Opinión

Defender el medioambiente es uno de los más nobles gestos que pueda realizar un ser humano. Servir de gendarme de la naturaleza, no tan solo nos dignifica, sino que nos hace individuos más sensibles y más capaces de ser condescendiente con nuestro prójimo y mejores hijos de Dios.

Es por la belleza que significa la protección de la naturaleza, la importancia que reviste el tema y la connotación que ha adquirido en las últimas décadas, que muchos han realizado un vuelco, desde diferentes disciplinas e ideologías, hacia la protección de los recursos naturales. Esto podría aparentar ser algo muy bueno, ya que mientras más personas luchen por la causa ambiental, mayor será la conservación de los recurso naturales, mas no necesariamente es así, ya que muchos que hoy salen a defender el medioambiente, han migrado de otras áreas que perdieron vigencia, lo hacen en busca de notoriedad o simplemente por defensa de los intereses económicos o políticos.

Esa lucha, interesada en otros aspectos que no son la defensa de los recursos naturales, está haciendo que una causa tan noble caiga en el descrédito y genere un desinterés de los ciudadanos, hasta el punto de que hoy muchos han desarrollado un interés por la propiedad individual, en desmedro del interés por la propiedad colectiva.

Son muchos los casos de aparentes luchas ambientales, que su real sustento es el interés económico, la búsqueda del aplauso, la defensa del voto o la política partidaria, donde vemos políticos que hacen declaraciones sobre su posición hoy, ante un tema ambiental, y mañana cambian de opinión, por entender que la postura inicial les genera menos simpatía que la otra; dejando a un lado el verdadero interés de la nación.

A diario vemos a luchadores por el medioambiente, que ante un medio de comunicación presentan una postura muy ecológica, pero en su diario vivir van dejando una gran huella en la naturaleza, con practicas dañinas desde sus hogares, hasta sus medios de producción; estos son los HIPOCRITAS VERDES.

Mezclar la defensa del medioambiente y la politiquería barata es lo peor que le puede pasar a nuestros recursos naturales. Con esto no queremos decir que la actividad política sea mala o que no deba intervenir en la defensa por el medioambiente; a lo que nos referimos son a esas prácticas malsanas que han desarrollado algunos grupos “ambientalistas” que lo que buscan es un espacio donde poder lucir bienhechor; ¿Y que mejor forma que la de defender el ambiente?

Si de corazón se quiere defender el medioambiente, sé que hay muchos que si lo sienten, vayamos a los puntos donde el nos necesita, que no son precisamente las avenidas, las iglesias, los medios de comunicación u otros lugares que lo que dan es notoriedad a personas. Vayamos a nuestros parques nacionales, como el de Los Haitises, hoy opacado por la lucha, no por el medio ambiente, sino en contra de una minera. Este espacio se encuentra muy agredido por pobres padres de familias (PPF). O los parques de la cordillera central, centro de disputas a favor o en contra de una carretera como la Cibao-Sur, más pocos se ocupan de los incendios provocados con fines agrícolas, con altos niveles de intervención humana.

Invito a los amantes de la naturaleza a que rechacemos a los politiqueros, que con supuestas luchas y poses intentan sacar provecho del medioambiente. Digámosle que no esos que disfrazan sus luchas de ambientales, para lograr provecho económico. Vamos a luchar por las áreas protegidas, no necesariamente para la creación de nuevas sino para que las que tenemos puedan conservar sus categorías, que por las agresiones a que están sometidas podrían perderlas.

Luchemos para generar conciencia, para que no sigamos siendo uno de los países con mayor consumo per cápita de agua, por parar los vertidos de aguas contaminadas a nuestros ríos, por las miles de tareas de tierra sometidas a procesos de desertificación; llevemos adelante una verdadera revolución ecológica, descontaminada de la politiquería.

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