Opinión

Para que un partido pueda gobernar con eficiencia y éxito tiene que contar con una serie de activos y valores, entre ellos, un instrumento político fuerte, vocación de poder, un proyecto de nación bien definido y un compromiso patrio e ideológico.

Estos son principios y herramientas que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha logrado articular como organización política y como partido gobernante, a lo que se une la férrea disciplina que nos legó el profesor Juan Bosch.

Los gobiernos del PLD constituyen un modelo de gobernabilidad para muchas de las naciones del hemisferio en las cuales las crisis y conflictos ya no sólo ocurren por problemas sociales y económicos, sino por asuntos de geopolítica, disputas territoriales y de carácter político e ideológico relacionados con el relevo democrático y generacional.

La República Dominicana representa un referente de gobernabilidad para otros países porque ha sido capaz de ejecutar exitosamente un modelo alternativo a los demás modelos socioeconómicos que predominaron durante el pasado siglo, algunos de los cuales aún trascienden en la actualidad.

El modelo peledeísta, que con éxito y altísima aprobación ciudadana desarrolló el expresidente Leonel Fernández y que desarrolla en la actualidad el presidente Danilo Medina, es una combinación de los elementos positivos de todos aquellos modelos que por sí sólo no han dado buenos resultados.

Se trata de un proyecto viable en desarrollo y mejoramiento continuo, fruto del compromiso partidario, que deviene de una plataforma teórica inspirada en el boschismo, la disciplina, el servicio al pueblo y el patriotismo.

Estamos convencidos que la gente no vota por el PLD sólo por su mística, sus símbolos, la disciplina, los rostros de sus dirigentes y la valoración positiva de sus ejecutorias gubernamentales, sino porque ha sido capaz de ofrecerle a la población obras tangibles, paz, estabilidad y oportunidades propias de una política inclusiva; un modelo de democracia participativa con el involucramiento de las comunidades en la solución de los problemas; acciones que incrementan la creación de empleos, la reducción de la desigualdad, la pertinencia y la calidad de la educación, entre otros.

La cultura política del PLD está apoyada en la disciplina y el amor al pueblo y a la patria. Es la cara agradable y atrayente que se opone a todo lo que significa caos, anarquía, inestabilidad, lucha grupal y frustraciones que fueron males y traumas que prevalecieron en el país durante décadas.

Los gobiernos del PLD han mantenido un compromiso sostenido con la preservación de la estabilidad microeconómica y la ejecución de políticas integrales para crear las condiciones que han producido un crecimiento económico continuo.

Con la ampliación progresiva de la cobertura y la pertenencia de los programas sociales, el incremento sustancial de la inversión en educación y salud para producir mayor justicia social, han permitido que el PLD continúe ampliando los niveles de confianza de la población en el partido, para lograr un verdadero Estado Social y Democrático de Derecho, basado en una práctica política coherente con los principios y valores que enarbola el PLD.

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