Opinión

Ya he perdido la noción de cuántas décadas hace que oigo la misma expresión de la gente común, cada vez que el Banco Central ofrece un informe sobre el comportamiento de la economía de un periodo determinado, a partir de las variables que presente el Producto Interno Bruto (PIB).

“La economía crece, pero la cosa esta mala”, es la exclamación más común, aunque hay otras que se expresan dependiendo del estatus social o económico, la ubicación política o de acuerdo a los conocimientos que se tengan de la economía. Una buena parte, siempre orienta su crítica al Banco Central, pero lo hace por desconocimiento de la forma en que la institución reúne los datos para evaluar la economía.

El Banco Central de la República Dominicana, como lo hacen todos los Banco Centrales del mundo, mide la variación del PIB, que no es mas que el resultado de la sumatoria de toda la riqueza generada por los diferentes segmentos productivos del país, en un tiempo determinado, y que tradicionalmente se evalúa por trimestres, cada seis meses o anualmente.

Los datos utilizados para tal medición, los suministran los propios segmentos productivos que son consultados mediante encuestas nacionales, que por cierto, han sido perfeccionadas, actualizadas y modernizadas por el Banco Central, con el asesoramiento de organismos internacionales, utilizando los mismos esquemas que usan en otros países.

A los empresarios se les pregunta si han empleado o despedido personal, si han adquirido maquinarias, si han disminuido o aumentado sus ventas, si han exportado mayores cantidades o menos cantidades de las mercancías que venden en el exterior, en fin, un largo cuestionario, cuyas respuestas arrojan los datos que luego los técnicos del Banco Central cotejan, comparan y clasifican, obteniendo los resultados que luego son ofrecidos a la ciudadanía. No son un “invento” del Banco Central, son los resultados de los datos que se le ofrecen.

El problema es que la gente ignora todo esto, o sea, en que consiste medir el crecimiento de la economía. Y por el contrario, como oye hablar de crecimiento económico, la percepción o creencia del ciudadano común es de que las cosas están mejorando y él no. Desde su perspectiva y su razonamiento, es lógico que tenga toda esta confusión, ya que se trata de ciudadanos o ciudadanas que viven en un país con alto desempleo, carestía de la vida y bajos salarios, como es nuestro caso.

Pero aunque existan esas percepciones y tradicionalmente hayan estas reacciones, lo cierto es que crecimiento de la economía y bienestar colectivo van de la mano, sólo que para sentirlo el ciudadano común, ese crecimiento debe mantenerse por varios lustros consecutivos con estabilidad, sin interrupciones, y mucho menos con crisis que lo destruyen todo. Pero sobre todo, que la riqueza que genere el crecimiento, sea distribuida de manera justa y equilibrada, favoreciendo a las capas sociales de menores ingresos.

El crecimiento de la economía y la estabilidad que hemos tenido en el país en las últimas décadas, con una lamentable interrupción por la crisis del 2013, ha permitido la creación de nuevas fuentes de trabajo para millares de personas, aunque todavía no hallamos logramos reducir el desempleo de manera contundente. En este problema hay situaciones contradictorias, ya que existen alrededor de 800 mil puestos de trabajo, principalmente informales, ocupados por inmigrantes haitianos en la agricultura, la construcción, el trabajo doméstico y las ventas callejeras. También tenemos que recordar, que grandes, medianas y pequeñas obras de infraestructura pública son levantadas con los ingresos que recibe el Estado, como resultado del aumento de las recaudaciones que genera una mayor actividad comercial.

Cifras del crecimiento

Las cifras del crecimiento de la economía en los últimos años son apabullantes. El entonces presidente de la República Leonel Fernández, se refería a este tema en su discurso de presentación de sus Memorias ante la Asamblea Nacional en 2012, utilizando cifras comparativas. Indicaba Fernández en esa ocasión, que mientras para el año 2004 el Producto Interno Bruto, era de 22 mil millones de dólares, para el 2011, ya había alcanzado los 55 mil millones de dólares.

Otro dato que refería, era el relativo a la renta per cápita, para demostrar como el crecimiento se había reflejado en la gente. Señalaba en ese sentido, que en el 2004, el ingreso por persona promedió 2 mil 548 dólares, mientras que en el 2011 fue de 5 mil 406 dólares, esto es, más del doble del periodo anterior.

La tasa de desempleo había subido en el 2004 a un 19.7%, y como resultado del crecimiento económico experimentado, se redujo a 13.5%.

A la gente se le olvida que el alto nivel de carestía de la vida que hoy tenemos, viene de la crisis del 2013, cuando la inflación alcanzó un record negativo de un 65.29%. Esto quiere decir que todo fue aumentado considerablemente y nunca más ha vuelto a bajar. Lo que en diciembre del 2003 tenía un valor de RD$100.00, al estallar la crisis pasó a costar RD$165.29 en el 2004, algo que ha resultado exasperante e inaguantable para la población dominicana. Sin embargo, la inflación ha sido controlada a partir del 2004 hasta la fecha, mediante políticas monetarias efectivas, que han evitando afectar aún más a la población dominicana, principalmente a los de menores ingresos.

El país tiene que seguir creciendo, pero la riqueza generada por esa mejora económica debe llegar de manera más generosa a los de abajo, para combatir la pobreza con políticas públicas definidas y con resultados fehacientes. Ese es el gran desafío que tenemos por delante, para revertir esa casi sentencia del último informe del Banco Mundial que trata este tema, que concluyó diciéndonos: “Hay crecimiento, pero el bienestar no es compartido”.

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