Hablan los hechos

En esta serie de artículos analizaremos le evolución del liderazgo político, a partir de los cambios profundos que ha tenido la sociedad moderna en los últimos años.

Una serie de hechos han transformado las relaciones entre los seres humanos e impactado en la actividad política, sobre todo en los últimos 25 años, de modo que veremos como estas nueva situaciones, han obligado a crear liderazgos políticos diferentes a los que se desarrollaron durante todo el siglo XX.

Estos cambios tuvieron su clímax con la desaparición del bloque soviético, a partir de las políticas reformistas implementadas por Mikhail Gorvachov, que produjeron la caída de todos los gobiernos que integraban el Pacto De Varsovia y el desmembramiento de la misma Unión Soviética.

A esto se le unió la globalización del comercio, las telecomunicaciones, la era de la información y el internet, que comienzan a expandirse en la década de los noventa.

El tercer factor que analizaremos, son los cambios en la metodología, los desafíos creados para la transmisión del mensaje, y la horizontalidad a que obligan las nuevas formas de comunicación desarrolladas en la revolución tecnológica.

La lucha ideológica: marxistas contra liberales

Los cambios que se produjeron a la llegada de Mikhail Gorvachov como Primer Ministro de la Unión Soviética, denominados Glasnot (transparencia) y Perestroika (reestructuración), produjeron una serie de acontecimientos en cascada que dejaron atrás la Guerra Fría y la denominada lucha ideológica en un periodo de solo tres años.

Hasta el año 1990, el liderazgo político estaba sometido a la discusión de quienes planteaban el desarrollo de la democracia liberal como forma de gobierno o la construcción de la dictadura del proletariado.

Hasta ese momento las ideas filosóficas desarrolladas por los pensadores del siglo XVIII y XIX sobre la mejor forma de gobernar el estado-nación, creado en el siglo XVII, eran el centro de la teoría política.

La Revolución de Octubre en 1917 produjo el primer estado moderno construido sobre la base teórica planteada por los marxistas, su desarrollo como potencia mundial, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, dividió el mundo entre el expansionismo soviético y el imperialismo de los Estados Unidos.

De modo tal, que los líderes políticos tomaban partido por una u otra solución, a veces una mezcla de ambas, originándose interminables discusiones teóricas, enfrentamientos armados y guerras limitadas en diversas partes del mundo.

Las posiciones radicales eran privilegiadas a la hora de valorar a un líder político en esos años.

La influencia del pensamiento marxista, planteado como solución al subdesarrollo en la llamados países del tercer mundo, era el norma en los partidos progresistas, quienes se definían como de izquierda, todos los demás, juzgados con esta óptica maniqueísta, eran de derecha.

Una época de cambios y confusión

La caída del bloque soviético entonces, produjo un terremoto en el liderazgo político, puesto que la solución comunista quedó echada a un lado, y con ella todo un andamiaje de ideas y propuestas que habían sido objeto de discusión durante mas de un siglo.

De pronto, los partidos cuya ideología era el marxismo, quedaban enterrados por la realidad de los hechos, de un modo parecido a como la Segunda Guerra Mundial había dejado atrás al radicalismo fascista.

Los lideres de esos partidos comenzarían un proceso de transformación interna, que los llevaría a asumir las elecciones y la construcción de la democracia como propuesta en sus discursos, es decir, la solución socialista como forma de gobierno entró en crisis, desapareciendo del escenario político la mayoría de los líderes mas radicales.

De las posiciones extremas, el liderazgo político identificado con el progresismo, tuvo que migrar hacia el centro para poder sobrevivir en esta época de cambio y confusión, los que no asumieron este camino fueron tragados por la realidad.

En el año 1990 parecía que el liberalismo se imponía definitivamente frente al comunismo; los gobiernos conservadores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, habían triunfado en su confrontación con los regímenes comunistas y marxistas.

Las consecuencia de estos hechos hicieron necesaria la construcción de un nuevo liderazgo en los partidos políticos, para adaptarse a la nueva realidad que se planteaba en el mundo.

De la ideología al pragmatismo

Los conceptos abstractos sobre los que descansaba la lucha ideológica, fueron sustituidos por el pragmatismo o necesidad de que el pensamiento tuviera alguna utilidad.

Nada que no sea útil tiene razón de ser, proclamaban los pragmáticos desde finales del siglo XIX, y en la practica el liderazgo político en estos 25 años, ha tenido que sumir este camino.

La evolución de los partidos de origen marxista hacia el pragmatismo, no admitida por muchos, pero demostrable fácilmente, se produjo en un periodo muy corto de tiempo, como forma de supervivencia de sus líderes ante la nueva situación.

Los líderes políticos progresistas hoy en día, han asumido el pensamiento de los pragmáticos, cuyas ideas fueron implementadas por el gobierno de los Estados Unidos como metodología para solucionar en el largo plazo, la miseria y el desempleo que produjo la Gran Depresión de 1929.

El pragmatismo tiene su origen en las ideas de Charles Sanders Pierce, John Dewey y William James y es la primera escuela filosófica desarrollada en los Estados Unidos.

Durante los gobiernos de Franklin Delano Roosevelt, quien planteó el New Deal para sacar a ese país de la Gran Depresión, Dewey tuvo la oportunidad de implementar en las escuelas la llamada educación progresiva, la cual, basada en la sicología conductista, reflejó la filosofía del pragmatismo.

Este es el origen del progresismo estadounidense que ha sido un movimiento político de carácter renovador y liberal, que proclama la necesidad de una sociedad mas justa y democrática.

El líder pragmático del siglo XXI

Hoy en dia, los líderes políticos en los países menos desarrollados de occidente, no plantean soluciones radicales a los problemas sociales de sus países.

Antes bien, de lo que se trata es de afianzar con su liderazgo la libertad, la democracia y la justicia social.

Estas son las mismas metas que se plantearon los pragmáticos de los Estados Unidos para salir de la crisis de los años treinta.

Desde la escuelas, crearon generaciones de norteamericanos empoderados de los valores democráticos como forma de evolución de su sociedad hacia el progreso y la modernidad.

Decía John Dewey: “la escuela en antes que todo una institución social…, vida social simplificada. La educación es el método fundamental del progreso y de la acción social. La escuela es el instrumento esencial y mas eficaz de progreso y reforma social”.

Estas consideraciones históricas sin duda son la base de la transformación de una generación de líderes, que tuvieron en su momento posiciones radicales, y hoy en día son portavoces del avance de los pueblos en libertad y democracia.

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