Opinión

Entre el pasado 22 y el 25 de mayo, se celebraron en la Unión Europea (UE), las elecciones del Parlamento Europeo de 2014. Producto de dicho proceso han surgido los diputados europeos que integrarán la Eurocámara, entidad colegiada que gobierna la UE, compuesta por más de 750 miembros, electos por sufragio directo. Estos nuevos diputados han de representar al conjunto de ciudadanos europeos para el período 2014 a 2019.

El inicio formal de lo que hoy conocemos como la Unión Europea tuvo su origen en 1957 cuando se firmó el Tratado de Roma, por el que se constituye la Comunidad Económica Europea (CEE) o mercado común. Muchas de las ideas básicas de esta coalición de naciones nacieron de las experiencias positivas del denominado Plan Marshall para la reconstrucción europea, que Estados Unidos llevó a cabo al finalizar el evento bélico mundial que terminó en 1945, lo cual potencializo la cooperación y colaboración entre los países partícipes.

Esto, a pesar que desde antes de la segunda guerra mundial, estadistas de la talla de Robert Schuman, Paul-Henri Spaak, Altiero Spinelli y Jean Monnet, entre otros, ya estaban esbozando los lineamientos de la íntima vinculación entre los países de la Europa continental, sus medios de producción y otras iniciativas, que permitieran que la gran debacle que representó las llamadas guerras mundiales, no se volviesen a repetir.

Las seis naciones fundadoras son Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. En enero de 1973 Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido entran a formar parte de la Unión Europea, con lo que el número de Estados miembros aumenta a nueve. Sin Embrago, el Reino Unido tuvo la particularidad de que eventualmente no se unió a la moneda común del Euro, ni adopto el tratado de libre movilidad entre los ciudadanos de los países miembros de la UE.

Es a partir de la culminación de la guerra fría cuando en noviembre de 1989 se derriba el muro de Berlín, produciéndose un vuelco político importante, que significó el inicio de la caída de la llamada cortina de hierro, esto es, la alianza de países realizada sobre el eje de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Por primera vez en 28 años, se abre la frontera entre las dos Alemanias, que pronto se funden en un solo país.

A esto le había antecedido el movimiento obrero polaco Solidaridad, nacido de las huelgas en el puerto de Gdansk, dirigidas por el bien recordado Lech Walesa y la incorporación de Grecia en 1981 como el estado décimo miembro de la UE, y cinco años más tarde, se suman España y Portugal.

Con la desaparición de la cortina de hierro en Europa central y oriental, los europeos se sienten más próximos los unos a los otros. Aquí es importante destacar las alianzas político militares entre los países europeos y Canadá y Estados Unidos de Norteamérica a partir de la creación en la post segunda guerra mundial de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, mejor conocida como OTAN. Esta entidad tuvo una rivalidad permanente con el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, mejor conocido como el Pacto de Varsovia, por la ciudad en que fue firmado, el cual fue un acuerdo de cooperación militar firmado en 1955 por los países del Bloque del Este, mejor conocido como la cortina de hierro.

Sin que necesariamente las partes lo admitiesen, muchas de las motivaciones por la cual la UE decide expandirse radica en el profundo deseo de los países vinculados a la OTAN de que naciones pertenecientes al antiguo Pacto de Varsovia volviesen políticamente hacia su estatuto anterior.

Este razonamiento se fundamenta en el hecho de que el amarre más fuerte entre esas naciones se produciría por la supuesta prosperidad que provocaría la vinculación económica financiera directa entre antiguos países de la cortina de hierro y los de la OTAN, mediante su incorporación al esquema desarrollado por la UE.

En 1993 culmina la creación del mercado único con las «cuatro libertades» de circulación: mercancías, servicios, personas y capitales. La década de los noventa es también la de dos Tratados: el de Maastricht, de 1993, y el de Amsterdam de 1999.

En 1995 ingresan en la UE tres países más, Austria, Finlandia y Suecia. Los acuerdos firmados en Schengen, pequeña localidad de Luxemburgo, permiten gradualmente al ciudadano viajar sin tener que presentar el pasaporte en las fronteras.

Luego del fatídico 11 de septiembre de 2001, el mundo vuelve a la polarización política, pero esta vez retornando a las viejas diferencias religiosas, dejando de momento las diferencias políticas y económicas atrás. En 2004 diez nuevos países ingresan en la UE, seguidos de otros dos en 2007. Tras la adhesión de Croacia, el 1 de julio de 2013, la Unión pasó a tener 28 países miembros.

Las elecciones de mayo del 2014 son las primeras elecciones tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa que introdujo cambios en la composición de la Eurocámara, concediéndole más poder al Parlamento Europeo. Ahora es esta cámara la que debe nombrar al Presidente de la Comisión Europea, a propuesta del Consejo Europeo en función de los resultados de las elecciones.

Estas elecciones se suceden en medio de las crecientes tensiones producto del desempleo y la inmigración de los países del África del Norte y la Europa occidental. En Europa se ha propagado la xenofobia y el racismo producto del desplazamiento del empleo por inmigrantes dispuestos a realizar labores semejantes a más baja paga y por los conflictos geo-políticos resultantes de los affaires vividos con la llamada crisis del Crimea, entre Rusia y Ucrania, y sus posibles subsecuentes ramificaciones.

Por igual son las primeras elecciones tras cuatro años de profunda recesión económica, sobradas muestras de indisciplina fiscal por parte de muchas de las naciones miembros y una creciente oleada seudo nacionalista, parecida a las condiciones que indujeron la última guerra mundial.

Los partidos tradicionales se han sentido fuertemente el impacto de la crisis económica y el auge del sentimiento soberano en muchos países de Europa. El Partido Popular Europeo (PPE) ha resultado ganador de estas elecciones europeas por un escaso margen de 14 escaños sobre el Partido Socialista Europeo. Sin embargo, la única línea clara ha sido el rechazo al status de la austeridad como solución a la crisis fiscal y la conducción de los partidos políticos tradicionales.

Las primeras proyecciones oficiales del voto indicaron que la APSD (socialistas demócratas) y el PPE (demócratas cristianos) controlarían juntos 470 de los 751 escaños que tendrá el próximo Parlamento Europeo, frente a los 404 que sumaban en la cámara saliente. Un porcentaje importante de los votos de los europeos se ha dirigido hacia los extremos, los que aspiran a la desvinculación política, y hacia los partidos eurófobos.

Esta tendencia, visible cada vez más en países europeos, ha llevado a la insólita situación de que en Francia el partido más votado, Frente Nacional, sea el que aboga por abandonar el euro y la unión europea. Los adeptos del Frente Nacional de Mariane Le Pen, dirigente xenófobo antieuropeo, alcanzaron la cuarta parte del total de votos emitidos en ese país, más de 4.5 millones de votos. La reacción inicial del gobierno socialista ha sido el anuncio de una reducción de impuestos, con la obvia intención de retomar las simpatías políticas pérdidas.

Adicionalmente, vemos como el socialismo español (PSOE) acepta su derrota electoral debido a que en España, donde perdieron más de dos millones y medio de votos en comparación con las elecciones del 2009, y su Secretario General, Alfredo Perez Rubalcaba decide dimitir. El partido de gobierno tampoco le fue bien que digamos, ya que también perdió más de 2 millones de votos en comparación con la elección anterior. Resultado: entre los dos partidos tradicionales, no llegaron a alcanzar siquiera el 50 por ciento del voto total en ese país.

Jean Claude Juncker, quien fuera primer ministro del pequeño estado de Luxemburgo por unos 18 años, candidato oficial de la familia conservadora a presidir la Comisión Europea, reivindicó su derecho a liderar esta institución a la vista de la victoria del Partido Popular Europeo y se espera que próximamente sea electo Presidente de la Comisión Europea, siempre y cuando Alemania, con su primer ministro Angela Merkel a la cabeza, así le conceda el voto decisivo.

Lo cierto es que los resultados de las elecciones parlamentarias europeas traen consigo confrontaciones que de seguro se encaminan hacia mayores turbulencias cuando los nuevos parlamentarios cuestionen la libertad de tránsito entre ciudadanos de países miembros consagrado en el Tratado de Schengen, o cuando se cuestione la continuidad del Euro como moneda única de los países miembros.

El resultado electoral es una evidencia incuestionable del rechazo que perciben los Europeos ante las políticas que han forjado el modelo actual, influenciado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, quienes frente al diagnóstico de altos déficits fiscales recurrentes en algunos países miembros de la UE, y a la existencia de una moneda única que limita severamente la capacidad de maniobra económica utilizando la política monetaria. Estos organismos impusieron la recesión forzosa como elemento central para la vuelta al equilibrio financiero, causando niveles extraordinarios de inflación y desempleo. Alemania, gracias a la fuerza de su estabilidad macroeconómica y política, continúa al frente del liderazgo europeo, con un enorme peso e influencia en los lineamientos y decisiones futuras.

Finalmente, estamos seguros que habrá de prevalecer la ecuanimidad negociada entre los países de Europa, aunque antes de alcanzar la misma se sucedan tormentas y confrontaciones. Lo que sí ha quedado claro como lección resultante de lo recién sucedido en las elecciones parlamentarias de la Unión Europea, es que frente a la falta de respuestas convincentes a problemas agudos como el desempleo, le inmigración descontrolada o la irresponsabilidad fiscal, la población es capaz de expresarse de maneras inverosímiles, como recién ha sucedido en Europa, lección esta que muy bien debe asimilar el liderazgo político latinoamericano.

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