vivos. Se han realizado evaluaciones de desarrollo y bienestar humano que han determinado una estrecha relación entre la extensión de tierras degradadas y la calidad de vida de las personas. Los países con mayor degradación de sus tierras poseen menores servicios de sus ecosistemas y por ende sus ciudadanos obtienen bajos aprovechamiento de los rubros que vienen de la tierra.

En la República Dominicana más de cinco millones de persona sufren, directa o indirectamente, los embates de la desertificación y más de 70 por ciento de nuestro territorio se encuentra bajo la amenaza de este fenómeno mundial. Los niveles de riesgos para nuestro país son más altos que para otras naciones, ya que somos un país insular (isla) y compartimos el territorio con una nación (Haití) que posee uno de los niveles más altos de degradación, con tan solo un 2 por ciento de cobertura boscosa.

En la semana recién pasada, se celebró el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía y, en la misma semana, las autoridades del agua de nuestro país ( INDRHI y CAASD) anunciaban la racionalización del servicio del líquido, motivada por los bajos niveles de los reservorios que abastecen los sistemas de suministro; al escuchar la alerta de las instituciones, me vinieron a la mente las siguientes cosas: que uso le damos al agua, el costo del servicio, el precio que pagamos los usuarios, la conciencia ciudadana, las consecuencias al mal uso y la legislación.

En lo referente al consumo o uso del líquido, solo basta con decir que los dominicanos consumimos (en gran parte desperdiciados) 43 veces más agua que la media mundial, que ronda los 150 litros por personas, lo que resulta ser un ejercicio irresponsables del uso del agua, una baja conciencia de valor de esta, un bajo sentido de la propiedad colectiva y una prueba infalible de que la mayor parte del agua que se recibe, se pierde o es mal usada.

El costo de poner el agua en los lugares que la requerimos es alto, sobre todo en nuestro país que tenemos una matriz energética cara, una alta dependencia de los combustibles fósiles, sistemas de distribución vulnerables, falta de planificación urbana y el no retorno de los recursos a los llamados servicios ambientales, lo que debería obligarnos a racionalizar el suministro y hacer un cobro efectivo por este preciado líquido.

En cuanto al precio que pagamos los ciudadanos (los pocos que pagamos), resulta ridículo en comparación con los volúmenes de agua que recibimos y, la gran mayoría de la población que recibe el servicio no lo paga, lo que nos lleva a recordar ese refrán que reza “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”. No es verdad que los Dominicanos, ni los que más pagan, rentamos los valores que ameritan los volúmenes de agua que recibimos; muchos alegan no poder pagar el precio del servicio de agua, mas no demuestran una racionalidad en el consumo del mismo.

Los ciudadanos de países donde existen políticas y leyes fuertes, en cuanto al uso del agua, saben que al malgastar el líquido tendrán que pagar consecuencias, que van desde un alto recibo de pago, hasta penas mayores, cuando se determina que hay una violación al ordenamiento jurídico que rige ese sector; en nuestro país, el ciudadano desperdicia el agua sin temor alguno, a sabiendas de que ese comportamiento no tendrá consecuencia alguna.

Finalmente, de los temas que me llegaron a la mente está la legislación. Más de 15 años han transcurrido desde que llegó a nuestro congreso una iniciativa de ley, para tratar de reglamentar el sector agua de nuestro país y, luego de esa han llegado otras, existiendo en la actualidad 3 anteproyectos de ley, sin que hayamos logrado consensuar y votar una legislación, que vaya acorde con los requerimientos que exige un tema de vital importancia para una nación.

El título de este artículo y el contenido de sus primeros párrafos, dan a entender que el tema a tratar es la desertificación, pero luego parece cambiar y pasar a tratar una problemática de agua, esto sucede así porque una de las consecuencias de la desertificación es la sequía. Tratadistas de temas climáticos y ambientales debaten si la desertificación es fruto del cambio climático o viceversa, lo que no está en debate son las consecuencias que está generando la desertificación, las acciones que debemos evitar para detener su rápido avance y las que debemos de realizar para revertir este fenómeno que nos amenaza y sentimos en nuestro diario vivir.

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