Opinión

La naturaleza esencial del cine pasa por unos términos temporales reducidos pero de una enormidad expresiva, como lo decía el maestro Fernando Birri, es la utopía del ojo y la oreja, y los iniciadores del gran sueño de celuloide, los hermanos Louis y auguste Lumiere, escogieron los cortos para dar nacimiento a esta gran aventura audiovisual.

Una gran parte del empuje inicial en del celuloide fue corta, desde la magia de George Melies hasta las imágenes iconoclastas del gran maestro de calanda, Luis Buñuel, asentadas en el onirismo desbordado de Salvador Dali en su perro andaluz (1929).

Las cotas expresivas alcanzadas por estos diminutos fragmentos de arte fílmico están a la par o en muchos casos, muy por encima de obras de mayor duración aunque de mucho menos aliento estético.

La elección del camino en corto tiene entonces una base histórica muy solida que se continúa por la decisión de cineastas muy comprometidos con un discurso y una estética de un género que pertenece al ADN de este arte inmortal.

Los cortometrajistas son una raza que busca verdades condensadas, imágenes de un espejo que nos devuelve multiplicada la identidad popular de un mundo que camina demasiado deprisa y que fogocita la realidad sin inmutarse.

Cuando revisamos las carreras laureadas de grandes del corto como el cubano Santiago Álvarez y del canadiense Norman Mclaren, genio de la animación, con obras como Now (1965) de alvarez y Pax de Deux (1968) de Mclaren, que son experiencias de gran calado estético, concluimos que aunque parten de realidades diferentes están unidos por la militancia de la brevedad.

En nuestro país, la supervivencia del cine se debe a esta tozudez genética de los realizadores de cortometrajes, porque cuando no se hacían largometrajes, el corto luchaba y sobrevivía a base de esfuerzos denotados de estos modernos quijotes tropicales.

La permanencia de este proceso en el tiempo se ha visto recompensa en estos días abundancia de concursos, de muestras y la ampliación, en cantidad y calidad, de los espectadores que demandan por las mas diversas vías, sobre todo lo digital, de mas historia.

Algunos de estos eventos dedicados al corto son las Mujeres en Corto, Festival del Minuto, Corto Global, Festival de Cortos UASD, Premios Globo Verde y otras más que contribuyen a dar visibilidad, a generar formas de financiación u otorgar facilidades para la realización.

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Estos esfuerzos colectivos para realización de cortos son apoyados por la DGCINE en su versión de apoyos en la filmación, y ayudas a la producción que deben inventarse para producir un crecimiento sostenido en la cantidad y calidad.

Uno de mis ejemplos favoritos en la concreción visual y actoral, Los Abejones, con el guion modélico de Joel Marte Torres ganador del minuto de la resistencia, que debe estar en el top ten de trabajos audiovisuales en este país, y recomiendo su visionado para disfrutar de un ejemplo fílmico de altos quilates.

Que nos quiere decir esto?, pues simplemente que existe mucho talento que espera ser ayudado, no solo por las instituciones oficiales, sino del sector privado que se beneficiaria de esta cartera de talentos, sea para seguir realizando cortometrajes o dando el salto al largo con la consabida renovación generacional tan necesaria.

No pasa un día sin que se anuncie la exhibición de estas breves piezas cubriendo una variedad de temas, y con un nivel en muchos casos por encima del promedio de calidad en sus pares de mayor duración.

Los premios y los reconocimientos internacionales ponen en su justo lugar a nuestros realizadores, el ultimo con el corto producido en argentina, inspirado en el poema “Enma, la noche, el mar y su maithuna”, de la reconocida poeta Martha Rivera- Garrido, el premio al micro-documental que otorgo la fundación We are Water al trabajo “Saneamiento- sanitation” dirigido por María Victoria Hernández por crear una cultura del agua. Y la selección de 5 minutos atrás de Reyvin Jaquez Grullon para el XI Festival internacional de cortometrajes de Fenasco en Perú.

Estamos en la antesala, o más bien, asistimos a una verdadera revolución que se desarrolla ante nuestros ojos, con una base tecnológica afincada en las nuevas tecnologías digitales que ponen en las manos de estos jóvenes las herramientas necesarias para cambiar de una vez por todo nuestro panorama audiovisual.

Los pasos siguientes y muy necesarios van en la dirección de crear un mecanismo ágil de colocación de estos cortos en los mercados internacionales y en las instituciones educativas dominicanas creando una doble palanca afincada en una sustentabilidad financiera con lazos en la distribución alrededor del mundo y el desarrollo de los espectadores nacionales que sirvan de base permanente a esta generación de cortometrajistas.

Llenar las pantallas de nuestras salas de cine de cortos en sus diferentes temáticas, al igual que la red, es la obligación de los realizadores de los cortos, la nuestra es asegurar que no se queden sin ser vistos.

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