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Washington, (Servicios especiales de Vanguardia del Pueblo) La foto de un niño inmigrante hondureño detenido en la frontera sur de Estados Unidos, confirma el drama que viven hoy miles de menores procedentes de México y Centroamérica que intentan llegar solos a este norteño país.

Según reportes de prensa, el caso de Alejandro, de tan solo ocho años de edad, es similar al de casi 52 mil niños interceptados desde octubre a la fecha en su tránsito hacia territorio estadounidense.

El pequeño, quien como único documento de identificación portaba una partida de nacimiento, pasó tres semanas viajando hasta alcanzar la frontera por el estado de Texas, con el objetivo de encontrar a unos parientes en San Antonio o Maryland, reseñan medios digitales.

Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas reveló que en 2013, más de 40 mil muchachos viajaron sin compañía y los estimados indican que este año la cifra podría alcanzar o incluso rebasar los 60 mil, la mayoría procedentes de México, El Salvador, Honduras y Guatemala. Desde el 2 de junio último el presidente Barack Obama admitió que constituye una situación humanitaria urgente este problema.

Los niños emigran para escapar de situaciones de violencia -incluida la derivada del narcotráfico-, abuso familiar, abandono, explotación, privaciones, matrimonios obligados y mutilación genital, advirtió en febrero una investigación de A Treacherous Journey (Un Viaje Traicionero).

El texto, preparado conjuntamente por el Centro para Estudios sobre Género y Refugiados y el grupo Kids in Need of Defense, señaló igualmente que otros menores son enviados a Estados Unidos donde se convierten en víctimas de explotación sexual o laboral.

Para Obama esta crisis significa una gota más en la ya desbordada copa de la inmigración, pues tiene sobre sus espaldas también más de un millón de deportaciones de indocumentados desde que asumió la presidencia en enero de 2009.

Por ejemplo, unos 72 mil padres con hijos nacidos en Estados Unidos fueron expulsados por el gobierno de Obama en 2013, según datos actualizados de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas.

Y este es, sin dudas, un tema clave en el debate sobre la esperada reforma migratoria, cuyos defensores instan a Obama a que tome medidas ejecutivas y de esa forma ponga fin a la separación familiar.

Las estadísticas revelan además, que del número total de los retornados hay más de 10 mil padres que no tienen antecedentes penales.

Justo este 4 de julio, Día de la Independencia, Obama aprovechó para volver sobre el dilatado asunto de la reforma migratoria integral.

Durante una ceremonia de nacionalización de militares en activo, veteranos y reservistas en la Casa Blanca, el gobernante insistió en que esta es una «nación de inmigrantes».

Por eso se comprometió, una vez más, a continuar trabajando para arreglar el actual sistema de inmigración con el propósito de hacerlo mejor y más eficiente.
Tiempo atrás el propio gobernante había expresado que tal sistema estaba roto y era necesario recomponerlo, una idea que retomó ahora.

Sin embargo, el mandatario poco ha podido hacer debido a la falta de acuerdos entre demócratas y republicanos en el Congreso, donde permanece estancado un proyecto de ley aprobado el pasado año por el Senado.

Por eso advirtió que se tendrá que «aprobar una reforma migratoria de sentido común».

De hecho, Obama anunció su disposición de actuar sin el aval del Capitolio respecto al tema migratorio, una promesa de campaña establecida por él en 2008, cuando aspiraba a la presidencia y que de concretarse beneficiaría a más de 11 millones de residentes aquí sin papeles.

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