Opinión

La literatura sobre Desarrollo Económico, les ha permitido a los economistas conocer las teorías de la dependencia, del desarrollo y subdesarrollo, el intercambio desigual, los planteamientos del no pago de la deuda externa, la superación del subdesarrollo y la pobreza. Ese ha sido el legado de autores como André Gunder Frank, Gurnar Myrdal, Enzo Faletto, Enrique Cardoso, Inghiri Emmanuel, Ernest Mandell, Fidel Castro, Osvaldo Sunkel, Pedro Paz y Colín Clark, lo cual ha permite analizar e interpretar los diferentes procesos que ha transitado la economía.

Este vínculo de la literatura económica con la realidad de nuestros países ha permitido conocer el desarrollo económico y social de los mismos, es así como que sabemos que Brasil es el primer productor mundial de más de 10 productos agrícolas más importante del mundo, que dispone de una moderna y competitiva agroindustria y que cuenta con el mayor volumen de ganado comercial del mundo. Esa dinámica económica ha colocado a Brasil como la principal economía de América Latina, o si se quiere la segunda del continente después de USA, pero la séptima economía del mundo, con una respetada influencia política dentro de los países emergentes, dada la estabilidad y seriedad de sus políticas económicas y financieras, así como con los programas de reducción de la pobreza y la desigualdad social.

A pesar de los logros alcanzados, en Brasil persiste una desigualdad regional muy clara y espacios geográficos de mucha pobreza, el cual se observa con una comparación entre el Amazonas con las demás regiones del país. Pero se trata de una nación con 200 millones de habitantes, una deuda global de 312 mil millones de dólares, el 69% del PIB, y que ha logrado sacar de la pobreza más de 25 millones de personas, aunque aún existen 50 millones de personas que están en la línea de la pobreza, en tanto, la exigente clase media se ha colocado en un 53%.

Múltiples han sido los esfuerzos de Brasil para transformar la realidad socioeconómica que atraviesa, a pesar de tener una presión tributaria de un 34%, sin embargo los efectos de la crisis mundial 2007-2009 han frenado el crecimiento económico. Un elemento catalizador para enfrentar las adversidades económicas fue cuando en el 2007 se dio a conocer que Brasil sería la sede del Mundial de Futbol 2014, en lo inmediato el 79% de la población brasileña había abrazado con gran entusiasmo, pero al pasar el tiempo comenzaron los disgustos por los recortes al presupuesto de salud, educación, transporte, por lo que solo el 48% de la población termino apoyando el mundial.

Desde los mundiales de Francia 1998 y Alemania 2006, los economistas han dedicado grandes esfuerzos para cuantificar los efectos económicos de los denominados “grandes eventos” y medir el impacto de estos en la economía, llegando a la conclusión de que “el principal impacto a corto plazo del Mundial es un estado de satisfacción popular, pero que no tiene vínculo con el desarrollo económico”, pero con una ganancia evidente para el organizador.

En efecto, los datos de la revista Forbes señalan que el Mundial de Brasil reportó a la FIFA unos 4.000 millones de dólares, de los cuales 2,4 mil millones, resultan de la venta de los derechos televisivos, 1,7 mil millones de dólares, de la venta de derechos de comercialización, 1,35 mil millones, de los diferentes patrocinadores. En cuanto al turismo se ha cuantificado el ingreso de más de 600,000 turistas, y una generación de 11,000 millones de dólares, con una creación de empleo alrededor de 10 millones de personas, o sea,3.63 millones de nuevos empleos por año.

Los sectores más beneficiados del mundial en la economía brasileña han sido telecomunicaciones por un monto de US$138 millones, transportes con una red vial en 4,344 kilómetros y una inversión de cerca de US$640 millones, los aeropuertos US$540 millones, los estadios con una inversión de US$2,500 millones y publicidad con una inversión global de US$2,900. Las compañías Adidas y Nike han revelado ventas de sus productos para fútbol de US$ 2,700 millones, con una venta de más de 8 millones de camisetas durante esta copa del mundo.

A nivel global, los gastos totales de los turistas internacionales realizados con productos de la tarjeta Visa durante el período del 12 al 26 de junio, alcanzaron los US$ 188 millones, y en un solo día los turistas gastaron US$ 17.4 millones. Pero además, durante los cuatro días de apertura de la copa los visitantes internacionales gastaron más de US$ 27 millones con sus tarjetas Visas, en tanto que los viajeros provenientes de 10 países conformaron el 65% del gasto total en Brasil, sobresaliendo EE.UU, Reino Unido, Australia, Colombia y México. Estos gastos superan los 14 mil millones de dólares, que le ha costado este evento a Brasil, cuyo impacto en la economía brasileña, 2010-2014, alcanzó un monto de 64,000 millones de dólares, contribuyendo con 0.4 del PIB. Pues como ha sostenido la presidenta Dilma Rouseff, «la Copa del Mundo no es sólo gasto, sino que también aporta ingresos al país, inyecta miles de millones a la economía, crea empleos y genera negocio». Y este es el mejor gol.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas